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El votante mediano en Colombia

Lo que tenemos que hacer nosotros, los electores, es entender cómo toman los políticos sus decisiones.

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septiembre 05 de 2017
2017-09-05 09:04 p.m.
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El teorema del votante mediano es un resultado en economía y ciencia política que sugiere que dos partidos políticos convergerán en sus promesas políticas, promoviendo aquella que más le gusta al elector mediano; aquel donde la mitad de los votantes prefieren una política más ‘a la izquierda’ y la otra mitad una más ‘hacia la derecha’ de la que él prefiere. La intuición es que aquel partido que elija una política más cercana a la que prefiere el votante mediano se llevará la mayoría de los votos, pues más de la mitad de los votantes encontrarán esa política más cercana a sus intereses. ¿Qué nos puede enseñar este teorema sobre la forma de hacer política en Colombia?

Tal vez el hecho reciente más notorio que puede interpretarse a través de este teorema fue lo sucedido en las anteriores elecciones presidenciales del 2014. Allí vimos un cambio de discurso del entonces candidato Óscar Iván Zuluaga, que en primera vuelta sostenía estar en contra del proceso de paz; mientras en la segunda vuelta suavizó su postura y manifestó estar a favor, pero no en esas condiciones. ¿Por qué ese cambio de discurso? Porque el votante mediano colombiano de ese entonces estaba a favor de terminar la guerra mediante un proceso de paz. Ya no era el votante mediano del 2002, cansado del dominio innegable de las Farc en varias zonas del país y con el temor de ser secuestrado cada vez que quería salir de viaje.

¿Pero, entonces, qué pasó con el referendo para aprobar el acuerdo de paz? Este fue el mecanismo elegido por el presidente Santos para refrendar el acuerdo porque estaba convencido de que el votante mediano, aquel que lo eligió en el 2014, lo aprobaría. No fue así, el votante mediano de las presidenciales fue distinto al del referendo. Por un lado, la abstención fue menospreciada. Primero, muchos a favor del referendo daban por hecho que este se aprobaría y no asumieron el costo de salir a votar. Segundo, las maquinarias políticas, particularmente de la Costa, tampoco ayudaron a disminuir dicho costo al no proveer la infraestructura necesaria de transporte que sí proporcionan durante las elecciones presidenciales y parlamentarias. Por otro lado, aunque el votante mediano quisiera un proceso de paz, no necesariamente estaba conforme con el acuerdo negociado. Estos resultados disímiles entre las presidenciales y el referendo, también nos recuerda un episodio similar que le pasó a Uribe en su momento, cuando, luego de arrollar en las presidenciales, intentó un muy fracasado referendo.

¿Y por qué proliferan los intentos de revocatorias en las elecciones locales? El resultado del elector mediano funciona cuando un votante debe elegir entre dos alternativas que pueden ordenarse en un espectro de izquierda a derecha. Por eso tiene implicaciones en una segunda vuelta. Sin embargo, en votaciones locales, en las cuales no hay una segunda vuelta y existen más de dos candidatos fuertes, no siempre gana el candidato preferido del votante mediano. Por eso las solicitudes de revocatoria (¡107 de las anteriores elecciones!) comienzan a tomar fuerza poco tiempo después de la elección, cuando el funcionario elegido ni siquiera ha comenzado a gobernar. Si bien el argumento en contra de las segundas vueltas es el alto costo de organizarlas, también es cierto que las revocatorias exitosas generarían un costo aún mayor. El teorema del votante mediano nos diría, entonces, que valdría la pena considerar una segunda vuelta para evitar la falta de gobernabilidad a nivel local.

Obviamente esta no es la única explicación a las revocatorias. El descontento de la ciudadanía puede darse también por promesas rotas hechas por los candidatos. Un aspirante puede promover como plataforma política aquella preferida por el votante mediano para asegurarse una victoria, y luego incumplirla. Sucedió, por ejemplo, con la promesa del presidente Santos de no aumentar impuestos en su carrera por la presidencia en el 2010. Mockus, su adversario en ese momento, fue transparente al decir que seguramente habría que hacer una reforma tributaria para reducir el déficit. Santos, muy probablemente consciente que esta también era necesaria, dijo lo que quería escuchar el votante mediano: no más impuestos, para luego subirlos cuando ya no podía ser castigado por sus electores.

Como ven, la simplicidad del teorema del votante mediano es capaz de explicar varios hechos recientes de la política colombiana (y otros más lejanos que no tenemos espacio de analizar). Seguramente, los políticos siempre lo han aplicado para tomar decisiones. Seguramente, identificaron que la corrupción es el nuevo tema que le interesa al votante mediano y por esto muchos de ellos están definiendo su candidatura alrededor de este tema. Lo que tenemos que hacer nosotros, los electores, es entender cómo toman los políticos sus decisiones, saber qué tan creíble es lo que proponen y cómo debemos diseñar los mecanismos para balancear el interés estratégico de los políticos.

Andrés Zambrano
Profesor Asistente, Facultad de Economía, Universidad de los Andes.

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