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Hacia el fin de la pobreza

La generación de trabajo decente es una condición necesaria e infaltable para erradicar
la pobreza en todas sus formas. 

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julio 27 de 2016
2016-07-27 09:00 p.m.
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Como agencia tripartita de las Naciones Unidas que trabaja conjunta e igualitariamente con gobiernos, empleadores y trabajadores, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó hace unos días su reporte ‘Panorama Mundial Social y del Empleo 2016’.
Quisiéramos resaltar la importancia y fondo de la principal conclusión de ese documento: “la generación de trabajo decente es una condición necesaria e infaltable para erradicar la pobreza en todas sus formas”.

El crecimiento económico por sí solo no ha sido ni será suficiente para alcanzar dicho propósito. Así ha quedado establecido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2016 - 2030. El trabajo decente es, en el mismo entendimiento generado alrededor de la OIT, el agregado de las aspiraciones de las personas en su vida laboral, las acciones y realidades que construyen oportunidades para que todos estemos vinculados a un trabajo productivo en un marco de remuneración justa, de seguridad en el lugar de trabajo y de pleno e irrenunciable uso de los derechos de protección social. Comprende aún más.
Requiere que cada uno de nosotros encuentre en nuestros quehaceres desarrollo personal, integración social y libertades para expresarnos, organizarnos y participar de las decisiones que afectan nuestras vidas con trato igualitario y justo.

La OIT señala, además, en su reporte que son varias las razones que generan un marco adverso para el desarrollo y crecimiento de las empresas, de progresos insuficientes en la configuración de un mercado laboral eficaz y de derechos laborales limitados. Entre aquellas están, las estrechas economías dependientes del consumo y la exportación de bienes básicos, la inequidad en la distribución de la riqueza generada y la débil configuración institucional, marco en el cual los logros actuales de superación de pobreza son apenas levemente estables.

Si bien Colombia, al igual que muchos otros países en desarrollo, ha alcanzado logros importantes en materia de reducción de los distintos niveles de pobreza, las cifras de desempleo e informalidad económica y laboral aún marcan la dimensión del enorme reto que como sociedad tenemos. Y se remarca lo frágiles que pueden llegar a ser dichos logros, toda vez que las familias que han conseguido abandonar su situación de pobreza todavía viven en condiciones de ingresos bajos, en labores de baja productividad y, en muchas ocasiones, en circunstancias deficientes de acceso a servicios básicos y con vulneración de sus derechos a la protección social.

Lograr una paz sostenible y una sociedad próspera para Colombia, cuya población abandone de una vez y por todas su condición de pobreza, requiere que nuestra configuración institucional sea muy fuerte, que se amplíe la base productiva en más sectores y mercados, y se fortalezca el aparato productivo rural, agrícola y no agrícola.

Es fundamental que el estado, la empresa y la sociedad adquieran más conciencia y mejores prácticas de trabajo digno y altamente productivo. A su vez, ellos tres deben promover el fortalecimiento de las capacidades de los trabajadores para que puedan participar de la construcción de las políticas públicas que los impactan como empleados y ciudadanos.

Rafael Aubad
Presidente de Proantioquia

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