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Políticas públicas para ser mejores

Necesitamos que desde lo local expresemos todas las iniciativas que deben asociarse a objetivos nacionales.

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julio 25 de 2018
2018-07-25 09:09 p.m.
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Siempre insistimos en la necesidad de políticas públicas que trasciendan los periodos de las administraciones, entendiendo que son oportunidades reales de apuntar a la construcción de programas que lleguen a la madurez suficiente para tener verdaderos impactos. Ahora que el nuevo gobierno anuncia un diálogo activo con las regiones, es importante valorar lo que allí necesita reforzarse.

Hace unas semanas hacía referencia a una iniciativa de gestión participativa que surgió en Cartagena, bajo el liderazgo de la Fundación Mamonal, buscando un plan maestro de educación. Explicaba lo valioso del proceso, que involucró a cerca de 2.400 actores en procura de una apropiación colectiva y social del tema.

Hoy, quiero referirme a otra iniciativa. El programa reconocimiento al mejoramiento educativo para la calidad, ciudad de Medellín: Ser Mejor, que convoca a compartir las prácticas que han transformado positivamente la manera de enseñar y aprender, formas de convivir y esquemas de dirección de las escuelas. El reconocimiento comporta una serie de incentivos para los maestros, directivos y estudiantes, y tiene en cuenta todas las áreas del conocimiento, niveles educativos (transición, básica y media), sectores oficial y privado y establecimientos urbanos y rurales.

Entendiendo que el sistema lo mueven las escuelas que logran sus propósitos de educación pertinente, se ha hecho una adaptación en los reconocimientos a las instituciones, entendiendo que todas tienen puntos de partida diferentes y, en consecuencia, rutas particulares de mejoramiento.

En los enfoques se destaca la agrupación de las instituciones por grupos similares entre sí (por ejemplo, en su contexto y población), y desde allí identificar el significado de lo que hacen y lo que deberían hacer para ser mejores. Además, y con el objetivo de tener un referente de excelencia, entre las instituciones que se reconozcan se exaltará una por grupo, como la Escuela Gestión Ejemplar, que seguro se convertirá en inspiración para otras de contexto similar. Adaptaciones solo posibles gracias al uso inteligente de la nutrida información que ya tiene el país sobre las instituciones, maestros y estudiantes.

El modelo de reconocimiento incorpora un enfoque de equidad educativa, pues no deja por fuera a ninguna escuela, identifica los mejoramientos entre grupos socialmente homogéneos y distribuye los recursos destinados a premiar, pasando de reconocer seis instituciones a veinticinco.

Estamos ante una gran innovación en iniciativas que estimulan el logro escolar. Y, por supuesto, también nos deja retos para que efectivamente se documenten de la mejor manera las buenas experiencias y, especialmente, para que toda esa información se convierta en el universo de las necesidades de acompañamiento que requieren las escuelas.

El avance es positivo para Medellín, y valioso para el país, que requiere con urgencia que se abandone la lógica de oferta pública de programas generales y se evolucione hacia unos a la medida de las realidades concretas de las instituciones. Una verdadera revolución en la forma tradicional como la burocracia pública se aproxima a su papel. La educación requiere pasar del dicho al hecho y las políticas públicas locales pueden ser un verdadero insumo para contar con procesos de mejoramiento educativo sostenibles y pertinentes. Necesitamos que desde lo local expresemos todas las iniciativas que deben asociarse inteligentemente a propósitos nacionales.

Rafael Aubad L.
Presidente Proantioquia

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