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HellMan Morissette en Colombia

No es extraño que en nuestro país, desfilen todo tipo de divas soberbias pavoneando sus manos al calor de los votos que sostienen su actitud macabra.

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noviembre 27 de 2016
2016-11-27 03:54 p.m.
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Colombia se ha convertido en un gran patio para presentar los espectáculos más increíbles al calor de lo impensado. Desde un periodista que paga con dineros públicos a empresas de monitoreos para documentar las opiniones de otros colegas, hasta unos dignísimos Senadores, Benedetti Vs Claudia López, que por redes sociales se sacan la ropa sucia como si se vistieran con los mismos pantalones al calor de la coherencia por la paz; los espectadores nos hemos tenido que deleitar con un sinnúmero de obras bizarras sacadas de la connotación de personas que dicen actuar en representación de unos cuantos.

No es extraño que en nuestro país, desfilen todo tipo de divas soberbias pavoneando sus manos al calor de los votos que sostienen su actitud macabra. Ya lo hemos visto con “Mr 50.000 votos” y otros cuantos cretinos que destruyen la democracia o los puestos de influencia a partir de necesidades personales y egos individuales que entorpecen la labor para la cual fueron encomendados desde la inocencia del elector, desprotegido y muchas veces ignorante, de la esencia personal de quienes dicen querer poner el país o a las ciudades, en caminos de prosperidad y buenas maneras.

No es raro ver en este auge permeable de las redes sociales y la globalización, a personas que desde sus artimañas dan cátedras inmaculadas de cómo deberían ser las cosas en un país que cada vez es más inequitativo; no por el desbalance social únicamente, sino porque pareciera que la justicia estuviera diseñada integralmente para quienes “a pie” cometen errores mucho menores que destinar recursos públicos para monitorear opiniones de periodistas.

Ojalá desde el Concejo de Bogotá, este periodista no siga con accesos a esos recursos públicos fomentando el detrimento por un monitoreo que puede hacer el mismo desde sus redes sociales, tal y como olímpicamente pretende defenderlo su ex jefe “el miss Universo de los Alcaldes” Gustavo Petro, cuando increpa en su acostumbrado estilo a una de las principales víctimas de estos seguimientos, el reconocido periodista Gustavo Gómez.

“Entonces si yo guardo sus trinos @gusgomez1701 donde varias veces me ha calumniado, cometo un delito?, sus trinos no son públicos?”, escribe el burgomaestre más contradictorio de la historia viva de la Bogotá que casi destruye con su forma de gobierno, con una actitud casi tan inocente como la de Popeye cuando sale a tomarle fotos “para guardarlas” de forma coactiva a quienes le emiten su opinión en las calles de una Medellín que además de violencia, también sufrió las opiniones de Gustavo cuando se refirió a su Metro con un inteligente “a feo que es”.

Que un ex Alcalde llene sus redes sociales con críticas a un Metro que nunca pudo hacer, es parte del clímax incoherente de las actuaciones de estos personajes que a diario nos dan el mejor insumo a pesar de su inteligencia para escribir nuestras columnas; pero que la justicia también se siente a reírse y a disfrutar del concierto, además de frustrante, deja mucho para pensar que nuestro fin mayor no debería ser solamente encontrar la paz.

Las mentiras de nuestros Gobernantes; lo que nos tallan en piedra en campaña y nos “clavan” sin memoria en el ejercicio; las oposiciones que defienden la paz con mensajes de guerra; los que antes criticaban la refrendación de un acuerdo y ahora lo ven como la única salida para seguirlo dilatando políticamente hasta el 2018; los improperios entre “padres de la patria”; los despilfarros en época de “austeridad inteligente”; Roy; Ex Alcaldes Morenos en la cárcel; otros con alias eróticos como Jhon Calzones, pero también en la cárcel; en fin, un sinnúmero de insumos vergonzosos que usamos para nuestras columnas, hoy son motivo para que alguien con plata de la ciudad, es decir de nosotros mismos, pretenda amedrentar de forma coactiva el espectáculo indeseado que ellos mismos están dando. ¡Da vergüenza señor Morris!

Ojalá la justicia pare de reírse y actúe de forma célere frente a este tipo de indicios delictivos y mucho más con recursos públicos. El problema no es que una opinión se monitoree. El problema es que se pague para hacerlo y una vez obtenida la información, entender para que fin fue monitoreada. ¿Para una egoteca? Nada parece indicarlo.

Andrés F. Hoyos E.
Comunicador social y periodista
@donandreshoyos

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