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estudio de caso

Hagámosle zancadilla a la corrupción

Adelantar procesos transparentes en las organizaciones no solo es posible gracias a novedosas herramientas, sino que es una exigencia.

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diciembre 04 de 2016
2016-12-04 08:59 p.m.
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Empecemos por algunas cifras. En la medición anual de competitividad que hace el Foro Económico Mundial, Colombia aparece en el puesto 61 entre 140 economías. Así mismo, no hemos registrado progresos según el más reciente Índice de Percepción de la Corrupción, elaborado por la ONG Transparencia Internacional, según el cual obtuvimos un puntaje de 37 sobre 100 y nos ubicamos en el puesto 83 entre 168 países.

Ahora, las noticias no son más alentadoras si nos remitimos a las voces nacionales que hablan de los dos puntos del PIB que le cuesta a Colombia la corrupción pública y el 30 o 40% de permeabilidad por este mismo fenómeno en las empresas del sector privado.
Alarmante, ¿verdad? Pues las recomendaciones del Consejo Privado de Competitividad, en su más reciente informe, nos hacen concluir que más allá de leyes por cumplir, es determinante el comportamiento individual.

En este contexto, llama la atención (y es un bálsamo) que algunas empresas estén volcadas a mitigar el riesgo de ser impactadas por actos de corrupción de sus colaboradores y aliados. Y, más aún, saber que hay compañías dedicadas a la asesoría, consultoría e investigación en vigilancia y seguridad, como Sintecto - Soluciones de Integridad y Cumplimiento, que ha creado protocolos para ‘leer’ y evidenciar hallazgos que podrían detonar en corrupción.

Los inicios de esta empresa se remontan al año 2000, cuando el entonces Mayor (r) Eduardo Zubieta, de la rama de Ingenieros Militares, después de manejar la oficina de enlace Inteligencia-Ejército, creó Security & Vision (hoy Sintecto), entendiendo las necesidades de esa Colombia de los años 90, donde eran noticia los carros bomba, los atentados, los secuestros y las extorsiones.

En ese momento, y durante los primeros años, el foco de la compañía fueron las consultorías especializadas para determinar el esquema de protección ideal que debían tener las organizaciones, los activos, los procesos y las personas.

Posteriormente, se interpretó que la innovación del negocio se traducía en la elaboración de reportes periódicos que ayudaran a los responsables de la protección y la seguridad a tener información de primera mano sobre el fenómeno de la violencia, para así tomar las decisiones más acertadas.

Luego, surgió la necesidad de saber si la persona que se estaba contratando representaba un riesgo o, por el contrario, cumplía con los parámetros de integridad de la organización.

Para tal fin, no solo se importaron las herramientas líderes en el mercado mundial (verificación de antecedentes y estudios de seguridad), las cuales adaptaron a la realidad colombiana, sino que poco a poco se empezó a incorporar la tecnología, hasta llegar a la robusta solución de recursos humanos con que cuentan ahora, producto de la innovación y de sentarse con el cliente para ajustar el software y los procesos a sus requerimientos.

Bajo este modelo trabajó la empresa hasta finales de 2015, cuando el Mayor (r) Zubieta decidió avanzar en el proceso de sucesión generacional, pero sin dejar de aportar en la estrategia y ejecución táctica. Entonces, Luis Miguel, quien ya se desempeñaba como gerente de operaciones y le había dado todo el impulso al producto de seguridad de personas, asumió la dirección general a comienzos del 2016.

Sin embargo, los otros tres hermanos también han sido determinantes para el crecimiento de la organización, tanto en roles directivos, como en asesoría y en el desarrollo del software, uno de sus principales activos estratégicos.

Lo que vemos aquí es también un claro ejemplo de una excelente gestión de la segunda generación, respaldada por importantes cifras de crecimiento.

Lo primero que hizo Luis Miguel a su llegada fue reconocer que la fortaleza de la empresa era haberles brindado soluciones a los clientes de acuerdo con el momento del país. Por lo mismo, detectó la necesidad actual de las organizaciones de saber con quienes se relacionan y así poder proveerles información necesaria para tomar decisiones sobre esas personas (clientes, colaboradores, proveedores, entre otros).

Teniendo en cuenta dicho diagnóstico, se definieron cuatro líneas de negocio: 1. Integridad, enfocada en selección y preselección; 2. Cumplimiento, que es la línea para identificar los riesgos de los terceros aliados del negocio. Y aquí vale la pena recordar que las compañías están en un alto nivel de exposición con respecto a ser involucradas en temas de lavado de activos y financiación del terrorismo. 3. Transparencia, que es la línea de negocio que atiende lo que Sintecto considera el principal problema del país: la corrupción. Esta está orientada a determinar si una persona cumple con el perfil de integridad para estar en un cargo y a identificar si el modus vivendi es coherente con los ingresos que tiene, si ha estado inmersa en escándalos públicos, si es propensa a actos que se distancien de la ley, etc.

Por último, está la línea de consultoría, en la que se conceptualizan y se optimizan esquemas de seguridad, métodos, procesos y protocolos, con el fin de brindar un análisis de riesgo acertado y planes de mitigación.

Con este panorama expuesto, es inevitable agudizar la percepción de que el desarrollo empresarial enfrenta las complejidades de un país que transita sobre las bases sub-culturales que ha dejado el mundo del narcotráfico, donde impera el enriquecimiento rápido e ilícito.

Sí, estamos en un nivel de incertidumbre y desconfianza, y es a veces justificado, puesto que la gente miente en los procesos de selección, hay corrupción al interior de las organizaciones y se montan empresas con dineros non sanctos.

Pero también estamos logrando, como evidencia este caso, que desde la iniciativa privada se promuevan actitudes consistentes con el cumplimento del acuerdo social por la transparencia.

Atrás debe quedar la idea de que la corrupción es un asunto del sector público. También es un delito alimentado por los privados, que engordan el monstruo o dan el aval a muchas prácticas indebidas. Es una laxitud que no podemos seguir aplaudiendo, mientras señalamos a otros, y más cuando disponemos de herramientas para saber cómo y con quienes relacionarnos y así apostarle a una mayor competitividad propia y del país.

Germán A. Mejía A.
Director de bmLab Latam

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