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Reforma tributaria en EE. UU.: ¿qué puede traer para Colombia?

Hay que estar atentos a los desarrollos del proceso de aprobación, y comenzar a identificar y modelar los efectos que pueda generar en los negocios, con el fin de tomar medidas que permitan manejar los impactos.

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noviembre 26 de 2017
2017-11-26 02:58 p.m.
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Después de mucha espera y expectativa, comienza a materializarse el proceso de aprobación de la reforma tributaria en Estados Unidos, una de las promesas de campaña más importantes del presidente Trump, y que se ha considerado como la reforma de impuestos más ambiciosa desde el gobierno Reagan.

El proyecto que se conoce como Tax Cuts and Jobs Act, fue aprobado por la Cámara de Representantes el pasado 16 de noviembre, y ahora está en discusión en el Senado, en donde la propuesta tiene algunas coincidencias, así como puntos de discrepancia con lo aprobado en la Cámara. Si bien el gobierno estadounidense tiene como objetivo que la reforma esté aprobada antes de que finalice el año, existe la posibilidad que esto se pueda dilatar, pues hay múltiples grupos de interés que están buscando influir en el debate, y lo aprobado por Cámara y Senado deberá conciliarse.

Al ser EE. UU. la mayor economía del mundo y el lugar donde buena parte de las grandes compañías tienen sus casas matrices, la reforma tributaria tendrá repercusiones a nivel mundial. En Colombia, las consecuencias serían innegables, considerando que el coloso del Norte no es solo el primer destino de nuestras exportaciones, sino el originador de una parte muy significativa de la inversión directa en nuestro país. A continuación, mencionamos algunos de los potenciales cambios, y sus posibles impactos.

En primer lugar, la tarifa corporativa del impuesto de renta federal se reduciría del actual 35 a 20 por ciento, buscando convertir a EE. UU. en un destino de inversión atractivo. Esta tarifa sería menor que el promedio de los países Ocde (cercano al 22 por ciento), e inferior a la tarifa nominal que actualmente tenemos en Colombia (combinada, del 40 por ciento para 2017, y que se reduciría al 33 por ciento, si no hay cambios legislativos).

Esta reducción de la tarifa también podría traer impactos negativos para ciertas compañías, incluyendo sociedades colombianas que operan en EE. UU., que tienen escudos fiscales en dicho país (por ejemplo, pérdidas fiscales). Estas empresas planeaban recuperarlos a una tasa del 35 por ciento, pero bajo la norma propuesta solo podrán hacerlo al 20 por ciento. Lo anterior conllevaría un impacto en los estados financieros por la pérdida de valor de un activo (impuesto diferido activo).

En segundo lugar, se propone que a partir del 2018, EE. UU. adopte un sistema territorial en relación con las inversiones en sociedades en el exterior, en las que una firma norteamericana posea al menos el 10 por ciento. Bajo el régimen territorial, los dividendos que se reciban de sociedades extranjeras no serían gravados en EE. UU. La propuesta incluye un impuesto transicional reducido para utilidades acumuladas en las sociedades extranjeras hasta el 2017, y que aún no han sido distribuidas como dividendos. Este impuesto, según las discusiones actuales, estaría entre 14 y 10 por ciento, cuando las utilidades acumuladas en el exterior estén representadas en activos líquidos; y entre 7 y 5 por ciento, cuando las utilidades estén representadas en activos que no son líquidos.

De lo anterior se puede derivar que en Colombia, y en otros países, observemos importantes repatriaciones vía distribución de dividendos. Respecto de las utilidades hasta el 2017, el impuesto transicional reducido se pagaría de cualquier manera, por ello ya no habría un incentivo en evitar la distribución de dividendos para diferir el impuesto norteamericano. En el caso de las utilidades, a partir de 2018, los dividendos ya no serían gravados en EE. UU. bajo el sistema territorial.

Este nuevo sistema le pondría aún más presión a la alta tributación de países como Colombia. En efecto, bajo la normatividad actual los impuestos pagados en Colombia, por lo general, pueden tomarse como crédito tributario contra el impuesto norteamericano. Al contrario, bajo un sistema territorial, el impuesto pagado en Colombia no podría recuperarse, lo cual generaría un desincentivo a invertir en países con altas tasas de renta.

Tercero, hay ciertas normas que pueden impactar las transacciones de compañías norteamericanas con el exterior (incluyendo Colombia), haciéndolas potencialmente más costosas. La Cámara ha propuesto un nuevo impuesto (excise tax) del 20 por ciento, por los pagos que compañías norteamericanas hacen a sus vinculados en el exterior por múltiples conceptos, excepto por intereses y algunos commodities. Sin embargo, en la versión aprobada por la Cámara, el alcance de esta ley ha sido restringido, por lo que aplicaría en limitadas situaciones. Por su parte, el Senado ha propuesto una norma que permite recalcular la utilidad gravada de las compañías norteamericanas, sin considerar deducciones por pagos a vinculados del exterior, para aplicarle a dicha utilidad una tarifa del 10 por ciento, y si este monto resulta mayor que el impuesto calculado por el sistema ordinario, se pagaría sobre el mismo.

Como se observa, la reforma tributaria norteamericana puede traer profundas implicaciones a la manera en que operan las compañías en el mundo y Colombia. Por lo tanto, hay que estar atentos a los desarrollos del proceso de aprobación, y comenzar a identificar y modelar los efectos que pueda generar en los negocios, con el fin de tomar medidas que permitan manejar los impactos.

Igualmente, nuestro país debería comenzar a repensar su estrategia para competir ante la nueva realidad económica global, buscando en este escenario de reforma tributaria ser un destino atractivo para las compañías estadounidenses que tengan planeado invertir o hacer negocios en la región.

Luis Orlando Sánchez
Socio de EY

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