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¡Manos a la productividad!

¿Por qué no nos aplicamos a un Pacto Nacional por la Productividad, con gerencia privada, metas claras, herramientas poderosas y pactos regionales?

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julio 12 de 2017
2017-07-12 09:23 p.m.
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Son sustanciales los logros de Colombia en reducción de la pobreza y provisión de bienes y servicios públicos para toda la población. En el último quinquenio, salieron cinco millones de ciudadanos de la pobreza multidimensional. Sin embargo, la OIT y el Consejo Privado de Competitividad en su informe ‘Productividad: la clave del crecimiento para Colombia’ alertan sobre la fragilidad de estos logros, pues, en buena parte, fueron posibles por las condiciones de la economía global para el gasto social y no por mejoras en los factores estructurales de crecimiento.

Variables que, poco a poco, han cambiado: precios del petróleo, niveles de consumo de materias primas y flujos de inversión extranjera directa.

La solución pasa –cuántas veces decirlo– por un crecimiento basado en actividad empresarial formal, propósito que podemos alcanzar si definitivamente nos aplicamos, sector público y privado, con rutas precisas y medibles de productividad.

Lo reitera Paul Krugman: la productividad no es todo, pero es casi todo. Es el camino para elevar los niveles de vida y de bienestar de los ciudadanos; es trabajar haciendo más y mejor con el capital y el trabajo disponibles, y, por supuesto, la vía para generar más riqueza, empleos mejor remunerados y estables; mejores propuestas de valor (innovación) y mayor responsabilidad socioambiental.

Colombia y, en general, los países latinoamericanos, acusan un estancamiento de su productividad relativa. En el periodo 2000-2015, tuvimos un crecimiento cercano al 4 por ciento en la productividad del conjunto de los factores; mientras tanto, Estados Unidos alcanzaba el 15 por ciento, y Corea del Sur el 40 por ciento. Una cifra triste: requerimos en promedio casi cuatro y medio colombianos para producir el mismo valor agregado producido por un estadounidense.

La Ocde nos insiste en el ABC del reto: acelerar el motor de la innovación difundiendo nuevo conocimiento útil y apropiable por el conjunto del tejido empresarial, difundir masivamente tecnologías, blandas y duras, ya existentes. McKinsey (2015) señala que el 82 por ciento de los incrementos en productividad que requieren los países emergentes, se pueden dar desde la segunda vía.

El Gobierno Nacional aporta al tema desde la Política de Desarrollo Productivo, con lineamientos para priorizar apuestas productivas departamentales y propiciando mejoras en la capacidad de innovación y de transferencia entre empresas, eficiencia y efectividad en la provisión de capital humano y financiero, y un entorno que promueva encadenamientos, calidad y exposición de productos nacionales en el mercado internacional. Y la Andi y el Consejo Privado de Competitividad tiene ideas y programas concurrentes con este fin.

¿Por qué no nos aplicamos, entonces, a un Pacto Nacional por la Productividad, con dientes, gerencia privada, metas claras, herramientas poderosas y pactos regionales? Las circunstancias del país lo exigen. Si lo hacemos con la fuerza y la gestión privadas, y con continuidad, los resultados sorprenderán. Desde Antioquia, estamos dispuestos a sumar las experiencias de nuestro Pacto por la Innovación y el programa Emplanta para el mejoramiento de la productividad operativa, a este propósito nacional.

Rafael Aubad L.
Presidente Proantioquia

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