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‘Felicipaz’, un término que vale la pena poner de moda

La verdadera paz se logra a través de la felicidad y resulta buena idea hacer esfuerzos por vivir satisfactoriamente.

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junio 27 de 2016
2016-06-27 08:00 p.m.
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Mucho se ha escrito y hablado del tema de la felicidad. La diferencia es que gracias a los avances de las últimas décadas de la tecnología, la neurología, la biología y la sicología principalmente, hoy en día ya no es un tema subjetivo, religioso o esotérico, sino que cada vez tenemos más evidencias científicas de lo que pasa en el cuerpo y la mente de un ser humano, desde el punto de vista hormonal y de actividad cerebral, cuando experimentamos emociones como: la felicidad, la tristeza, la ansiedad o la depresión.

Por otro lado, experimentos sociales como el adelantado en la Universidad de Harvard por mas de 75 años, dirigido en la actualidad por el siquiatra Robert Waldinger nos arrojan reveladores pautas de lo que es y no es el bienestar subjetivo, más conocido como felicidad.

Conclusiones como que la mayoría de los esfuerzos de los seres humanos en su vida terrenal solo impactan levemente el nivel de felicidad, o que la mayor parte del sufrimiento y dolor es evitable, nos hacen reflexionar profundamente sobre la falta de entrenamiento que tenemos para ser felices de manera intencional.

Podemos afirmar que la verdadera paz se logra a través de la felicidad y que resulta buena idea hacer esfuerzos por vivir satisfactoriamente, por invertir mejor el tiempo finito que estamos en el planeta, por pasarla bien.

En el momento coyuntural que está viviendo el país con la posibilidad cada vez más cercana de conocer una Colombia libre de conflicto armado, viene bien la discusión sobre los caminos que debemos recorrer para consolidar un estado de tranquilidad y armonía.

No me cabe la menor duda de que debemos trabajar estratégicamente sobre la familia como célula primaria de una sociedad, a través de la reconstrucción del tejido social, enseñándonos a todos los colombianos a ser felices.

Algunas de las lecciones de sicología positiva, de los estudios sociales mencionados y en general del arsenal académico con que contamos, que debemos tener en cuenta en el camino de la paz de Colombia son:

El éxito, el dinero y el poder poco aportan a la felicidad; sin embargo, una persona feliz es biológicamente más activa, más creativa, más resiliente, más competitiva, más hábil socialmente, más saludable, características que son convenientes y necesarias para lograr el éxito en algún proyecto.

La construcción de relaciones familiares y sociales solidas, basadas en el cariño, el amor, la bondad, la solidaridad, etc., influyen de manera muy importante en la felicidad verdadera, razón por la cual debemos enseñar estos hábitos desde la casa y el colegio, circunstancia especialmente necesaria dado el ambiente competitivo en que nos encontramos. Cuando una comunidad se hila con los lazos del amor, esa red es resistente, flexible y resiliente.

Un ser humano alcanza mucha satisfacción cuando puede dedicar su vida a actividades donde tenga talento y destreza, motivo por el cual debemos revisar nuestro sistema educativo, que se enfoca en fortalecer debilidades y no en potencializar talentos.

Encontrarle significado a la vida, sentir que lo que se hace es importante, trascender, etc., son caminos expeditos para tener una vida plena. Es necesario inspirar a nuestros niños y jóvenes en busca de intereses loables, a vivir desde el ‘Porque’ y no solo desde el ‘Que’.

Aprender a manejar las percepciones, los placeres lúdicos, el arte, la meditación, el estar presente, comer sano, el deporte, a gestionar las emociones, a hablar en público, a jugar, a ser creativos, etc., son herramientas al alcance de la mente que se pueden desarrollar y convertir en hábitos que influyen en la satisfacción real y que lamentablemente no nos enseñan en el colegio.

La paz verdadera es el producto de tener una sociedad feliz, que está conformada por familias y seres humanos felices, es indispensable que el país meta dentro de la agenda pública la tarea consciente de incrementar los niveles de felicidad de los colombianos, para lo cual son muchas las tareas: medir la felicidad, incluir estos temas en los pénsumes escolares, desarrollar herramientas y material pedagógico, socializar los conceptos, involucrar los actores, campañas de mercadeo, salud mental, seguridad, etc. Sobre el particular, el departamento de Cundinamarca está haciendo importantes avances que pueden servir de modelo para los efectos en esta dura tarea de vivir sin entrenamiento.

“Felicipaz” es una palabra que trata de materializar que son dos conceptos inseparables y uno es prerrequisito del otro: debemos arrancar con saber que la decisión intencional de “estar de buen genio y sonreir” por ejemplo, tiene un mayor efecto sobre la calidad de vida que un bien material o un éxito laboral.

Poner la felicidad de moda puede ser un aporte invaluable para la nueva Colombia. Creemos los ecosistemas de felicidad, sobre todo para nuestros niños, y tendremos unas generaciones futuras llenas de alegría y de sonrisas.

César Augusto Carrillo
Consultor

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