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India se enfrenta a otra cita con el destino

El país tiene buenas posibilidades de convertirse en la economía grande de más rápido crecimiento del mundo. Sin embargo, no está exenta de retos.

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marzo 03 de 2017
2017-03-03 10:24 p.m.
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En la víspera de la independencia en 1947, Jawaharlal Nehru, quien fuera el primero en ocupar el cargo de primer ministro de India, habló de una ‘cita con el destino’. Este vasto, diverso y empobrecido país se había colocado en el camino hacia la democracia y hacia el desarrollo.

Setenta años después, India sigue siendo una democracia y ha progresado con el desarrollo. Su historia no está exenta de imperfecciones. Sin embargo, los indios tienen motivos para sentirse orgullosos de lo que han logrado.

Entonces, ¿qué pudiera aguardarles en el futuro? La Organización de las Naciones Unidas (ONU) pronostica que la población de India pudiera ser de 1,7 mil millones para 2050, frente a los 1,35 mil millones de China. Esto parece inmanejable. Pero la población ya ha crecido de 376 millones en 1950 a 1,3 mil millones en 2015. Sin embargo, el país es mucho más próspero de lo que era en el tiempo de su independencia.

Como señala la excelente Encuesta Económica del Ministerio de Finanzas de India, el PIB real per cápita ha aumentado 4,5% anual durante los últimos 37 años. Los ingresos reales medios per cápita han aumentado del 5 al 11% de los niveles de EE. UU. durante este período. Ésta es la segunda historia económica más importante de la era de la globalización, después del crecimiento aún más dramático de China.

Supongamos que, hasta 2050, el PIB per cápita de China creciera a la modesta tasa del 3% al año y el de la más pobre India al 4%. Supongamos también que el PIB per cápita de EE.UU. creciera 1,5% al año. Para 2050, el PIB per cápita de China sería del 40% de los niveles de EE.UU. y el de India sería del 26%, donde se encuentra actualmente China.
Para entonces, China sería la economía más grande del mundo (medida por la paridad del poder adquisitivo), India sería la segunda, y EE.UU. sería la tercera.

En un análisis particularmente instructivo del desarrollo de India, la Encuesta Económica demuestra que el país pasó del socialismo al “comercio abierto, a los mercados de capital más abiertos y a la dependencia del sector privado”. Lo que se conoce, a menudo peyorativamente, como el ‘consenso de Washington’ es ahora un consenso indio. Las reformas han continuado bajo el gobierno de Narendra Modi, principalmente un nuevo código de bancarrotas y un impuesto sobre bienes y servicios.

La proporción entre el comercio y el PIB de India es actualmente muy similar a la de China, por ejemplo.

Las entradas netas de capital extranjero están en línea con las de otras economías emergentes. Los proyectos del sector público de India ya no son excepcionalmente grandes en relación con el ingreso nacional. El gasto público también está en línea con las normas mundiales para un país en su nivel de desarrollo. El gobierno actual se ha esforzado para reducir los costos de hacer negocios y para crear un ambiente más acogedor para las inversiones. Los días de la burocrática ‘licencia raj’ (las regulaciones y el papeleo) se han quedado en el pasado. Si miramos hacia el futuro, India también tiene la aparente ventaja del envejecimiento relativamente lento de su población.

Sin embargo, la Encuesta Económica también admite tres desfavorables diferencias entre India y otras economías emergentes orientadas al mercado: la vacilación acerca de acoger al sector privado y de proteger los derechos de propiedad; la débil capacidad del Estado, particularmente en los ámbitos de la educación y de la salud; y una redistribución del ingreso que es tanto extensa como enormemente ineficiente.

Estas características, válidamente sugiere la Encuesta, reflejan el hecho de que India fue una democracia precoz; era democrática mucho antes de que se desarrollara. El optimista argumentará que estas desventajas disminuirán a medida que el país se vuelva más rico.

El pesimista responderá que, en última instancia, las diferencias ahogarán el progreso continuo. Pero la democracia no es un lujo; es una condición necesaria para la existencia de India como país unido. Con un poco de suerte, la creciente clase media india forzará mejoras en la calidad de la gobernanza.

Si consideramos los obstáculos futuros, tres parecen particularmente importantes a largo plazo, mientras que uno se destaca a corto plazo.

El primero de los retos a largo plazo es la educación. Una vasta y creciente fuerza de trabajo es solo una bendición, más que una desventaja, si posee las habilidades necesarias para una economía en rápido desarrollo. La educación es responsabilidad del Gobierno. Sin embargo, el “federalismo competitivo” — la competencia entre estados — aún no ha promovido las mejoras necesarias en los servicios educativos.

Un segundo reto a largo plazo es el medio ambiente. Entre el presente y 2050, el PIB real de India pudiera crecer en un 400%. La urbanización también avanzará rápidamente: en la actualidad, un tercio de la población de India es urbana; para 2050, esta proporción bien pudiera haberse duplicado. Gestionar esta situación exitosamente requerirá una enorme cantidad de organización y de inversión. Pero los retos ambientales no sólo serán locales. India tendrá que desarrollarse sin un vasto aumento en su uso de combustibles fósiles.

Un tercer reto a largo plazo es el entorno económico externo. Bajo conjeturas factibles, la participación de las exportaciones de bienes y servicios de India en el PIB mundial pudiera duplicarse durante la próxima década.

Es cierto que esa participación sigue siendo muy baja, de 0,6% (frente al 3,3% de China). Pero, dada la actual reacción negativa en contra de la globalización en las economías de altos ingresos, pudiera ser que esto no esté exento de inconvenientes. India tendrá que considerar cómo puede promover la economía mundial abierta.

El gran reto a corto plazo es la inquietante debilidad de la inversión. La Encuesta Económica atribuye esto en parte al problema de la combinación de empresas sobreapalancadas con bancos endeudados. La Encuesta sostiene que la economía no saldrá de estas deudas, en parte porque obstaculizan la inversión y el crecimiento. La respuesta es una combinación de reconocer las pérdidas, reestructurar las deudas y una reforma radical de la banca.

Esto será difícil, pero es indudablemente esencial.
India tiene una buena oportunidad de ser la gran economía de más rápido crecimiento del mundo, emergiendo por último como otra superpotencia democrática a mediados de siglo. Pero los retos que enfrenta son enormes. Los éxitos del pasado indican que pudieran superarse. Pero mucho tendrá que cambiar y un sinnúmero de esos cambios no sucederán automáticamente. Una vez más, India tiene una cita con el destino.

Martin Wolf
Columnista del Financial Times.

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