La declinación magnética, columna Jaime Bermúdez, enero 27 de 2017 | Opinión | Portafolio
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La declinación magnética

Quizás es necesario reconocer esta etapa de transición, para no aferrarnos tanto a lo que nos hacía sentir seguros.

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enero 26 de 2017
2017-01-26 10:12 p.m.
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A finales del siglo XV y comienzos del XVI el mundo cambió dramáticamente. La imprenta, el renacimiento, la reforma protestante, entre otros, modificaron la interpretación de la realidad. Pero el descubrimiento de América redefinió geográfica y conceptualmente el mundo de entonces.

En las Máquinas del Imperio y el Reino de Dios (Uniandes, 2015), Mauricio Nieto ilustra el cambio en la cosmografía y la navegación de la época, con las herramientas que permitieron la conquista del atlántico ibérico. Allí encontré que el origen de la brújula se dio a partir de la aguja de marear, para registrar la dirección del barco por medio de una aguja que indica el norte magnético. Un error de un grado daba para terminar en otro destino totalmente diferente, lo cual no era infrecuente, dada la imprecisión causada por un barco en movimiento. A dicho fenómeno se le conocía como la ‘declinación magnética’. Era, en otras palabras, el reconocimiento pleno de la imprecisión técnica, la aceptación de la vulnerabilidad del conocimiento.

Y, sin embargo, navegantes y conquistadores siguieron adelante en la empresa trasatlántica.

Los exploradores del nuevo mundo se encontraron con tierras, plantas y animales desconocidos. En la tarea de reportarle a la Corona los hallazgos, así como lo que llevaban de regreso a Europa, se definían los objetos y criaturas con el lenguaje y la experiencia de lo que se conocía entonces. Una iguana, por ejemplo, era un “caballo con armadura del tamaño de un perrillo”; o la piña, un “híbrido entre el fruto del pino y una alcachofa”.

Con la ampliación del horizonte geográfico y del conocimiento, se removieron los paradigmas acerca del mundo, sus objetos, su dominio y sus habitantes. El descubrimiento puso en duda lo que se sabía acerca de muchas cosas y la forma de nombrarlas. Ello generó ansiedades y preocupaciones descomunales.

Sospecho que estamos atravesando por una etapa asimilable a lo ocurrido en aquella época. El desarrollo tecnológico, internet y las redes sociales modificaron el horizonte del conocimiento y la comunicación. Los cambios dramáticos en las estructuras de poder convencionales, como los partidos y las iglesias; las nuevas tendencias migratorias; la pérdida de hegemonía de Estados Unidos, el debilitamiento de Europa y el auge relativo de China; la pérdida de legitimidad de la democracia y las instituciones convencionales, entre otros, implican una nueva interpretación de la realidad. Estamos modificando la manera como enunciamos las cosas y como interpretamos el mundo, sin tener claro dónde encontraremos tierra firme.

El resurgimiento de la xenofobia y la discriminación tiene que ver con un exacerbamiento de los temores por perder nuestro mundo, el que conocemos y controlamos. La dificultad de aceptar la diferencia, subsiste porque interpretamos los mundos ajenos con las palabras que describen el nuestro y juzgamos con base solo en lo que conocemos y hemos vivido.

Quizás es necesario reconocer esta etapa de transición, para no aferrarnos tanto a lo que nos hacía sentir seguros, y así dedicar mayor esfuerzo a adaptarnos a las nuevas circunstancias. Aceptar que no somos capaces de predecir lo que viene, nos pone en mejores condiciones para encontrar mejores formas de vivir lo desconocido.

Jaime Bermúdez
Excanciller de Colombia
jaimebermu@gmail.com

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