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Para seguir moviendo a Colombia

Los colombianos contamos con un suministro continuo del combustible que le permite al país estar en movimiento, y que, a veces, damos por garantizado.

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septiembre 05 de 2018
2018-09-05 07:49 p.m.
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La imagen de largas filas de carros en una estación de servicio a la espera de abastecerse de combustible no es usual en Colombia, porque nuestro país cuenta con una red de distribución robusta y organizada, y un sistema de abastecimiento confiable. Pero esto no significa que sea infalible. Es más, se requieren cambios de fondo que conduzcan a una mayor competencia, pensando en los consumidores y en la sostenibilidad fiscal del país.

Colombia cuenta con dos importantes refinerías, propiedad de Ecopetrol, que producen 220.000 barriles diarios de gasolina, acpm y turbo combustible de aviación (Jet A1). Así mismo, para cubrir la demanda, importa desde los puertos de Cartagena y Pozos Colorados, en Santa Marta, cerca de 50 mil barriles día. El producto local e importado es transportado a través de la red de poliductos de Cenit (empresa filial de Ecopetrol) hasta las plantas de almacenamiento, ubicadas en los terminales cercanos a las principales ciudades (Barranquilla, Bucaramanga, Medellín, Bogotá, Cali, Manizales, Pereira y Neiva). Ese proceso de transporte puede tardar hasta diez días, y es la forma más eficiente de movilizar las cantidades de combustible requerido.

Luego, en las plantas de almacenamiento o de abasto, los distribuidores mayoristas reciben y almacenan la gasolina y el acpm, los mezclan con los biocombustibles hasta una proporción del 10 por ciento y los despachan en carrotanques hacia las más de 5.000 estaciones de servicio, la mayoría propiedad de personas naturales, que, bajo 20 banderas, entre las que están Terpel, Esso, Mobil, Texaco, Biomax, Petrobrás y Puma operan con estándares de calidad y una normatividad técnica y ambiental exigentes, constituyendo una amplia red de distribución minorista. Además de lo anterior, el país cuenta con plantas mayoristas que distribuyen combustibles a estaciones fluviales, marítimas y de aviación.

Este engranaje entre Ecopetrol y los distribuidores mayoristas, en coordinación con el Ministerio de Minas y Energía, explica que los colombianos no tengan entre su historial memoria de racionamientos o desabastecimientos prolongados de combustibles líquidos. Sin embargo, a futuro la confiabilidad en el abastecimiento presenta una serie de desafíos.

La Unidad de Planeación Minero Energética (Upme), publicó hace poco para discusión el Plan Indicativo de Abastecimiento de Combustibles Líquidos. Según sus proyecciones, se esperan crecimientos de la demanda del 1 por ciento anual para el acpm, 2 por ciento para la gasolina y 3 por ciento para el Jet A1. En caso de no ampliarse la capacidad de refinación, una decisión que está ligada a la producción de crudo a futuro, cuyos pronósticos no son los mejores, salvo que se realice una ambiciosa tarea exploratoria en los distintos tipos de yacimientos, estos consumos incrementales necesariamente tendrán que ser cubiertos con más producto importado. Es así que actualmente el país importa el 20 por ciento de su consumo y, de acuerdo con la Upme, se prevee que dentro de veinte años se esté importando el 30 por ciento del combustible.

Frente a la creciente necesidad de las importaciones, y previendo que estas sean efectuadas principalmente desde la costa norte, el Plan recomienda como proyecto estratégico la construcción de un nuevo poliducto que conecte la Refinería de Cartagena con el interior del país, mediante la ruta Cartagena-Coveñas- Sebastopol (Antioquia). Adicionalmente, propone desarrollar inventarios estratégicos en puntos cercanos a los centros de consumo.

Pero el Plan va más allá, con razón, y considera conveniente revisar la regulación vigente a fin de promover una mayor competencia y la entrada de nuevos agentes en las actividades de importación, transporte y almacenamiento, las dos primeras hoy a cargo de Ecopetrol. De esta manera, al aumentar el número de agentes y diversificar las opciones de suministro, se disminuye la probabilidad de fallas en la operación y eventuales desabastecimientos en las estaciones de servicio. Para esto se requiere una hoja de ruta de mediano plazo, acordada con el Gobierno Nacional y con las entidades regulatorias, que apunte a una apertura y liberación gradual de todo el sistema.

Otro elemento que afecta fiscalmente al país y que puede, además, impactar la seguridad del abastecimiento, es el funcionamiento actual del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Fepc). Este fondo, creado en el 2007 con el fin de evitar grandes fluctuaciones de los precios, se ha convertido en un medio para subsidiar la importación y refinación de gasolina y acpm. Como consecuencia, a finales del 2017 el déficit del Fepc ascendía a 9 billones de pesos y se espera que al finalizar el 2018 alcance los 14 billones de pesos. Esta forma de financiar el suministro de combustibles no es sostenible en el tiempo y requiere urgente revisión, entendiendo la sensibilidad del mismo.

Ante estos desafíos, es el momento de poner el tema entre los primeros lugares de la agenda sectorial: efectuar ajustes al FepC, desarrollar nueva infraestructura de transporte, y promover competencia en las diferentes actividades de la cadena de distribución y en todas las regiones del país, para garantizar un mercado competitivo. Hoy los colombianos contamos con un suministro continuo del combustible, que le permite al país estar en movimiento, y que a veces damos por garantizado. El escenario de una Nación con problemas de abastecimiento e interrupciones del servicio, sería nefasto.

Francisco José Lloreda
Presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo.

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