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Logros y desafíos en materia ambiental

Para alcanzar una Colombia más sostenible hay que superar las visiones cortoplacistas y otorgar
su lugar a la protección ambiental.

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noviembre 16 de 2016
2016-11-16 10:37 a.m.
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Los impactos de la sequía de hace unos meses, producida por el fenómeno de ‘El Niño’, se vieron magnificados por los graves daños ambientales producidos por la acción humana, en particular en la cuenca Magdalena-Cauca.

Y es que con la creciente destrucción y deterioro de bosques, páramos y humedales se ha desregulado el ciclo del agua. Sectores como el agropecuario ejercen una presión constante en detrimento de estos ecosistemas, como lo muestran las acciones ilegales de drenado de los humedales de los llanos orientales para dedicar esas tierras a la agroindustria. Estas acciones ocasionan, por ejemplo, una disminución de la capacidad de estos ‘amortiguadores’ naturales de alimentar los caudales de los ríos en épocas de sequía.

Esa misma desregulación del ciclo del agua magnifica también los efectos de ‘La Niña’, como lo demostró la tragedia invernal 2010-2011. En este caso, aquellos ecosistemas no tienen la capacidad de capturar las aguas producto de las prolongadas e intensas olas de lluvias y, entonces, se detonan las grandes inundaciones con graves perdidas en vidas, cultivos e infraestructura.

Estas situaciones podrían empeorarse si no se detiene el incremento de la destrucción y deterioro ambiental por la que hoy atraviesa el país. Por fortuna, hay logros. Una buena medida es el aumento de las áreas protegidas, una meta en la cual el país ha hecho notables avances en los últimos cuarenta años. Y el gobierno del presidente Santos ha anunciado que incrementará las áreas de parques nacionales en cerca de 3’000.000 de hectáreas. Sin embargo, Colombia sigue siendo uno de los países que menos recursos invierte para proteger sus parques nacionales en Latinoamérica.

También hay logros en el ámbito local. Así, por ejemplo, hoy se reconoce que los cerros orientales en Bogotá son un activo que no solo provee a la capital de servicios ambientales irreemplazables, sino que les entrega espacios de recreación y conexión con la naturaleza a sus ciudadanos. No ha sido fácil defender esta reserva, ni otras reservas y parques nacionales, que aunque requieren mayores esfuerzos de protección, son una gran victoria del ambientalismo, considerando los grandes intereses económicos que, con frecuencia, los rodean y los amenazan.

Pero la protección ambiental va mucho más allá de los parques nacionales. La erradicación de la minería ilegal y de los cultivos ilícitos, con sus indecibles secuelas ambientales y sociales, es un reto enorme. Durante décadas, los grupos armados al margen de la ley han dominado zonas ricas en minerales y madera, y las actividades de extracción que en ellas ocurren.

De alcanzarse la paz, existe el riesgo de que quienes no se reinserten a la vida legal se dediquen a extraer, de manera ilícita y destructiva, esos recursos, pues ellos conocen bien de su ubicación y posibilidades. La competencia, y la guerra, entre las denominadas ‘bacrim’, por el control de la extracción ilegal de minerales y madera, y por el cultivo de la coca, podría incrementarse. Es imperativo, entonces, desarrollar las más diversas estrategias para evitar que el posconflicto termine siendo peor que el conflicto.

Ello incluye, además de las medidas de policía, una reorientación de las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR), para que trabajen en conjunto con las comunidades buscando soluciones concretas a los retos que conlleva el posconflicto. Y es que son los miembros de las comunidades quienes conocen mejor su territorio y los caminos para alcanzar la paz con la naturaleza.

Colombia tiene una gran oportunidad de desarrollar sistemas productivos sostenibles. Es posible conectar la sostenibilidad ambiental con el desarrollo, llevando a cabo proyectos productivos que sean compatibles con la protección de los ecosistemas y sus servicios, los cuales son absolutamente críticos para el bienestar de la sociedad, en general, y para el éxito de los negocios, en particular. Hay grandes empresarios (se requieren muchos más) que están convencidos de que esto es necesario y factible, y que están adelantando sus iniciativas con este pensamiento en la mente.

Lamentablemente, ocurre, a menudo, que grandes esfuerzos adelantados por el gobierno o las comunidades para proteger el patrimonio natural se echan por tierra. Es el caso de la Reserva van der Hammen que, después de un proceso para su creación y planificación que cumplió 18 años, el alcalde Enrique Peñalosa intenta urbanizar, no obstante que se ha demostrado, hasta el cansancio, su importancia ecológica y recreacional para Bogotá y la Sabana. Además, en reciente entrevista a la revista Semana, Luis Guillermo Plata, presidente de Probogotá ha afirmado que en el Distrito Capital existe suficiente tierra para urbanizar en los próximos 30 años, sin necesidad de tocar la reserva. Con ello se invalida contundentemente el principal argumento de Peñalosa según el cual si esta no se urbaniza se pone en riesgo el futuro de la ciudad.

Para alcanzar una Colombia más sostenible es necesario superar las visiones cortoplacistas y otorgar su debido lugar a la protección ambiental, lo cual redunda en el bienestar de las presentes y las futuras generaciones. El desarrollo sostenible no es una lucha entre dos bandos, es una meta que hay que alcanzar en conjunto. Bien lo dice un proverbio africano: ‘si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado’.

Manuel Rodríguez Becerra
Profesor titular, F. de Administración, Universidad de los Andes.

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