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Política comercial de Venezuela

El libre comercio y el socialismo de Venezuela son incompatibles. Se retiró del TLC con Colombia y México, y de la Comunidad Andina.

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mayo 11 de 2017
2017-05-11 10:55 p.m.
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El libre comercio y el socialismo del siglo XXI de Venezuela son incompatibles. El país se retiró del Tratado de Libre Comercio con Colombia y México en el 2006, y de la Comunidad Andina en el 2011. Logró entrar al Mercosur –de Lula y de los Kirchner– en el 2012, venciendo seis años de oposición del Paraguay. En diciembre del 2016 fue suspendido por incumplimiento de sus obligaciones en materia de derechos humanos y comerciales, pues no ha adoptado 116 Resoluciones del Mercosur. Maduro, sin sonrojarse, respondió que ha cumplido con el 95 por ciento de sus obligaciones, y su canciller Delcy Rodríguez, al no haber sido invitada al consejo celebrado en Buenos Aires, después de la suspensión, trató de meterse por la ventana.

La política comercial de Venezuela también le ha dado la espalda a la Organización Mundial del Comercio. Desde hace 15 años no se somete al examen de su política comercial como lo hacen, religiosamente, los demás países. Tampoco cumple con la obligación de transparencia de notificar sus medidas comerciales (sanitarias, licencias de importación, valoración en aduanas, propiedad intelectual, entre otros), ni tiene registrados los puntos de contacto de sus autoridades. Su política comercial es opaca e impredecible.

La canasta exportadora venezolana consta casi, exclusivamente, de petróleo, pues, a falta de insumos, la producción nacional colapsó. Su principal socio comercial es su archienemigo, Estados Unidos. El comercio con su archiamigo, Cuba, es trueque: petróleo a cambio de profesionales de la salud y de la seguridad pública. Con China y Rusia tiene otra forma de trueque: créditos pagaderos con petróleo; actualmente está colgado en los pagos.

El arancel promedio para la agricultura es del 11,9 por ciento, y para la industria, 13 por ciento. Pero los dos mayores obstáculos al comercio son la exigencia de licencias de importación y el monopolio de la moneda extranjera ostentado por el gobierno. No obstante, las importaciones de las empresas del Estado no necesitan licencias ni tienen que pagar aranceles.

Venezuela está clasificada en el puesto 187 de 190 en la medición realizada por el Doing Business sobre la eficiencia de los trámites del comercio transfronterizo (solo supera a Eritrea, Yemen y el Congo). El procedimiento para una importación dura 46 días, para una exportación 22 días, y para sacar una mercancía de la aduana, 10 días.

El valor de todas las variables del sector externo están en caída libre. En el 2016, las importaciones cerraron en 18 billones de dólares, habiendo alcanzado un pico de 59,1 billones de dólares en el 2012; las exportaciones de petróleo cayeron a su peor nivel, con una producción de apenas 1,2 de millones de barriles diarios frente a un pico de 3 millones; las reservas internacionales cayeron a 10,4 billones de dólares (Colombia tiene 47 billones de dólares), el 71 por ciento de las cuales están representadas en oro. Las ventas de Colombia a Venezuela, que alcanzaron un pico de 6,1 billones de dólares, cayeron a 614 millones.

La política comercial de Venezuela deja varias lecciones:

1. El comercio exterior no explica el nivel general de empleo de un país: la tasa de desempleo en Venezuela es del 21 por ciento, mientras que su balanza comercial, históricamente, ha sido positiva (Estados Unidos tiene el mayor déficit comercial del mundo, pero su economía, según el Federal Reserve, tiene casi pleno empleo).

2. El comportamiento de las importaciones es un indicador de la vitalidad de una economía; la caída de las importaciones es síntoma de una economía anémica.

3. La protección comercial no es la mejor política industrial, pues encarece los insumos y afecta negativamente la competitividad.

4. Para exportar hay que importar: Venezuela solo exporta un producto, al que no le agrega valor.

El gobierno de Maduro le teme a dos cosas: dejarse contar y un default. Ante la escasez de divisas, prefiere importar menos medicamentos y alimentos que dejar de pagar la deuda; un default significa el embargo de sus activos petroleros, empezando por las cuentas en los bancos internacionales. A la oposición la controla con el Ejército y con el aparato de justicia. A las protestas de la opinión pública internacional, les presta oídos sordos: que nadie se meta con Venezuela, repite constantemente Maduro.

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