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El gran ciudadano

Uso de cargos para fines perversos, la politización de la justicia y los órganos de control, han degradado un oficio que debería ser referente social.

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septiembre 15 de 2016
2016-09-15 08:41 p.m.
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Hace unos días visité a Andrés Camargo en el lugar donde está recluido. Quiso compartir conmigo uno de sus principales objetivos vitales: lograr que sus hijos no crecieran con resentimiento hacia su país y las circunstancias injustas por las cuales fue condenado a cinco años de prisión, con ocasión de su paso como director del IDU.

Me contó, que su hija de 12 años le escribió una carta en la cual le dice que debería volver a ser empleado público, para reivindicar su vocación de servicio y honestidad. Camargo señalaba, con orgullo genuino de padre, que con las palabras de su hija sentía haber logrado su objetivo, y ello le daba mucha tranquilidad interior.

La generosa conversación de Camargo llegó justo en un momento en el que estoy leyendo acerca de un personaje con profundo sentido de responsabilidad para con su país y quienes tienen menos oportunidades. Se trata de Carlos Sanz de Santamaría (1905 - 1992).

Algunas de las cosas que me he encontrado las relato a continuación. En 1993, Alfonso López Michelsen publicó un libro de breves ensayos sobre colombianos ilustres, titulado Grandes compatriotas. En esa lista incluyó a Sanz de Santamaría, a quien le concedió el nombre de ‘El Gran Ciudadano’, rememorando a Miguel Samper Agudelo, a quien se honró a finales del siglo XIX de igual manera.

López señalaba cómo Sanz de Santamaría había desempeñado los principales cargos y responsabilidades políticas, así como empresariales, siempre con profundo sentido de servicio y sensibilidad social.

En sus propias palabras, Sanz de Santamaría relata que aprendió de sus progenitores “las obligaciones cívicas que todo ciudadano debe cumplir con su patria, con su ciudad, con la sociedad en que vive”. Cuando Alfonso López Pumarejo le ofreció nombrarlo alcalde de Bogotá en 1942, su padre le señaló con vehemencia que la obligación de “todo colombiano que fuera llamado por el gobierno legítimo a ocupar un cargo de responsabilidad era atenderlo. Y si no lograba responder a cabalidad, debía renunciar sin vacilación”.

En los años siguientes, Sanz de Santamaría fue ministro de Hacienda en dos ocasiones, ministro de Guerra, canciller, embajador, exitoso ingeniero y empresario, cofundador de Caracol Radio y presidente de Cementos Samper.

Cuando López hijo llega a la presidencia en 1974, se encuentra un caos administrativo y señales de evidente corrupción en la Aeronáutica Civil, en donde se otorgaban licencias de vuelos sin control y las mafias del narcotráfico empezaban a infiltrar las instituciones. Por esa razón, acude a Sanz de Santamaría, quien no dudó en aceptar y se entregó por completo a la reestructuración de la entidad, en un cargo considerado socialmente de menor nivel a los ya ejercidos por él.

Quizás, la principal razón que llevó a López a darle tal reconocimiento en su libro fue el que alguien con más de 70 años y que ocupó tales cargos con anterioridad, hubiera aceptado sin reparos.

¡Hay lecciones que refrescan! Los casos recurrentes de uso de cargos para fines perversos, la politización de la justicia y los órganos de control, han degradado un oficio que debería ser referente social. Estas anécdotas me hicieron pensar en la necesidad de reivindicar el sentido del servicio público. No hay Estado viable sin esa reivindicación.

Jaime Bermúdez
Excanciller de Colombia
jaimebermu@gmail.com

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