Otros Columnistas
formación 

Los emprendedores: campeones olímpicos

Las teorías de la motivación, del mejoramiento continuo, están en deuda con las tesis que durante años se forjaron en los campos de entrenamiento.

Otros Columnistas
Opinión
POR:
Otros Columnistas
septiembre 28 de 2016
2016-09-28 05:55 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

El deporte es un catalizador de la formación gerencial que ha aportado enseñanzas muy provechosas a directivos y emprendedores. Las teorías de la motivación, del mejoramiento continuo, de logística, están en deuda con las tesis que durante años se forjaron en los campos de entrenamiento y de la confrontación deportiva. Vale la pena dar un repaso a los logros de nuestro país en los pasados juegos de Río de Janeiro para estudiar sus procesos y resultados, a la luz de la óptica de la gestión gerencial.

El desempeño de la delegación colombiana fue el mejor de su historia. Aunque se obtuvo el mismo número de medallas olímpicas que en Londres 2012, por primera vez se conquistaron tres de oro. Y aquí lo que más vale es el oro: el ganador. Ya lo decía Ayrton Senna: “el segundo es el primer perdedor”. Lo mismo pasa en el contexto gerencial.

Es necesario señalar que el trabajo duro es la peculiaridad más frecuente que se manifiesta entre los campeones y emprendedores de éxito. Ambos hacen sus tareas con tesón todos los días y si un atleta quiere ganar en los Juegos tiene que prepararse a diario. La diferencia es que el emprendedor siempre está compitiendo mientras que el deportista, por lo menos en los Olímpicos, solo se mide cada 4 años.

Tanto en el deporte como en el emprendimiento se planea para ganar. Los atletas trabajan para la medalla; preparan su mente para triunfar como única opción para llegar al podio. Eso pasó con Caterine Ibargüen. Llevaba cuatro años trabajando por esa medalla, perseveró día y noche para lograrlo, se superó en cada prueba. Su trabajo final empezó el 5 de agosto de 2012 cuando la venció Olga Rypakova en Londres. Caterine nos mostró que la derrota fortalece. Y esto es válido para deportistas y emprendedores.

Por otro lado, es inevitable resaltar el contagioso entusiasmo de Mariana Pajón. Ella goza con lo que hace, con el BMX. Sus palabras: “todos los días de mi vida son felices”, apuntan a algo que comparte con los emprendedores: ambos saben que el primer paso para el éxito es la pasión y el gusto por lo que hacen. Los demás tendrán poca posibilidad de triunfar.

Recordémosla levantando su bicicleta, simbolizando que ella no era la única que había ganado, sino que detrás había una cantidad de experiencia, trabajo y personas, todas tratando de acertar. Pero lo más loable fue la gallardía con que aplaudió a sus contrincantes. Así son los emprendedores, animan a los otros y respetan sus logros.
Saben que entre ellos no existe la competencia brutal, sino una especie de colaboración cuando se puede y competencia cuando toca: “coopetencia” en el lenguaje corporativo.

Es necesario destacar a los deportistas que aspiraron pero no ganaron la medalla de oro. Uno de ellos es Yuberjen Martínez, un campeón que quería la casa para su mamá. Fue el hombre que sentenció con la sapiencia de nuestro pueblo: “el objetivo no se cumplió, pero el sueño sí”. Este aforismo aplica al emprendimiento, donde se dice que el retirarse no es perder; es la oportunidad de volverlo a intentar. El verdadero fracaso es nunca haberlo intentado.

Miremos otro caso admirable: a Leidy Solis, que perdió el bronce en los 69 kilos del alzamiento de pesas, no le tembló la voz para decir que la culpa solo había sido de ella.
Obró como emprendedora genuina: nunca hay disculpas; ni el gobierno, ni el mercado, ni la competencia, ni la mala suerte. La recuperación empieza por la autocrítica. De no ser así, quedarán tumbados por el knock-out de la arena competitiva.

Yo mismo, como empresario y como profesor, he escuchado a muchos colegas decir que la vida era muy dura y que por eso se retiraban. Solo aquellos cuyos deseos de triunfar están por encima de sus desfallecimientos efímeros, son los que crean la riqueza que necesita el desarrollo económico. El ciclista Fernando Gaviria dijo unos días más tarde: “sigan confiando en mí porque algún día esta tristeza que siento se convertirá en una alegría grande”. Esta es una lección maravillosa para los emprendedores que están en ciernes.

Son inolvidables las lágrimas que vimos en nuestro gladiador Oscar Figueroa. Los emprendedores también lloran y muchas veces por triunfos pequeños. Hace algunos días, un aguerrido empresario me confesó: “cuando algún empleado me dice que puede casarse con su novia de años y formar un hogar porque ya tiene un empleo seguro, o cuando con agradecimiento me cuentan que a su papá lo salvaron en un hospital gracias a las afiliaciones de salud de la compañía y cuando con orgullo me muestran el diploma de excelencia ganado por su hijo al finalizar el año en un colegio que había podido pagar con un préstamo de la empresa, los felicito. Pero cuando salen, miro por la ventana que da a la calle y boto alguna lágrima de satisfacción”. Esas son las medallas del emprendedor.

Fabio Novoa Rojas,
profesor de INALDE Business School.

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado