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ANÁLISIS

La realidad tras las diferencias con Panamá

Las industrias colombianas de las confecciones y el calzado tienen grandes retos que no se arreglan con más protecciones en el mercado interno. 

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junio 14 de 2016
2016-06-14 07:59 p.m.
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En diciembre de 2012 el presidente Santos anunció en Medellín la expedición de un decreto que resucitarían en Colombia los aranceles específicos, práctica erradicada por lo inconveniente, desde hace varias décadas. Estos se aplicaron a las confecciones de los capítulos 61, 62 y 63, y al calzado del capítulo 64 del Arancel de Aduanas de Colombia, sin miramientos ni distingos de ninguna clase.

La primera consecuencia fue la protesta de Panamá, debido a que los nuevos aranceles son ampliamente violatorios de los consolidados en la Organización Mundial de Comercio (OMC), lo que motivó la demanda de nuestro vecino ante el Organismo de Solución de Diferencias (OSD), de la Organización multilateral, cuyo fallo inicial se produjo a finales del año pasado, confirmado por providencia proferida hace pocos días.

Los decretos 074/13, 456/14 y 515/15, fueron expedidos sin ninguna base técnica, para lo cual basta leer el acta 251 de la reunión extraordinaria presencial del Triple A del 17 de diciembre de 2012. Hubo muchas consideraciones políticas que obviamente no aparecen en la mencionada acta.

Ahora bien, si analizamos el índice de inversión de la industria de confecciones y calzado, (cifras Dane y cálculos de Fenalco) y la Encuesta Anual Manufacturera (EAM), 2001-2013, encontramos que sus inversiones en maquinaria y equipos disminuyó 69 por ciento, mientras que en calzado permaneció constante en el mismo periodo. Si no invirtieron lo suficiente, lógicamente no podrían estar en capacidad de asumir los notables incrementos en los consumos de los colombianos, en especial por el crecimiento también muy importante del ingreso percápita en ese periodo.

Nuestros confeccionistas y productores de calzado no han querido asumir los retos de la competencia producto de un mundo cada vez más globalizado, y persisten en mantenerse protegidos, mediante altos aranceles, en el mercado doméstico.

Si analizamos las importaciones de confecciones, entre el 2013 y el 2015, vemos que las provenientes de China, contra quien van las medidas, ya que Panamá no produce ni da origen, pasaron de 382,9 a 326,1, millones de dólares, con una caída del 14,8 por ciento, lo que a su vez se refleja en una disminución del 25 por ciento en peso, y, por consiguiente, un aumento en el precio implícito del 30,7 por ciento, según Legiscomex.

En calzado la situación es similar. Las importaciones de China entre el 2013 y el 2015 pasaron de 245,9 a 168,9 millones de dólares, con un descenso del 31,3 por ciento. En pares de zapatos, pasaron de 34,7 a 16,2 millones de pares y el precio implícito subió de 7,2/par a 10,4/par, 44,4 por ciento.

La primera pregunta que salta a la vista es ¿a dónde se desviaron las compras internacionales colombianas? En el caso de las confecciones, aparecen países con los que tenemos acuerdos comerciales vigentes y no se les aplican los aranceles específicos.

Las importaciones de Estados Unidos, Honduras, México y Ecuador, ahora representan el 41 por ciento, mientras que cuando entraron en vigencia los aranceles específicos eran solo del 26 por ciento. Los precios implícitos de esos países oscilan entre 2,6/kg y 11,9/kg.
En el calzado la situación es parecida, presentándose Brasil, Ecuador, México y Perú como los proveedores de bajo precio, con valores que oscilan entre los 1,2 dólares /par y 5,5/par. Las importaciones de los cuatro países mencionados pasaron de representar el 31 por ciento en el 2013 al 54 por ciento en el 2015.

Claramente, el problema no son las importaciones de China vía Panamá, el comercio se desvió en gran parte a esos países.

Como lo comentamos al principio, este decreto no tuvo ningún sustento técnico y tampoco contempló la desviación de comercio que se presentaría con elementos distorsionantes como los aranceles específicos, ya que de facto generaron una devaluación a los importadores formales, mientras que dejó las condiciones existentes, “una tasa de cambio revaluada”, a los agentes del comercio ilegal y la informalidad.

La segunda pregunta es ¿quiénes se han beneficiado con las medidas? Obviamente, los contrabandistas y la informalidad, ya que al no serlo los industriales ni los comercios formales, alguien proveyó y destruyó los esfuerzos de mercadeo y comercialización en el mercado formal, de muchos años.

Las industrias colombianas de las confecciones y el calzado tienen grandes retos tecnológicos, de personal, capacitaciones, inversiones e informalidad que no se arreglan con más protecciones en el mercado interno, ni mucho menos con aranceles específicos.
Estas medidas afectan a toda la cadena, comenzando por los mismos productores.

Guillermo Botero Nieto
Presidente de Fenalco.

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