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Ilusión para el 2018

La polarización política que vive el país sesga y desvía la discusión sobre lo verdaderamente importante.

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enero 04 de 2018
2018-01-04 08:56 a.m.
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Terminamos el 2017 sin antecedentes en retos y oportunidades como país. La posibilidad de vivir en un territorio que resuelve sus conflictos mediante el diálogo, al desarmar a las Farc, es una muy buena condición para trazarnos una ruta de construcción de unos acuerdos mínimos por el bienestar de todos. Los efectos más nobles de desarme son evidentes: pasamos de 233.874 desplazados en el 2012 a 48.335 en el 2017; y los afectados por minas antipersonas, de 770 en el 2012 a 58 en el 2017.

Sin embargo, si no interiorizamos una visión de futuro como parte central de nuestra cultura e idiosincrasia, tal construcción será muy difícil. Tanto más, si insistimos obsesivamente en escarbar, desde cada uno, en el pasado de los otros, con ánimo revanchista. Y otros, los menos, afortunadamente, queriendo prolongar el azaroso y deshumanizado conflicto a través del crimen selectivo de los contrarios. Con los segundos, todos los colombianos no deberíamos tener vacilaciones. Aplicar la máxima de Saramago: “Quieren la guerra, pero no los vamos a dejar en paz” . Así sea un solo exguerrillero, líder social, defensor de derechos humanos, funcionario, miembro de la Fuerza Pública violentado o asesinado, es necesaria la insistencia y el respaldo de todos en el funcionamiento integral del poder del Estado.

Y en cuanto al fortalecimiento de una cultura de paz, lo primero es respetar los órganos especializados creados por nuestro ordenamiento jurídico para cerrar los asuntos del pasado como sociedad; obviamente, siendo, a la vez, muy exigentes en su conformación, calidad de sus procesos y transparencia en sus decisiones. Un sistema estricto de veeduría ciudadana para que no vayan más de allá de sus mandatos: no impunidad con los delitos atroces, verdad objetiva y no repetición. Debemos exigir la mayor sabiduría e imparcialidad a todos esos órganos.

Lo segundo, es promover una ciudadanía basada en sujetos políticos con capacidad para argumentar y defender sus ideas desde escenarios democráticos no violentos. Evitar que nuestras discusiones sobre el país se polaricen en un marco de argumentos poco elaborados o de la llamada ‘posverdad’. No pueden existir lugares y temas vedados, pero siempre con un comportamiento ético mínimo: aceptar la diferencia.

La polarización política que vive el país sesga y desvía la discusión sobre lo verdaderamente importante: ¿cómo llegar a acuerdos colectivos para impulsar agendas de desarrollo?¿Cómo pensar la resiliencia como valor estratégico de la paz positiva y del desarrollo sostenible y con equidad? La polarización mina la confianza hacia y entre las instituciones y los individuos. Los acuerdos públicos, como lo sostiene la nobel de economía Elinor Ostrom, son posibles, en la medida en que los arreglos micro permiten mayor tejido y cohesión social y promueven activos colectivos. Hay asuntos vitales que nos pueden unir rápidamente, sin distingos.

El primero es la lucha decidida y efectiva contra la corrupción como el peor mal para tener sociedades constructivas, participativas, pacíficas y generadoras de confianza. Y estoy seguro de que en las necesarias reformas a la justicia, la salud y la gestión pública, asuntos centrales como nación, nos pondríamos también de acuerdo la mayoría de ciudadanos.

Que no nos llamen en el 2018 a hablar mal de Colombia y de nuestros conciudadanos. Que nos convoquen a trabajar juntos en los temas centrales de nuestra sociedad. ¿Será mucha ilusión?

¡Feliz Año para todos!

Rafael Aubad L.
Presidente Ejecutivo Proantioquia

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