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Qué será lo que quiere Corea del Norte

El mundo vive la amenaza de una guerra entre el país más poderoso, militarmente, y el poseedor de la fórmula de la bomba atómica.

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septiembre 10 de 2017
2017-09-10 10:01 a.m.
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El mundo está viviendo hoy la amenaza de una guerra entre el país más rico y poderoso, militarmente, del planeta y uno de los más pobres, pero poseedor de la fórmula de la bomba atómica y de la tecnología de cohetes.

Cada una de las dos partes apunta el dedo acusador hacia la otra para señalarlo como agresor. Corea del Norte, desobedeciendo las resoluciones de Naciones Unidas que lo obligan a desmantelar su programa nuclear militar, ha realizado seis ensayos nucleares (el último con la bomba H), y múltiples pruebas de misiles balísticos, el último de los cuales voló casi 3.000 km en 15 minutos. El siguiente paso es ponerle la carga al misil. Ha amenazado con lanzarle la bomba atómica a Estados Unidos. Pyongyang alega que ha tenido que recurrir a su programa nuclear como medida de seguridad nacional en defensa de su soberanía, y que los ejercicios militares conjuntos Estados Unidos-Corea del Sur son una agresión, pues son ruidos de sable contra los cuales tiene que defenderse.

Aunque la crisis de la península coreana es una confrontación entre Estados Unidos y Corea del Norte, Estados Unidos quiere meter en el baile a China. Para asfixiar económicamente al régimen de Pyongyang, el presidente Donald Trump ha amenazado con imponer sanciones a aquellos países que mantengan intercambios comerciales con Corea del Norte. Pero, a propósito, el consumo de petróleo y de comida en Corea dependen crucialmente de las importaciones provenientes de China, por lo cual la suspensión de ese suministro sería un ataque mortal a esa economía. En ese escenario, China se convertiría en otro agresor, y sus autoridades aseguran que daría lugar a una confrontación China-Corea del Norte, para la felicidad de Trump.

Sobre la mesa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas hay dos propuestas: el endurecimiento de sanciones y la negociación. Estados Unidos no quiere sentarse a negociar, “enough is enough”, dijo la embajadora Nikki Halley, y anunció la presentación de un nuevo paquete de sanciones. Lo apoyan Corea del Sur (pide cortar el suministro de petróleo), Japón y otros seis países más. China y Rusia proponen la suspensión tanto de los ejercicios militares Estados Unidos-Corea del Sur, como de los ensayos nucleares y de misiles balísticos de Corea del Norte. Existe una tercera opción, de Trump: “Corea del Norte solo entiende una cosa”, y dejó la frase trunca.

Para la embajadora Halley, la propuesta suspensión-suspensión es un insulto, lo que quiere Corea es guerra, dijo. China ha sido tajante en decir que no permitirá la guerra y el caos en la península de Corea. Rusia se opone a que Estados Unidos acumule más fuerza en las puertas de su territorio.

Un ataque preventivo de Estados Unidos contra Corea, no luce como una buena solución. Dicha ofensiva se llevaría a cabo sin la autorización del Consejo de Seguridad, necesitaría el permiso de Seúl y no se podría usar el factor sorpresa (hay que concentrar fuerzas primero). Pyongyang tendría el tiempo para responder con un ataque masivo de artillería a la población civil de Seúl.

Todo parece indicar que no hay nada que pueda detener el programa nuclear de Kim Jong Un. La fórmula de Estados Unidos de endurecer las sanciones sería leída en Pyongyang como otra agresión que justifica su respuesta militar. Además, los precedentes de Irak y Libia no ayudan, pues los regímenes de Sadam Hussein y de Muammar Gaddafi fueron decapitados por la superioridad de fuerzas de la alianza de países liderada por Estados Unidos. Ucrania entregó todo su arsenal nuclear a cambio de ser reconocida por la comunidad internacional como país independiente; hoy es un país que se lo disputan potencias extranjeras. Para el presidente Trump, Kim Jong Un es un tipo bastante inteligente; de serlo, muy seguramente tiene bien aprendida la lección y no renunciará a su arsenal nuclear, pues, es su seguro de vida.

La actual crisis de la península de Corea no alcanza aún el nivel de peligrosidad de la crisis de 1962 entre Estados Unidos y la Unión Soviética, por los misiles que quería instalar Kruschev en Cuba. Pero Kim Jong Un mantendrá al mundo en vilo con la posesión de la bomba atómica, de un lado, y con su pueblo ahorcado por las sanciones económicas, del otro. La solución a ese conflicto es obvia.

Diego Prieto Uribe
Experto en comercio exterior.

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