Otros Columnistas
opinión

Las incoherencias del bus pacifista

Otros Columnistas
Opinión
POR:
Otros Columnistas
junio 26 de 2016
2016-06-26 09:26 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

La última semana ha estado dibujada por un anhelo general que tenemos todos los colombianos: la paz. El suceso más esperado de los últimos años, de toda una vida para muchos de nosotros, parece esperanzar a un pueblo que merece poder salir a la calle sin el temor de morir por una bala perdida, el incendio de su casa, el robo de su ganado, el cobro de una “vacuna”, o peor aún, el vil secuestro o asesinato porque no tienen presupuesto para gestionar su “retención”.

Al margen de los intereses que pueden tener las diferentes posiciones que conlleva políticamente el movimiento que viene buscando acercamientos con un grupo delictivo que históricamente ha desangrado a Colombia, el debate se ha desdibujado por las interpretaciones individuales que tiene cada posición legítimamente establecida desde las urnas, en donde millones de colombianos depositamos un voto de confianza para que algunos pocos nos representen.

La pluralidad de las posiciones, los debates, la diferencia de ideas y los planteamientos contrarios a cualquier tipo de iniciativa, en vez de generar un malestar y una satanización casi criminal, deberían ser los pilares fundamentales de la integración lógica, legal y coherente de una solución que tiene que ser vinculante con todo un país. No es coherente, sano o enriquecedor, que para un proceso de paz, la rabia de quienes se hacen llamar “pacifistas”, desacredite, satanice y ridiculice a quienes desde la legalidad critican un proceso.

No puede ser que una corriente que busca la paz con un enemigo histórico y lo eleve a la condición de demócrata, mancille vilmente la postura de quienes desde la constitución y no desde las armas, ejercen su derecho de pensar diferente. Calificativos como “terroristas”, “salvajes”, “guerreristas”, “enemigos de la paz”, “traidores”, entre muchos otros, no le quedan bien decirlos a quienes agitan su pañuelo blanco al son del “eh eh epa Colombia” y el calor de las redes sociales, para desacreditar a compatriotas a los que nunca se les puede atribuir un 1% de lo que sí hicieron quienes aún siguen teniendo el fusil debajo de la mesa.

Claro que es un motivo de alegría infinita celebrar la paz con alguien que nos ha hecho tanto daño, claro que es un momento de júbilo poder pensar que nuestros hijos van a tener un futuro menos caótico, claro que es imprescindible generar un ambiente de reconciliación y perdón en Colombia; pero, ¿por qué hacer la paz con el enemigo histórico mientras se intenta destruir semiológica y políticamente a quienes, insisto, desde lo legal tienen objeciones al proceso?

No está bien que una Senadora de la República salga corriendo de un noticiero porque no piensan igual que ella; no está bien que el hijo del Presidente tenga más memoria para desacreditar históricamente al ex jefe de su papá, mientras habla del perdón y el olvido que debemos tener con los guerrilleros; no es posible que un Fiscal se preste para perseguir visceralmente a opositores políticos, mientras exalta la transparencia del proceso de negociación del gobierno; no es elegante que decenas de amantes del proceso, mientras posan de “Magistrados de la paz”, se refieran a sus contradictores políticos como “mamertos”, “uribestias” y “criminales”.

El objeto de este escrito no es entrar a argumentar si las condiciones en las que se está negociando la paz son buenas o malas. Ya la historia nos indicará si firmar la paz con uno de los muchos males que aquejan a nuestro país nos hagan hablar de una paz integral, en donde no nos roben en la calle, no mueran de hambre nuestros niños, no se roben el dinero de la salud y la educación del país, no malgasten nuestros recursos en épocas de “austeridad inteligente”, no jueguen con el capital de los colombianos y de forma increíble, nuestros ancianos tengan que morir en las filas de los centros de salud, mientras millones de trabajadores “pelean” por una pensión por la cual trabajaron toda la vida.

Ya el futuro nos indicará si a expensas del Nobel de la Paz, estuvo bien quemar el prontuario y las memorias de los millones de colombianos que de forma directa padecieron incontables historias sin explicación, ni sentido. Desde nuestros hombres de las fuerzas militares caídos a lo largo de la historia, pasando por los cientos de familias que padecieron secuestros, extorciones, violaciones, masacres e innumerables y muy dolorosos atropellos, la realidad es que quienes son los promotores de esta paz, deben asumir de forma integral, un discurso de reconciliación y perdón con todos los actores y las partes sin excepción.

A quienes han persistido en el proceso, felicitaciones. Ojalá esta firma involucre la dejación de todos los males que nos vulneran como patria. Solo un favor, traten con el mismo aplomo y afectividad a quienes no piensan como ustedes, y así ellos no lo hagan, finalmente ustedes son quienes tienen la paloma de la paz en la solapa.

Andrés F. Hoyos E.
Comunicador social y periodista
@donandreshoyos

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado