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Medición de fuerza bruta a expensas de la paz

Esta carrera del plebiscito, que parece más un ring político de medición de fuerzas, le ha quitado la esencia fundamental al significado de la paz.

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agosto 07 de 2016
2016-08-07 08:19 p.m.
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El debate nacional y su discusión, parece estar llegando al colmo de la polarización al pensar que un plebiscito en el que nunca se tuvo en cuenta a un gran porcentaje de colombianos expresados en la oposición a formas impuestas y casi a ciegas, diera para hacer pensar que lo que se está firmando es la glorificación de los seguidores de la Madre Teresa y todos los Santos a favor del Sí, y la condena eterna de “los guerreristas” y “endemoniados resentidos” a favor del No.

La paz, una de las consecuencias más puras y anheladas por cualquier ser humano, amparada en derecho fundamental a estar vivo; para cualquier colombiano es una condición con la que no hemos tenido la oportunidad de vivir en nuestra historia. Por el contrario, hemos tenido que padecer a diario, los resultados de una guerra absurda en la que millones de inocentes, han puesto el pecho, la vida de sus familias y su bienestar, a expensas de bandos que en medio de su ideología han establecido el camino de las armas como discurso para expresar sus ideas.

Esta carrera del plebiscito, que parece más un ring político de medición de fuerzas personales, le ha quitado la esencia fundamental al significado de la paz. Desde ataques personales de lado y lado; un promotor de paz sin condiciones y su familia, atacando con mensajes desdibujados de su discurso a los que también aspiran la paz pero con garantías; esa misma oposición que con apasionamiento está negada a cualquier propuesta que venga de su contradictor político; y un sinnúmero de lagartos viendo a cuál bus se montan, han vulgarizado un fin sensato y merecido, y lo han tergiversado al punto de generar opiniones en los votantes, sin tener conocimiento de lo que tiene que preferir en las urnas.

Por una parte, sería de suponer que un acuerdo avalado por los colombianos, tuviera que votarse antes de implementarse y no al contrario; sería de esperar que los umbrales establecidos para este tipo de iniciativas no se hubieran tenido que disminuir a su mínima expresión si los acuerdos tuvieran justificaciones que se vendieran solas y no a partir de campañas políticas para incitar a la gente; sería sensato esperar también, que una iniciativa como la paz no estuviera enmarcada dentro de un marco legal de protección e impunidad para algunos, mientras nuestras cárceles sufren los hacinamientos de inocentes que aún esperan que la justicia se ponga al día después de vivir de vacaciones.

Es contradictoria la coherencia de quienes dicen Sí al plebiscito mientras de forma vulgar se encargan de atacar a sus opositores políticos con frases y campañas de desprestigio público cargadas de contextos históricos que sí pretenden borrar de pleno de quienes con las armas, el narcotráfico y el secuestro han sido los promotores de la guerra en nuestro país.

Por otra parte, Sería también de esperar que la oposición inmarcesible y terca que decidió votar por el No frente a un plebiscito que consideran “ilegitimo”, hágame el favor la contradicción; dejara sus discursos incendiarios e impermeables a expensas de una paz que necesitamos y merecemos todos los colombianos y las generaciones futuras que ojalá no se roben este país con las poses de Andrés Felipe Arias y la contundencia radical de un “porque no y punto”.

La paz, un derecho legítimo que tenemos los colombianos, debe dejar de ser una condición impuesta, vilmente utilizada como una prostituta para ir a la urnas y darle un voto político al peor Presidente que ha tenido Colombia, o al Ex Presidente más cansón que recuerde nuestra historia. La paz no es un regalo que nos entrega nuestro Gobierno, la paz es una decisión que debe surgir desde nuestra concepción individual, tanto en comportamiento como en escogencia.

No debemos caer en el juego político y mensajes estratégicos baratos, que quienes votan por el sí, son los ángeles envueltos en cortinas de seda almendradas; y quienes votan por el no, son los promotores insensatos de una guerra que empezó porque se le robaron unas gallinas hace 50 años a un tipo que con toalla al hombro, ya le había dejado una silla vacía a Colombia.

Todos los colombianos queremos la paz. Tanto quienes votan por el Sí, como quienes votan por el No. El plebiscito no es para refrendar ese mensaje, que en el fondo es mucho más complejo; aún falta firmar la paz con el ELN, con la delincuencia común, entre partidos políticos, incluso con su propia pareja y con usted mismo. Esto es simplemente un proceso de los muchos que hay que hacer para que podamos hablar de una paz verdadera en Colombia.

Amigo lector, el único fin de este escrito, además de intentar invitarlo a que no se deje involucrar vilmente en unas marañas políticas con el pretexto de la paz, es simplemente invitarlo con todo respeto a que asuma una reflexión en pro de su bienestar. Si su hijo hace algo indebido, ¿Usted lo premiaría sin condiciones?


Andrés F. Hoyos E.
Comunicador social y periodista
@donandreshoyos

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