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La quimera exportadora del Gobierno

Para que las exportaciones se concreten, lo primero que tiene que tener un país es una producción consolidada y rentable.

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abril 10 de 2016
2016-04-10 01:35 p.m.
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Tristemente, el Gobierno Nacional cree que la gestión exportadora es montar en un avión a una empresa nacional de la importancia de Nutresa y, por buena que esta sea, irse a unos países a tratar de que permitan la importación de un pequeño grupo de productos, como sucediera en la reciente visita presidencial a Centroamérica, como si la responsabilidad de incrementar las exportaciones recayera en una gestión de agente viajero efectuada por el Ejecutivo.

Para que las exportaciones se concreten, lo primero que tiene que tener un país es una producción consolidada y rentable, y en los últimos años lo que más se ha impulsado en Colombia es el desestímulo de la producción, en especial la agropecuaria.

Las cifras evidencian la debacle exportadora, tal cual lo publicara en este diario, el pasado 4 de abril, el doctor Gonzalo Palau: “de acuerdo con los datos publicados por el Banco Mundial, en su informe correspondiente al 2014, el valor total las exportaciones a nivel global ascendió a una cifra muy cercana a los 16 millardos de dólares (billones para los hispanoparlantes). A este gran valor, Colombia aportó aproximadamente 54.800 millones de dólares, lo que equivale, más o menos, a la tercera parte del 1 por ciento del total reseñado. En esta simple comparación se observa ya un desfase negativo, pues el Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia representa la mitad del 1 por ciento del PIB mundial. Por valor del PIB, ocupamos el puesto 28 en el ranking global, mientras que por valor de exportaciones, caemos a la posición número 53”.

Es tan grave el tema que el déficit de la balanza comercial colombiana es del orden de los 16.000 millones de dólares, a pesar de que la tasa de cambio ha contribuido a reducir las importaciones, mientras que las exportaciones no reaccionan, a pesar del estímulo cambiario. Por ello es importante analizar por qué el fracaso tan rotundo del actual Gobierno y su Ministerio de Comercio, Industria y Turismo en materia de exportaciones.

Para sustentar el déficit de la balanza comercial, el Gobierno ha recurrido al expediente facilista de atribuir todo a la caída de los precios del petróleo. ¡No señores! El tema también tiene que ver con las equívocas señales que se dan a los sectores productivos, que, cada vez más, sienten que en el país no cuentan con garantías para producir, y menos para exportar.

En el caso agropecuario, por ejemplo, está en boga una iniciativa mediática que pretende estimular la producción. Se trata de ‘Colombia Siembra’, la cual, al parecer, se sustenta en listas de inscripción de interesados más que en condiciones concretas para generar nuevas siembras, y que no brinda al productor ninguna señal clara de precio que lo motive a asumir el riesgo de ampliar el área cultivada. Obviamente, los campesinos esperanzados se inscriben para esperar que algo se les dé, pero las nuevas áreas no despegan.

Mientras se promueve lo improbable, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo la emprende contra el empresariado agropecuario, planteando eliminar los aranceles a través de una reforma arancelaria– sustentada en una presentación de Power Point–, de la que nadie conoce un verdadero estudio técnico con sus cálculos, cifras, fuentes o sustento, ni sus objetivos de política, ni mediciones de impacto fiscal y económico.

Así, al agro, encargado de hacer las mayores inversiones que permitan competir en los mercados locales e internacionales, se le castiga sin ningún sustento técnico/económico, se le imponen reducciones arancelarias y solo se le convoca para notificarlo de las decisiones. Ese es el tratamiento que hoy se da a ese empresariado empleador, tributarista y generador de estabilidad política y social en las regiones.

Otro tanto dicen entre bambalinas algunos subsectores industriales, que también cuestionan las iniciativas. Lo cierto es que para la dogmática administración actual, cualquier arancel o instrumento comercial que le ayude al sector productivo es un enemigo, no es viable imponer ningún mecanismo de defensa que lo pueda beneficiar, y se abandona a su suerte a fin de favorecer, de manera selectiva, algunos eslabones de la producción, lo cual hace muy cuestionable el proceder gubernamental.

Así, desde noviembre del 2010 se ha realizado una reforma arancelaria, la reducción y limitación de aranceles en el caso del azúcar, su reducción temporal en oleaginosas, fríjol, lenteja y ajo y se promueven permanentemente, por parte del Gobierno, todo tipo de iniciativas para eliminar cualquier tipo de instrumento comercial que ayude al sector.

Lo cierto de todo esto es que si las exportaciones de Colombia reaccionan, solo lo harán por ‘golpes de suerte’ temporales, más que por una acción decidida del Gobierno a estimular la producción y a defender el producto nacional.

Alejandro Vélez
Analista

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