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No hay con qué

Colombia no tiene con qué reemplazar en el mercado de EE. UU. a aquellos países que resulten discriminados por la política comercial estadounidense.

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febrero 26 de 2017
2017-02-26 12:23 p.m.
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Desde hace tres décadas, el país adoptó políticas estructurales para mejorar su competitividad, acelerar el crecimiento y elevar el bienestar social. Al igual que otros países latinoamericanos y asiáticos, Colombia decidió avanzar en una agenda que permitiera elevar la productividad laboral. Para ello era necesario el concurso del sector privado, el Gobierno y la academia. La agenda tuvo un impulso en 2007 cuando se creó el Consejo Privado de Competitividad, y la propuesta, con respecto a la visión vigente en los años 90, fue el énfasis en el despliegue de las estrategias generales a las regiones y la necesidad de la transformación productiva. En su último informe, el Consejo hace un balance: en los últimos 10 años, Colombia avanzó muy poco en competitividad, pasó del puesto 63 (2007) al 61 (2016).

En 2007 se buscaba tener un perfil de economía exportadora de “bienes y servicios de alto valor agregado e innovación” al 2032. Pero el boom de commodities de la década pasada está alejando al país de ese logro. ¿Se trata esto de un hecho pasajero o estructural? ¿Debemos corregir el rumbo y perseverar en el objetivo de diversificar las exportaciones? Este es un asunto complejo que requiere estudio, al menos, en dos aspectos.

Primero, el entorno externo ha complicado la tarea: el auge de los precios de bienes básicos aumentó la dependencia externa de productos primarios, se perdió a Venezuela y el comercio global muestra desaceleración desde 2013 (López, López y Montes, 2015).

Entre 1991 y 2012, el comercio global creció a tasas altas, 8,1% promedio anual. Pero cambió la configuración de esos intercambios. Se redujo el dinamismo del comercio de EE. UU. y Europa, y se aceleró el de Asia. El comercio mundial de exportaciones industriales representó el 75% del total, en particular de bienes de capital. La participación de combustibles y productos de la industria extractiva fue del 16%, por el alza de precios desde el 2004. Por primera vez en cuatro décadas, en 2013 el comercio creció más lentamente que la economía global, 3%, comparado con 7,1% promedio en 1987-2007.

En Colombia, los bienes industriales exportados de alta tecnología han sido del 2%, y los de mediana tecnología, del 13%. Entre 71 países analizados en un estudio del Banco de la República (Borradores de Economía, No. 885), que representan el 80% del comercio mundial, Colombia es el quinto con mayor concentración en exportaciones; se ha alejado de la estructura de países desarrollados y aproximado a la de los exportadores de petróleo. Pero no tiene ventaja comparativa en estos productos: es exportador marginal.

Entre 2001 y 2008, hubo algún desempeño exportador industrial de productos con baja y mediana tecnología: el 60% fue a países de la CAN, pero Venezuela dejó de ser socio importante. En cuanto al comercio intraindustrial fue bajo entre 1992 y 2012, y relacionado con manufacturas basadas en recursos naturales. Colombia perdió su ventaja comparativa revelada en manufacturas diversas, artículos manufacturados y productos químicos: lo que tenía en 1994 y 2008, lo perdió en 2012.

Segundo, la política pública no ha sido coherente ni continua (Reina y Castro, 2013). La falta de una definición acerca de hasta dónde debe el Estado promover el desarrollo productivo es aprovechado por fuerzas que buscan mantener el statu quo, captura de rentas públicas y mantenimiento de un patrón de desarrollo tradicional de baja productividad.

En 2016, las exportaciones totales cayeron 13%, con respecto al 2015: pasaron de 35.690 a 31.045 millones de dólares. La caída se explica por el descenso de las ventas externas de combustibles y productos del extractivos en 21,7%. El total de las exportaciones tradicionales, que incluye productos agrícolas, cayó 19,6%, mientras las no tradicionales se contrajeron solo 2,7%.

Sin embargo, el comportamiento de las ventas externas en diciembre confirma una recuperación paulatina de las exportaciones tradicionales, con un crecimiento de 43% del renglón de petróleo y minerales, y de 50,6% del grupo de productos agropecuarios. Las no tradicionales crecen, pero a tasas inferiores (11,7%), afianzando el perfil primario exportador de Colombia.

En el destino de las exportaciones no tradicionales se destaca México, con un crecimiento de 10,3% en 2016. Las ventas de manufacturas a Ecuador, Perú y Venezuela explican gran parte de ese comercio, pero hubo decrecimientos de las exportaciones de 15,7%, 11% y 37%, respectivamente.

Los principales destinos de las ventas de productos no tradicionales son EE. UU. y la UE, que compran alimentos y bebidas, y algo de manufacturas. Sin embargo, las ventas crecieron en 2016, apenas 2,8% y 4,4%, respectivamente.

El país más dinámico como destino de las exportaciones no tradicionales es México, con un crecimiento de 13% de las ventas industriales, la tercera parte están en el renglón de vehículos, 24%. Y la venta de productos de mayor valor agregado como productos químicos y materias plásticas, le abre la puerta Colombia para diversificar las exportaciones hacia productos más elaborados que involucren mayores grados de innovación y sofisticación.

Frente a estas realidades y la coyuntura ¿Colombia tiene con qué reemplazar en el mercado de EE. UU. a países que resulten discriminados por la política comercial estadounidense? No. Las ventas de textiles a la UE crecieron 109% en 2016, pero fueron solo de US$5 millones y representaron el 0,04% de las exportaciones no tradicionales.
¿Es posible que se cumpla la visión a 2032 de vender productos con mayor valor agregado e innovación? Depende de lo que el país se proponga de manera seria y consensuada. El crecimiento de las exportaciones amplía las posibilidades de desarrollo de un país. Si lo hace con base en productos primarios, el crecimiento será volátil y pondrá en riesgo los logros en reducción de pobreza. Si es bienes y servicios de mayor valor agregado, deberá fortalecer los instrumentos sectoriales y transversales de política pública.

Astrid Martínez
Investigadora Asociada de Fedesarrollo.

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