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Adiós a las armas y política

Debemos asegurarnos, y las Farc en primer lugar, de que su tránsito hacia movimiento político no estará permeado por otro factor perverso.

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junio 28 de 2017
2017-06-28 08:56 p.m.
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Para nadie es un secreto el ambiente de desconfianza, incredulidad e, incluso, agotamiento que rodea el proceso de paz. Situaciones que han desembocado en una polarización dañina y en una exacerbación de la beligerancia política, en todos los escenarios. De la forma en que superemos este ambiente y, en definitiva, que aprendamos a tramitar nuestras diferencias de manera democrática y respetuosa, y a valorar generosamente la significación que tiene la superación de condiciones perversas que reprodujeron nuestra tragedia guerrerista, seremos o no, una sociedad en tránsito hacia una nación viable, respetable y respetada en todos los escenarios.

Nadie puede negar la importancia, en todo sentido, del adiós a las armas por parte las Farc, bajo la verificación y control de las Naciones Unidas, con la participación de las Fuerzas Militares. Es un hecho: Colombia tiene hoy menos armas dispuestas a asesinar. Lejos de ser simbólico, es un acto concreto y trascendente para la terminación del conflicto, y logrado en muy poco tiempo.

En Irlanda del Norte, por ejemplo, la dejación de armas nunca ocurrió a la luz pública y sucedió siete años después de la firma del Acuerdo de Viernes Santo. Con todos los tropiezos de implementación que tiene el acuerdo final, dicho logro es esperanzador.
Sabemos cuántas armas son, dónde están y que nunca se volverán a utilizar. Sin duda, la dejación de armas, a más de alejar la muerte, significa poder hacer política sin ellas.

Pero las Farc deben ir más allá. En la construcción de escenarios progresivos de confianza en los militantes de las Farc, y así su convivencia con todos los colombianos, debemos asegurarnos, y ellos en primer lugar, de que su tránsito hacia movimiento político no estará permeado por otro factor perverso: dineros ilegales o producto de actividades criminales. Es un riesgo que no podemos permitir. Esperamos que las Farc también entreguen el inventario de sus bienes y recursos, y los pongan a disposición de la reparación de sus víctimas.

Las Farc, si efectivamente quieren hacer política, deberán aprender a que, en el mundo actual, el matrimonio entre todo tipo de ilegalidad y la política resulta cada vez más inaceptable, peligroso y dañino. Ya dieron el principal paso; deben dar el definitivo.

Pero resultaría cínica esta exigencia si, al mismo tiempo, no somos igualmente categóricos frente a los partidos tradicionales. Exigirles y monitorear con mayor decisión.
Son inaceptables y objeto de la mayor sanción social, los avales a candidatos cuestionados, sancionados o señalados por corrupción o actos ilegales, tan frecuentes en nuestro medio político. Las elecciones del 2018 será una verdadera prueba, no solo para nuestra democracia y su capacidad de aceptar a las Farc como actor político, sino para demostrar su verdadero valor como escenario para el ejercicio de un voto y una ciudadanía crítica y activa. Y para quienes tradicionalmente han pedido respaldo ciudadano electoral. Ya no podemos ser tímidos, y debemos denunciar por todos los medios, la terrible mezcla entre corrupción y política.

Rafael Aubad L.
Presidente Proantioquia

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