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El riesgo Trump

Es claro que la incertidumbre por el resquebrajamiento de las reglas de juego van a significar una prolongación del estancamiento en su interacción.

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febrero 07 de 2017
2017-02-07 07:38 p.m.
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En tan solo una semana el nuevo Presidente ha desatado tal perturbación de los arreglos institucionales y diplomáticos, que no es exagerado pensar en guerras no solo comerciales, sino también efectivamente militares como consecuencia de que su narcisismo omnipotente no reconoce límites. La agenda es antiObama: antiObama Care, antirregulación financiera (Dodd-Ffrank, fiduciary rule), antiacuerdo nuclear con Irán. Y considerar lo monumental de estos logros fundamentales de Obama da una idea de lo catastrófico que puede resultar su reversión por Trump.

Es aterrador que la ideología neoliberal populista del ‘Trump team’, lo cieguen a la evidencia: ¿ya olvidaron los costos de la crisis financiera tanto fiscales como en ingresos, empleo y pérdida de sus activos para multitud de familias; ya olvidaron la torpeza de haber invadido a Irak sin un entendimiento mínimo del conflicto shiita-sunita, que hacia inverosímil una alianza Hussein-Bin Laden, y los costos fiscales y humanos, en términos de vidas americanas, y el hecatómbico costo para Irak de su destrucción, así como y los millones de muertos, heridos y refugiados, y el caos que desató en la región?

Solo una mezcla de ignorancia y deshonestidad puede llevar a un equipo de gobierno a desconocer que el proceso de financialización llevó a la crisis, y la consiguiente necesidad de ponerle freno regulatorio a la banca de riesgo y a los abusos con los ahorros del público en maniobras de financistas.

Es la misma ignorancia que se refleja en tres aspectos, también críticos: las relaciones con México y el respeto a los acuerdos comerciales, cuyo desbarajuste afectará especialmente al consumidor americano; el veto al ingreso de mahometanos y refugiados, que, además de deshonesto (concentrarse en los países donde Trump no tiene inversiones, y que no han producido terroristas, como sí Arabia Saudí, incluidos los de 9/11) e inconstitucional, es contraproducente para la seguridad de los americanos, y por últmo, el manejo del problema Israel-Irán, en lo cual Trump se une al fanático sionista Netanyahu en una aventura de consecuencias hecatómbicas contra Irán, nuevamente ignorando (como Bush) el ABC del islam (que significará que la guerra se extenderá por todo el Medio Oriente, donde el ataque será contra todo el mundo shihita, el contrapeso fundamental de Isis).

Pero es en el elemento de deshonestidad que radica una novedad fundamental de consecuencias trascendentales para los medios, los flujos de información y el estatuto ético del lenguaje. Simultáneamente, con el gobierno reality show tweeting, el ‘Trump team’ ha introducido una realidad paralela de ‘hechos alternativos’, en la cual, especialmente, el secretario Spicer habita. Este elemento de deshonestidad y fabricación de verdad se combina con los niveles de capital humano y social (información, criterio, madurez política) de los americanos, marginados por la globalización para producir el fenómeno Trump: la mitad de la población de la nación más poderosa del mundo le cree a Trump y está de acuerdo con él, este es el verdadero hecho aterrador. A Trump se lo puede acusar de ignorante, deshonesto, patán, pero no de falta de lealtad con su electorado: él fue elegido por ese grupo social porque sus promesas electorales, tan descabelladas y destructivas para una persona con entendimiento, expresan las frustraciones y las esperanzas de quienes han encontrado como vacías las promesas de economistas y políticos neoliberales, como otro grupo de economistas (Rodrik, Sitiglitz, Ocampo) veníamos previendo en los excesos y desequilibrios de la globalización (sin complemento regulatorio adecuado para compensar su dinámica de concentración/exclusión).

Analizando el estado de la economía internacional, había destacado a Trump como uno de los ingredientes del riesgo y la incertidumbre que, dado el prolongado estancamiento de la economía mundial, pueden dar al traste con la incipiente recuperación que está teniendo lugar en las Américas, dado el atrapamiento de la Unión Europea, y Japón en la depresión, causada por la crisis, para cuya repetición, el Trump team quiere recrear sus condiciones. Habiendo resultado que Trump es peor que la peor de las previsiones, es claro que la incertidumbre y el temor al resquebrajamiento de las reglas de juego (comerciales, políticas, ambientales) van a significar una prolongación del estancamiento en su interacción, con razones de largo plazo: estancamiento de la inversión y la productividad (la primera condición de la segunda y extremadamente sensible a la incertidumbre); los ciclos descendentes de China y de los precios de los productos primarios, y la inequidad y el jobless growth, ambos agravados por el cambio técnico por digitalización/robotización de las 3ª/4ª revoluciones industriales.

Lo triste es que esta inequidad, a pesar de la retórica de Trump contra Wall Street y las multinacionales, no se va a aliviar: primero porque los experimentos populistas terminan con su disrupción de la actividad económica y comercial, siendo especialmente costosos para los pobres (sin defensas en una crisis); y segundo, porque esa retórica es engañosa, como lo muestra el ataque de Trump contra Dodd-Frank, recreando las condiciones para los abusos de los financistas, cuyas consecuencias tienen todavía a la economía mundial postrada.

Ricardo Chica
Consultor en desarrollo económico.

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