Otros Columnistas
análisis

El nuevo Nafta

El USTR quiere renegociar las reglas de origen para que preferencias arancelarias se otorguen a productos realmente hechos en EE.UU. y Norteamérica.

Otros Columnistas
Opinión
POR:
Otros Columnistas
julio 23 de 2017
2017-07-23 10:19 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

La Oficina del Representante de Comercio (USTR), el órgano encargado de realizar las negociaciones comerciales de Estados Unidos, acaba de publicar los objetivos que se propone alcanzar en la negociación con México y el Canadá para modernizar el Nafta.

Los cambios en el mundo del comercio surgidos desde la entrada en vigor del Nafta hace 23 años justifican su modernización. Lo más sobresaliente ha sido el renacer del dragón chino, que no figuraba en las estadísticas comerciales de entonces y que hoy es el líder mundial del comercio. La era digital era incipiente y el internet no existía.

El Nafta ha dado lugar a un entramado de cadenas de suministro a través de sus fronteras que se ha traducido en un enorme flujo de comercio: US$2,6 billones diarios.
Pero el diagnóstico del USTR es que desde que entró en vigor el Nafta el déficit comercial de EE. UU. se disparó, miles de fábricas han cerrado, millones de estadounidenses han quedado desamparados y ha sido un desangre para la clase obrera.

El objetivo de negociación que se ha fijado el USTR es “mejorar la balanza comercial de Estados Unidos y reducir el déficit comercial con los países Nafta”. Este refleja el pensamiento del presidente Trump sobre comercio justo: aquel en el cual el comercio bilateral es unas veces superavitario y otras veces deficitario.

Aunque el déficit comercial de EE. UU. con el Nafta es grande, las estadísticas comerciales no reflejan el hecho de que, por ejemplo, en promedio, las exportaciones mexicanas tienen un contenido estadounidense de cerca del 40%.

Durante las audiencias públicas celebradas por el USTR hubo muchas quejas relacionadas con las reglas de origen, en particular por el uso de insumos chinos y de otras economías emergentes para la fabricación de productos que luego se benefician de la eliminación de aranceles dentro de los países Nafta.

El USTR quiere, por tanto, renegociar las reglas de origen, haciéndolas más rigurosas, para garantizar que las preferencias arancelarias se otorguen a los productos genuinamente fabricados en Estados Unidos y Norteamérica.

El presidente Trump, en sus diatribas contra el Nafta, ha expresado que el mecanismo de solución de diferencias es “bad, too bad”. Estados Unidos siempre pierde, dice.
Por tanto, el USTR va a exigir la eliminación del mecanismo de solución de diferencias para las disputas en materia de medidas antidumping (los recargos arancelarios establecidos cuando los precios de exportación son menores que los precios del país exportador).

Este es un cambio mayúsculo porque Estados Unidos utiliza un método de cálculo que está prohibido por la OMC (método de reducción a cero), cuya aplicación tiende a dar resultados de dumping cuando el uso de los métodos permitidos no arrojan esta práctica, y recargos arancelarios compensatorios más elevados cuando efectivamente la hay. Para anclar la utilización de este método, exigirá que Canadá y México acepten la legislación de Estados Unidos en esa materia (America First).

Los TLC están diseñados para aumentar la competitividad de las partes a través de la especialización que resulta con la eliminación de los aranceles. Por ello, prohíben la adopción de medidas de salvaguardia (adopción temporal de aranceles) para proteger a una industria afectada por el libre comercio.

Estados Unidos exigirá que el nuevo Nafta permita la adopción de medidas de salvaguardia.

La relación entre comercio y empleo es una cuestión que desafía el sentido común. En las audiencias públicas se acusó a la economía mexicana de competencia desleal porque sus salarios son más bajos que en Estados Unidos, desplazando mano de obra con exportaciones baratas. La realidad económica es que EE. UU. tiene el mayor déficit comercial del mundo y a la vez es una economía con pleno empleo.

Habrá un capítulo laboral que no reducirá la brecha salarial, la cual se origina por las diferencias en la productividad laboral.

Los humanos estamos acabando con el recurso marino. A pesar de que Estados Unidos renunció al Acuerdo sobre cambio climático, habrá un capítulo ambiental que, entre otras cosas, prohibirá la pesca no reglamentada y los subsidios a ese renglón económico.

No obstante lo que diga el USTR, los TLC son mecanismos para incrementar el flujo comercial en ambas direcciones y no un instrumento para convertir déficits comerciales en superávits comerciales.


Diego Prieto Uribe
Experto en comercio exterior

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado