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¿Por qué K. Arrow fue el más grande economista de la teoría neoclásica?

Estar en desacuerdo con modelos macroeconómicos o microeconómicos no basta, ya que el edificio neoclásico tiene una plataforma básica.

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marzo 02 de 2017
2017-03-02 10:26 p.m.
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Kenneth Arrow es considerado un gran economista teórico. Sus contribuciones son conocidas. Los teoremas de imposibilidad, los de equilibrio general; su investigación sobre asimetría de información en los mercados, etc. Me limitaré a recordar una contribución decisiva de Arrow y que pasa muchas veces desapercibida: se trata de su metodología para representar las economías reales.

Todos los economistas saben que el modelo Arrow-Debreu es la representación teórica neoclásica de lo que serían las condiciones mínimas necesarias para que exista un equilibrio económico general. Esta es una idea subyacente en la tesis de A. Smith de la mano invisible, acogida por L. Walras con el fin de darle una base intelectual a la economía de libre mercado. Este modelo no es, por lo tanto, un conocimiento de la realidad económica, sino la representación de un equilibrio en una economía ideal. Las condiciones de este resultado no existen realmente: información y competencia perfecta, existencia de todos los mercados, ausencia de bienes públicos y externalidades, flexibilidad de precios. Tras su construcción, las preguntas fueron si ¿la economía tratada por Arrow y Debreu es una economía ficticia, ¿cómo los economistas pueden utilizarla para representar las economías económicas reales? ¿Cómo una teoría válida para un mundo que no existe puede servir para entender la economía real?

A este interrogante a Milton Friedman dio una respuesta: la distancia entre el modelo teórico y la realidad no es un verdadero problema, dado que el modelo contiene los rasgos esenciales que se encuentran en acción en las economías reales. Con esta óptica, el retrato empírico puede analizarse a partir de lo que está en la teoría, puesto que, en general, este se comporta como si fuese parecido al mundo abstracto.

Según esta óptica, el realismo de las hipótesis no importa, pues las representaciones abstractas nos darían de todas maneras los rasgos esenciales del mundo empírico. Sin embargo, este método de Friedman se presta a la denuncia repetida de que los economistas usan el mismo modelo analítico para cualquier situación, acomodan la realidad al modelo teórico y se vuelven ciegos o autistas frente a la diversidad del mundo empírico, y, además, adolece de una deficiencia fundamental: paraliza el avance de la investigación teórica.

K. Arrow, contra Friedman, propondrá otra idea más fecunda para el desarrollo de la teoría: la realidad económica sí es distinta al mundo perfecto y estas diferencias tienen consecuencias diferentes a las que se pueden inferir en los mundos perfectos, de tal forma que es necesario hacer también la teoría del mundo real. Para hacerla, el punto de partida es el modelo de la economía perfecta, introduciendo aspectos realistas, esto es, información y competencias imperfecta, ausencia de todos los mercados, rigideces de precios, problemas de cumplimientos de contratos, externalidades, bienes públicos, etc. Para hacer la teoría de estos mundos cambiamos las hipótesis que sostienen las conclusiones encontrada en los mundos perfectos, y luego deducimos las consecuencias nuevas que aparecen. De esta manera, se pudo sostener que las hipótesis sí importan y que una economía imperfecta tiene distintos resultados a los encontrados en una economía perfecta.

Esta metodología va a concretarse en la teoría de ‘fallas de los mercados’, acompañada de la reflexión de cómo la distancia entre las economías imperfectas y las perfectas podrían anularse mediante la intervención de instituciones y de intervenciones del Estado, de regulaciones, de nuevos mercados. Arrow afirmaba: cuando el mercado falla en alcanzar un estado óptimo, la sociedad, en cierta medida, reconocerá la brecha, y algunas instituciones sociales, no mercantiles, surgirán para eliminar esa brecha. Fue tal el éxito académico que otro premio nobel, J. Tirole, pudo escribir, recientemente: el papel de los economistas es paliar las fallas de los mercados. Es decir, los economistas educados en el método de Arrow son demandados por la sociedad para luchar contra las imperfecciones.

La potencia del método científico de Arrow no termina allí. Mientras Friedman y su escuela de Chicago atizaron una guerra de teorías diciendo, por ejemplo, que Keynes o Ricardo eran modelos equivocados, el método de Arrow propone una convivencia de las diversas teorías: aquellas diferentes al walrasianismo no son falsas, sino que se pueden considerar casos particulares que aparecen cuando se introducen hipótesis especiales en esa plataforma general. Es de esta manera que la mayoría profesores de economía dicen que el keynesianismo (más allá de los aspectos de política económica) no constituye una ‘teoría general’, sino un caso particular del modelo walrasiano cuando se incorporan rigideces de precios y salarios, o que el ricardianismo es una verdad si se aceptan hipótesis particulares como son los rendimientos constantes de escala. Gracias a Arrow, la unificación de la teoría económica se volvió un proyecto avizorable a finales del siglo XX, de tal manera que para la mayoría de los economistas no existen divergencias de teoría general (todos estudian los mismos modelos), sino que ellas están en el grado de importancia que hay que darle a las ‘imperfecciones’ para el diagnóstico de las situaciones reales o en las políticas económicas aplicables en ellas.

Aquí aparece un efecto colateral: con las contribuciones de Arrow, la crítica a la teoría neoclásica se vuelve más difícil para la pequeña comunidad de pensadores (poskeynesianos, posmarxistas y austríacos), que se resisten a aceptar las estructuras analíticas del llamado main stream. Estar en desacuerdo con modelos macroeconómicos o microeconómicos no basta, ya que el edificio neoclásico, construido de acuerdo al método Arrow, tiene una plataforma básica: la teoría de los mercados perfectos. Mientras no surja una alternativa a este nivel de abstracción no existirá una verdadera teoría económica alternativa.

José Félix Cataño
Profesor de Economía, Universidad Nacional.

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