Otros Columnistas
análisis

La relación disfuncional entre el PIB y el mercado de acciones

Otros Columnistas
Opinión
POR:
Otros Columnistas
abril 19 de 2016
2016-04-19 08:14 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

Se lee frecuentemente cómo inversionistas profesionales utilizan cifras de crecimiento económico como elemento básico para establecer la composición de sus portafolios. Y tan pronto se publican guarismos halagüeños a este respecto, no tardan los medios en destilar entusiasmo sobre el rendimiento que se puede lograr en el mercado de acciones. Pero, y en contravía con lo que tradicionalmente se piensa, vale la pena estar enterado de que el crecimiento económico de un país no constituye un indicador válido para proyectar el rendimiento de su mercado accionario.

Sin ir muy lejos, basta observar el comportamiento por estos días del fondo iShares MSCI Brazil Capped (EWZ), que en los últimos tres meses acumula una subida de casi 48 por ciento, a pesar de los innumerables problemas políticos y económicos que ese país viene afrontando. Y cómo el mercado de acciones en Estados Unidos se mantiene bordeando sus niveles históricos máximos, en medio de vientos deflacionarios que vienen soplando hace ya varios años en todas las grandes economías.

En su libro, Triunfo de los optimistas: 101 años de retornos de las inversiones globales, los profesores Elroy Dimson, Paul Marsh y Mike Staunton, de la London Business School, publicaron un completo estudio sobre el comportamiento de los mercados financieros entre 1900 y el 2009, que involucró, inicialmente, 16 países durante esos 110 años. Para muchos, son los más importantes estudiosos del tema, y sus investigaciones se mantienen vigentes mediante publicaciones anuales en colaboración con el banco Credit Suisse.

Compararon el crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) per cápita (según ellos, la mejor medida sobre qué tanto se está enriqueciendo la gente,) y el retorno en el mercado de acciones, logrado posteriormente durante una gama de periodos. Básicamente, encontraron que no existe relación estadísticamente significativa alguna entre ellos: “el 99 por ciento de la variabilidad en el retorno de las acciones está asociado con factores diferentes a cambios en el Producto Interno Bruto, incluso en periodos tan prolongados como hasta de diez años”.

Más aún, advierten, si algo se puede afirmar, es que el PIB constituye un indicador contrario, dado que se logran mayores retornos invirtiendo en aquellas economías que vienen mostrando los crecimientos más bajos.

En cuanto a proyecciones de corto plazo, afirman, “no existe fórmula alguna que permita tomar decisiones de inversión”.

A una conclusión similar llegó el profesor Jay Ritter, de la Universidad de Florida, otro especialista en el tema. En su estudio ‘Crecimiento económico y retorno de acciones’, publicado en el 2004 y que incluyó 16 países, entre los años 1900 y el 2002, encontró una correlación negativa de -0,37 por ciento entre el retorno de las acciones y la tasa de crecimiento del PIB per cápita. Dichos países representaban cerca del 90 por ciento da la capitalización mundial al comienzo del periodo involucrado en su estudio.

Como las correlaciones suelen cambiar a través del tiempo, evaluó además los datos en 19 países desarrollados entre 1970 y el 2002, y en 13 países emergentes entre 1988 y el 2002. Las conclusiones fueron las mismas.

Sin embargo, es importante no sacar conclusiones erradas. Primero, en ningún momento los profesores sugieren que el crecimiento económico sea irrelevante. En efecto, cuando se invierte en acciones se busca participar en las utilidades de las empresas. Y estas, tarde o temprano, estarán ligadas a la situación económica. El problema que enfrenta un inversionista es que, una vez que esas cifras son publicadas, el mercado descuenta esa información de forma casi inmediata.

Igualmente, es un error inferir que predicciones acertadas por parte de clarividentes sobre el crecimiento del PIB no resultan valiosas para proyectar rendimientos. Pero la tarea se convierte en otra, no menos compleja, de identificar clarividentes. Y resulta que el retorno en el mercado de acciones es un buen indicador para proyectar variaciones en el producto interno. Y para complicar las cosas, existe alguna correlación positiva entre crecimiento a largo plazo en el PIB agregado y el rendimiento de las acciones.

Para explicar el fenómeno, el profesor Ritter se enfoca en lo que considera los dos pilares del crecimiento económico: altas tasas de ahorro (se traducen en inversión de capital y aumento en la participación laboral), y aumento de la productividad gracias a la innovación tecnológica.

Dado que esa inversión y la generación de empleo se orientan, en buena parte, hacia nuevas empresas, y presumiendo que no hay monopolios, los accionistas de las compañías ya establecidas no son los mayores beneficiados. Sí resultan siéndolo los trabajadores y los consumidores, que gracias a esa productividad ven incrementado su ingreso.

Otro posible factor es el papel preponderante de las multinacionales, cuyas utilidades dependen muy poco de las economías domésticas. Y otro, que el PIB, tal como está definido, se asemeja mucho más a las ventas que a la utilidad de una empresa. Sin olvidar que parte importante de las utilidades puede tomar atajos no muy transparentes cuando los mecanismos legales e institucionales son débiles.

En la entrega del pasado 13 de diciembre, escribían en la revista Semana que, según la Anif, “la recuperación del mercado accionario local dependerá, entre otras, del crecimiento económico, probablemente a partir de mediados de 2017”.

Me da la impresión de que los señores de Anif, para los profesores, reprobarían su curso.

Harry Adler
Asesor en inversiones internacionales.

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado