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La corrupción en las organizaciones

La ética empresarial no se puede quedar en charlas, talleres o manuales de convivencia. Se debe convertir en una práctica real. 

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marzo 02 de 2017
2017-03-02 08:58 p.m.
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La corrupción es un mal silencioso que, de cuando en cuando, le prestamos atención porque salta a la pantalla como sucede con el caso de Odebrecht, donde por su magnitud y el hecho de haber involucrado a actores políticos, ocupa las principales páginas de los periódicos y es tendencia en redes sociales. Pero el problema mayor es que nos hemos acostumbrado a ese flagelo; los sobornos, las presiones, amiguismos y padrinazgos, no son temas ajenos a la cotidianidad en muchas organizaciones.

Los ejemplos son muchos y van desde patrocinar a alguien para que, estando en el cargo, me dé unas ventajas, nombrar personas incompetentes para que maquillen informes, no hagan ningún tipo de control o denuncia frente a irregularidades internas de la compañía, designar personas en cargos importantes solo para pagar favores pasados, o incluso para comprar conciencias y facilitar que decisiones futuras me sean favorables, hasta el hecho de aceptar cargos simplemente pensando en la ganancia económica, pero sin estar preparado para ello. Todas son formas comunes de corrupción que terminan siendo el cáncer de las empresas y el pan de cada día.

Al problema se le suma la denuncia, pues del soborno a la extorsión hay solo un paso. Ser honesto es cuestión de valentía e incluso de heroísmo. En muchas ocasiones, quien es corrupto no tiene ninguna dificultad en pasar del ofrecimiento de dádivas a conductas violentas contra el que se niega a aceptarlas.

La amenaza contra la vida y la integridad propia o de otros es fácil de ser detectada y el corrupto solo en un escenario de desesperación acudirá a ellas; pero hay otras prácticas oscuras que son menos susceptibles de ser identificadas y esto protege al corrupto de ser denunciado por su víctima. Estos actos suelen estar enmarcados bajo lo que se conoce como acoso laboral, por ejemplo, los llamados ‘descensos laborales’, donde sin justa causa a un miembro de la organización se le despoja del cargo que venía desempañando, se le anula asignándole tareas de menor importancia, o se le aparta de sus funciones normales con el fin de que se aburra y termine renunciando. Lo curioso es que estos cambios suelen mostrársele a la víctima como algo que va a favorecerlo, con lo cual ser consciente de la estrategia y denunciarla es muy difícil.

Otra práctica, algo más violenta, de la cual es complejo defenderse porque maneja cierto anonimato del victimario es cuando se afecta mediante el chisme, el rumor y la calumnia el ambiente laboral, generando un daño a la honra y el buen nombre de la víctima. Esta táctica trata de crear un ambiente lo suficientemente enrarecido como para que exista la amenaza de perder su trabajo (no es raro que se le acuse de algo falso) y se le complique la idea de conseguir uno nuevo, y así, finalmente, desista de sus denuncias, con lo cual el corrupto se blinda de aquel que pretende ser honesto.

La urgencia de la ética en las organizaciones no es simplemente la implementación de charlas, talleres o manuales de convivencia o buen gobierno, son prácticas cotidianas reales, es un compromiso serio que se debe asumir. La mezcla de corrupción y poder es algo que complica el escenario, pero debe enfrentarse si queremos tener mejores empresas, y ser un país desarrollado.

Beatriz Eugenia Campillo Vélez
Docente, Universidad Pontificia Bolivariana
beatrizcampillo@gmail.com

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