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El espíritu emprendedor y la equidad

Siguen abundando los estorbos, que restan mucha fuerza al dinamismo de ese espíritu empresarial, sobre todo en las ciudades menores y en el campo.

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agosto 29 de 2016
2016-08-29 08:44 a.m.
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El próximo jueves primero de septiembre, se llevará a cabo en Bogotá el foro 'Crecimiento y equidad - El desarrollo y el verdadero significado de la libertad', para conmemorar los diez años del fallecimiento de ese gran líder que fue Don Hernán Echavarría Olózaga. El conferencista principal de este importante evento será el profesor Angus Deaton, premio nobel de Economía en el 2015.

Los organizadores de este interesante encuentro, al que asistirá medio millar de empresarios, académicos y funcionarios del alto gobierno, encabezados por el presidente Santos, son el Instituto de Ciencia Política, la Fundación Hernán Echavarría Olózaga y el Colegio de Estudios Superiores de Administración - Cesa.

Es muy oportuno este foro porque suministrará valiosos insumos para enriquecer la indispensable discusión sobre cómo puede Colombia responder mejor a los grandes desafíos sociales, políticos y económicos del posconflicto. En esa línea, comparto a continuación un par de ejemplos de ideas -del nobel Deaton y de Don Hernán- que, a mi juicio, deben ser tenidas en cuenta a la hora de diseñar estrategias eficaces para crear el nuevo país, cuyo amanecer está haciendo posible el histórico acuerdo de paz con las Farc (ojalá complementado pronto con un pacto con el Eln):

Escribió Echavarría Olózaga: "Una de las riquezas más grandes de un país es el espíritu empresarial de sus habitantes, el querer hacer, el querer producir. El deseo de participar en el ajetreo diario de la producción de aquellas cosas que la comunidad necesita para poder gozar de un alto nivel de vida? Ese espíritu se crea incentivando a la población con potencial empresarial. No estorbando su labor, sino haciéndola más fácil".

En Colombia existe dicho potencial emprendedor, así lo confirman varias investigaciones que ubican a Perú y a nuestra nación como líderes en esta materia no solo en América Latina, sino de todo el mundo en desarrollo. Pero siguen abundando los estorbos -de diversa índole- que restan mucha fuerza al dinamismo de ese espíritu empresarial, sobre todo en las ciudades menores y en el campo.

Los empleos, las exportaciones, la sustitución de importaciones y los recaudos tributarios que se necesitarán, más que nunca, para aclimatar la paz estable y duradera con la que todos soñamos solo serán posibles si se eliminan o, al menos, se reducen, cuanto antes y de manera sustancial, los lastres que frenan el pleno auge del emprendimiento.

Comparto ahora una crucial reflexión del profesor Deaton, consignada en su estupendo libro, titulado El gran escape (editado por el Fondo de Cultura Económica):

"En ocasiones, la desigualdad difunde el crecimiento, si es que muestra a otros la manera en que pueden beneficiarse de las nuevas oportunidades. Pero también puede cortar de raíz la mejora material y hasta amenazar con extinguirla totalmente. La desigualdad puede inspirar o incentivar a quienes se han quedado atrás a ponerse al corriente, generando mejoras para ellos y para otros, pero igualmente puede convertirse en algo tan severo, y las ganancias pueden concentrarse en las manos de tan pocos, que el crecimiento se ve aniquilado y el funcionamiento de la economía comprometido".

En el caso colombiano, lamentablemente, dicha inequidad es tan severa -una de las diez peores del planeta, como lo evidencia nuestro coeficiente de Gini- que nos sucede lo que pronostica el Nobel: logramos apenas un crecimiento económico débil y frágil. Que es insuficiente frente al ritmo requerido para erradicar la miseria, reducir la pobreza y mejorar significativamente el nivel de bienestar colectivo. Por ello, la lucha contra la desigualdad tendrá que seguir ocupando un lugar prioritario en los objetivos no solo de este y de los gobiernos sucesivos, sino de toda la sociedad.

Mauricio Rodríguez Múnera
Director de Líderes RCN

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