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Metus causa

Pero ante el miedo de lo que puede suceder, desde el punto de vista colectivo, sería lamentable no tener la capacidad de entrenarse.

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junio 28 de 2018
2018-06-28 08:00 p.m.
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¡Salgan del cuarto de inmediato que va a temblar! Así gritaba el encargado del hotel en cada habitación mientras golpeaba con fuerza la puerta. Todos los huéspedes terminaron en pocos segundos en la calle siguiendo las instrucciones, ante la amenaza que indicaban los sensores que se utilizan en muchos lugares de Ciudad de México.

Juan, mi buen amigo, tuvo que salir con tan solo una toalla en la cintura, dado que la advertencia lo cogió en la ducha.

Al final, fue un leve movimiento de tierra y todo volvió a la normalidad al cabo de un rato. Pero a su regreso a Bogotá, Juan mantenía vivo ese recuerdo intenso de temor, casi pánico, que le produjo estar esperando una catástrofe anunciada durante varios segundos que se hicieron eternos.

“Es el miedo que se siente ante algo que va a suceder, sin poder hacer nada”, me dijo días más tarde mientras tomábamos algo en un bar.

Estuvimos filosofando sobre la diferencia entre el temor que produce saber que algo malo puede ocurrir y el que se siente ante un hecho que ya sucedió o nos toma por sorpresa.

La perturbación de los instantes que preceden un acontecimiento que nos pone en riesgo pareciera más fuerte que aquella que se siente cuando ya han pasado los hechos. Al menos esa fue nuestra conclusión preliminar.

Los momentos de conciencia de un pasajero al saber que se va a estrellar el avión, los segundos previos a un accidente de tránsito, la impotencia ante una catástrofe natural que se sabe va a suceder, son experiencias aterradoras.

Igual nos puede ocurrir con riesgos que tienen un impacto ya no sobre nuestro cuerpo o la vida misma, sino sobre la forma como vivimos, las libertades que gozamos o el estilo de comunidad en la que actuamos.

Los expertos sugieren que una forma de manejar los miedos pasa por hacer consciente o anticipar las escenas en que algo malo puede ocurrir.

Así se entrenan el cuerpo y la mente, de tal forma que haya una reacción adecuada si se presentan los hechos, y no quedar congelado por el pánico. De forma similar entrenan los deportistas de alto rendimiento o los militares.

El miedo constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. Por ello es útil desde el punto de vista individual y también colectivo.

En el derecho romano del primer siglo antes de Cristo, se aceptó una cláusula jurídica como eximente de responsabilidad, bajo el supuesto de que el miedo puede disminuir la autonomía decisoria del sujeto. Se conoce en latín como metus causa.

Pero ante el miedo de lo que puede suceder, desde el punto de vista colectivo, sería lamentable no tener la capacidad de entrenarse, de anticipar las circunstancias, y no permitir que una situación indeseada nos arrastre sin contemplación como simples espectadores.

Al fin y al cabo la capacidad de reacción colectiva debe ser superior a la suma de miedos individuales.

Jaime Bermúdez
Excanciller de Colombia.

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