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Momento de ajustes en el sector eléctrico

El país necesita políticas que definan qué es lo que se quiere que pase en el ramo energético en 20 años, con un comienzo, una transición y un final.

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diciembre 11 de 2016
2016-12-11 11:27 a.m.
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El año que está por terminar fue muy difícil para el sector eléctrico y, en particular, para el funcionamiento del mercado de energía mayorista. En el primer semestre, debido al fenómeno de ‘El Niño’, el país estuvo muy cerca de no tener suministro de energía eléctrica, no por que no tuviéramos la capacidad física de hacerlo, si no porque financieramente las empresas de generación térmica tuvieron un estrés producido por la mala definición de la variable precio de escasez, que es el valor al cual se les paga la producción de energía. Vale la pena mencionar que las pérdidas de las empresas de generación térmica fueron de 730 mil millones de pesos, mirando el 2015 y el primer trimestre de 2016.

En el segundo semestre, la situación de Electricaribe volvió a poner en vilo al sector, toda vez que una de las empresas de distribución y comercialización más grandes, la cual atiende casi el 25 por ciento de la demanda del país, entró en una situación financiera gravísima haciendo pensar que se podía producir una cadena de impagos en el ramo, que amenazaría con llevarlo, mediante un efecto dominó, a su colapso.

Desde diferentes gremios y empresas del sector se ha pedido un ajuste estructural al funcionamiento del mercado eléctrico colombiano, el cual cumplió 20 años recientemente y cuyas reglas de operación fueron diseñadas por la Creg en la década de los noventa. Lamentablemente, hoy no tenemos un ajuste profundo, sino arreglos en las tuercas y tornillos –como en una bicicleta vieja– sin pensar más bien en migrar a un modelo más reciente y ya probado en otros países.

El Gobierno Nacional, una vez concluida la crisis de ‘El Niño’, reconoció que era necesario identificar qué cosas no estaban funcionando bien para poder hacer ajustes de fondo que mejoraran el funcionamiento del mercado. En esta línea, el Departamento Nacional de Planeación inició desde comienzo de año un estudio de política sectorial que busca identificar las mejores prácticas de mercados eléctricos mucho más avanzados que el nuestro –a pesar de haber sido nosotros un referente en la década de los 90–, y cuyas recomendaciones, en general, son sensatas para pensar en un ajuste de fondo. Dicho análisis terminó a mediados del año, e incluso la Creg, adicionalmente contrató expertos internacionales para que analizaran lo que no había funcionado durante la la época de ‘El Niño’ y cómo corregirlo.

Sin embargo, parece que con el primer aguacero de la temporada de lluvias las prioridades y las preocupaciones desaparecen, el ritmo de trabajo disminuye y se quita el acelerador a los ajustes que se requieren. Preocupa muchísimo que todos estos estudios queden en anaqueles, no en documentos de política pública y resoluciones de la Creg, que permitan ajustar, de fondo, el esquema de mercado.

Es necesario hacer ajustes y este es el momento. La Upme, en sus diferentes análisis, como el Plan de Expansión de Transmisión y Generación y el Balance de Gas Natural, ve como críticos los años 2021 al 2023, en los cuales se podría necesitar nueva capacidad de generación, transmisión y nuevas fuentes de producción o importación de gas natural.
Tenemos un lustro para que esto suceda, pero no es claro cómo vamos a hacer los ajustes necesarios para que en cinco años, o menos, si otro ‘Niño’ severo se atraviesa, no caigamos en un déjà vu de las dificultades padecidas a finales del año pasado.

Esta incertidumbre y riesgos no son buenos para el sector: la inversión no llega, los costos se incrementan, los usuarios sufren y se pierde la confianza de la banca, entre otras consecuencias. Solo para poner un ejemplo, antes de la crisis, el sector eléctrico era de los que menores tasas de crédito tenía, ya que contaba con DTF + 200 puntos básicos en promedio. Hoy, la situación es totalmente diferente: la tasa es DTF + 1000 puntos básicos, lo cual produce un encarecimiento del costo de capital y, por ende, una pérdida en la capacidad de atraer inversión.

Lo que siempre se ha pedido en el ramo es claridad en la política sectorial, y no necesariamente que le digan a las empresas qué hacer. Se requiere una política que defina qué es lo que se quiere que pase en el sector energético en 20 años, con un comienzo, una transición y un final, para que así el regulador sepa para dónde vamos y no se pierda navegando a la deriva, en la aguas profundas de la regulación económica.
Mientras esto no suceda, seremos incapaces de incorporar energías renovables, de tener formación de precios eficientes, mercados profundos, mercados de contratos estandarizados como Derivex, participación activa de la demanda, señales de expansión de transmisión oportunas, ajustes en los mecanismos de expansión de generación y su confiabilidad, entre otros.

Este sector no puede carecer de una política pública clara, y que sea el regulador el que, en su ausencia, la va dictando. No nos puede pasar que, como las lluvias apaciguaron el incendio, nos confiemos. Los rescoldos de la brasa podrían coger fuerza nuevamente y desatar otra crisis indeseada.

Alejandro Castañeda Cuervo
Director Ejecutivo, Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg).

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