Otros Columnistas
Análisis

La regresión al tribalismo: Maduro y Trump

Este mundo solo puede sobrevivir si superamos la necesidad narcisista de
ser diferente y superior, encontrando la humanidad en el otro.

Otros Columnistas
Opinión
POR:
Otros Columnistas
agosto 23 de 2016
2016-08-23 08:03 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

Aunque uno de izquierda y el otro de derecha, Maduro y Trump son réplicas clónicas, populistas que apelan a instintos primitivos de carácter tribal para obtener réditos políticos y atemorizar a la población con paranoias delirantes. Ambos tienen un capital político inagotable (similar al que le da a Uribe haber parado el desmadre de las Farc), con la fuerza de la convicción que da el simplismo ignorante, expresan la reacción a las promesas incumplidas del discurso neoliberal sobre la globalización, abordan los problemas con una ignorancia y un nivel de negación de la realidad pasmosos, y reúnen todos los elementos que caracterizan al populismo entre los que en ellos destaca esta explotación del tribalismo.

Después de considerar algunos de esos aspectos, terminaré resaltando las que considero son las dos únicas salidas a esta regresión al tribalismo. El tribalismo del chavismo expresa la capacidad de negación de la realidad del historicismo stalinista, la convicción de que solo la camarilla de iluminados entiende el sentido de la historia, y de que los otros (no iluminados) intentan, por todos los medios, torpedear el inevitable progreso al paraíso del proletariado; el opuesto simétrico de la teleología neoliberal, cuyas invitaciones a la paciencia, mientras los mercados logran darnos una vida mejor a todos (Portafolio: Condenados al neoliberalismo por la globalización), han sido confrontadas con el rebote populista contra la globalización.

El horror de Venezuela fue siempre una muerte anunciada. En febrero 8 (Portafolio) establecí un paralelo entre Chávez y Mugabe, en estos términos: “para nosotros también será muy costoso desde el punto de vista económico, (pues) serán tales los problemas, que síntomas de colapso económico como el desabastecimiento le crearán a Chávez, que a él no le quedará más tiempo para seguirse entrometiendo en el conflicto colombiano (como relacionista público de las Farc, disfrazando su carácter terrorista criminal para ingenuos europeos). Lo triste no es solamente que estos proyectos políticos, que ignoran las leyes de hierro de la economía, terminan imponiendo a sus supuestos beneficiarios los ingentes costos sociales de un colapso económico. Lo triste es que con esa ignorancia destruyen preciosas oportunidades que la historia no da con frecuencia a las fuerzas políticas socialdemócratas, que se esfuerzan por crear un orden económico más justo. El desorden económico que crean los Chávez y los Mugabes es lo que menos necesitan lo sufridos pobres de los países en desarrollo; además, porque queman coyunturas políticas valiosas y excepcionales, y desacreditan el proyecto político socialdemócrata de forma costosísima para sus oportunidades futuras”.

Frente a Trump, only in America, un patán, ignorante, deshonesto, reaccionario patológico puede ser elegido presidente del mundo, simplemente porque un sistema electoral kafkiano le da el poder de decisión sobre el futuro de la humanidad, a una fracción de la población de los swing states. América tiene toda la apariencia de una democracia, incluyendo el carnaval de las convenciones en las que una fuerza política progresista, como los seguidores de ese excepcionalísimo político americano, que es el gran Bernie, logra expresarse. Pero estos carnavales ocultan lo siniestro de un sistema político totalmente controlado por las corporaciones, cuyos lobistas (particularmente de sectores que imponen costos altísimos a la sociedad: carboenergéticos, banca de riesgo, alimentos adictivos generadores de obesidad) controlan el legislativo. De hecho, si Dios se apiada de la humanidad, regresaría al poder una familia que frecuentemente ha defendido los intereses de esas corporaciones.

Al menos en dos vías se debe avanzar frente al tribalismo y exclusión. En lo sociopolítico, vivimos en un mundo despedazado por los tribalismos, en el que las fuerzas que excluyen al otro han desplazado, con la precedencia y contundencia de la exclusión traída consigo por la globalización neoliberal, las fuerzas incluyentes expresadas en la socialdemocracia europea: racismos, nacionalismos, fundamentalismos (y sus mezclas como el sionismo militante violento contra los palestinos que confunde esta agresión con el proyecto sionista, y a este con el judaísmo, como grupo religioso o étnico).

Este mundo solo puede sobrevivir si superamos la necesidad narcisista de ser diferente y superior (que encuentra en lo común racial/religioso la fuente de la propia identidad), encontrando la humanidad en el otro (como maravillosamente lo expresaba una pacifista israelita, cuyo hijo murió en enfrentamientos con los palestinos).

En lo económico, frente al populismo de izquierda se trata de, sobre la base del entendimiento de las lógicas empresariales y las dinámicas del capital, diseñar estructuras de incentivos que, con base en (y no en contravía) su racionalidad económica, logre cooptarlos en la obtención de objetivos de desarrollo colectivo. Este es un reto monumental de diseño regulatorio, pero, en condiciones de globalización, es la única vía de la sostenibilidad económica (competitividad) y social (empleo e integración contra la marginalidad).

Ricardo Chica
Consultor en desarrollo económico.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado