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El futuro del trabajo

De acuerdo con las transformaciones fundamentales del mundo del trabajo, ¿cómo se adaptarán
los modelos de desarrollo para ponerle fin a la pobreza?

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abril 27 de 2017
2017-04-27 09:24 p.m.
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La Organización Internacional del Trabajo (OIT) lanzará en el 2019 una nueva declaración sobre el futuro del trabajo, conmemorando sus 100 años de fundación. Las causas y consecuencias de la Primera Guerra Mundial motivaron la creación de este organismo, en otras palabras, la injusticia social a nivel global.

Por ejemplo, en 1944, tras un año de finalizar la Segunda Guerra Mundial, el escenario económico global no era nada esperanzador, lo que ocasionó que la OIT lanzará una nueva declaración, denominada ‘de Filadelfia’, con 4 grandes principios: ‘el trabajo no es una mercancía’, ‘la libertad de expresión y de asociación es esencial para el progreso constante’, ‘la pobreza en cualquier lugar constituye un peligro para la prosperidad de todos’ y ‘la lucha con incesante energía dentro de cada nación y mediante un esfuerzo internacional es necesaria a fin de promover el bienestar común’.

A pesar de este gran mensaje, con un claro enfoque de lucha contra la pobreza, la teoría dominante de desarrollo, en ese entonces ‘keynesiana’ (con su concepto básico que señalaba que una demanda agregada insuficiente era la causa del desempleo), no incluía per sé estas recomendaciones. Durante esta primera fase pionera del desarrollo de 1944 a 1957, los términos desarrollo y crecimiento económico se manejaban indistintamente en todo el mundo.

A pesar de las divergencias teóricas sobre el desarrollo, la agencia de las Naciones Unidas para el mundo del trabajo volvió con fuerza al debate internacional a finales de los años 60 con sus principios de Filadelfia, es decir, mejorar la calidad de vida y del empleo de la población en vez de centrar la atención exclusivamente en la expansión de la renta. De esta manera, en la Conferencia Internacional del Trabajo de 1975 se definió formalmente el Enfoque de las Necesidades Básicas.

Este encauzamiento, en los años ochenta, influyó directamente en un nuevo modelo de desarrollo, el cual se refiere a la capacidad de desplegar en mayor medida las capacidades humanas y ampliar el escenario de posibles opciones hacia el futuro. Esta múltiple dimensión del desarrollo ha tratado de captarse, siquiera de forma aproximativa, a través del Índice de Desarrollo Humano formulado por el PNUD en 1990.
Aunque el enfoque de desarrollo humano convive con las nuevas escuelas del crecimiento, que siguen obsesionándose en la expansión económica, su influencia permitió la formulación en el año 2000 de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, enfocados a erradicar la pobreza y el hambre.

No obstante, grandes desafíos aún quedaron pendientes, y un nuevo impulso surgió en el 2016 con el lanzamiento de la Agenda 2030, con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, divididos en cinco pilares: personas, prosperidad, planeta, paz, y alianzas. La OIT, como en décadas anteriores, volvió a influir a través de organizaciones de empleadores, trabajadores y gobiernos en la formulación de los objetivos, en especial el de crecimiento inclusivo y trabajo decente.

En definitiva, varios modelos y objetivos de desarrollo se han generado desde la Primera Guerra Mundial; sin embargo, los problemas más estructurales del planeta se mantienen. Por ende, surge una importante pregunta: según las transformaciones fundamentales del mundo del trabajo, ¿cómo se adaptarán los modelos de desarrollo en un futuro para ponerle fin a la pobreza?

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