Otros Columnistas
administración

Ser soberano no es lo mismo que ser poderoso

El hecho de que el Reino Unido esté llevando a cabo una votación sobre la membresía en la UE demuestra que es soberano.

Otros Columnistas
Opinión
POR:
Otros Columnistas
mayo 06 de 2016
2016-05-06 05:51 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

Si Gran Bretaña votara para salir de la UE en junio, ¿recuperaría la soberanía que aquellos a favor de abandonarla argumentan que ha perdido? La respuesta es que no.
El hecho de que el Reino Unido (RU) esté llevando a cabo esta votación demuestra que sigue siendo soberano. El referéndum no tiene que ver con la soberanía. Tiene que ver con la mejor manera de ejercer el poder del país.

En su folleto, ‘Sense on Sovereignty’ (sentido de la soberanía), publicado en 1991, Noel Malcolm explicó que el punto de partida para cualquier debate sobre soberanía debiera ser la diferencia entre poder y autoridad.

Un Estado soberano posee la autoridad para promulgar y aplicar leyes válidas. El poder de un Estado puede ser débil, pero no está sujeto a ninguna autoridad superior.

Hoy en día, el hecho de que las instituciones legislativas sean democráticamente responsables crea legitimidad. Un gobierno ilegítimo es despotismo.

Los Estados existen para servir a los intereses de sus ciudadanos. Los Estados pueden alcanzar dicho objetivo solo a través de la cooperación con otros Estados.

Por esta razón, el RU ha firmado 14.000 tratados. Legalmente, el RU pudiera retirarse de todos ellos. Debido a que no desea convertirse en Corea del Norte, no lo hará.

Los tratados no menoscaban la soberanía, sino que más bien la expresan. Ellos limitan el ejercicio de la soberanía con la intención de volverla más eficaz. Y lo hacen mediante la delegación de poderes.

Algunos de estos poderes son cuestiones de vida o muerte. El RU es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), por ejemplo, ya que considera, con toda la razón, que mejora la seguridad de sus ciudadanos.

¿Es la UE diferente de otros tratados? Las respuestas son: “no” y “sí”.

La respuesta es “no”, porque el RU puede obviamente retirarse. Esto sería complejo y doloroso, y pudiera conducir a la desintegración del RU, con Escocia tomando la decisión de salirse. Pero nadie trataría de detenerlo.

Por lo tanto, la membresía del RU en la UE no limita su soberanía, la cual sigue estando en manos de los representantes en el parlamento británico elegidos por el pueblo.

La respuesta es “sí”, porque, como miembro, el RU está sujeto a los tratados; a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE); y a las decisiones adoptadas por el Parlamento Europeo y por el voto de la mayoría cualificada en el Consejo.

La cuestión política en el referéndum no es la soberanía sino la delegación de poderes dentro de un sistema gobernado por tratados de obligaciones de particularmente amplio alcance.

Los cambios futuros en la relación entre el RU y la UE pudieran hacer que la membresía fuera prácticamente irreversible: la abolición del Parlamento del RU sería uno; la transferencia de plenos poderes sobre la recaudación de impuestos o sobre la seguridad pudiera ser otro; y la pertenencia a la moneda única también pudiera serlo. Pero sin tales cambios de gran alcance, el RU continúa siendo soberano.

La pregunta para el RU es si la membresía en la UE establece un equilibrio razonable entre la rendición de cuentas y la eficacia en el ejercicio de estos poderes delegados. Sí, el RU se ha comprometido a muchas cosas que muchos quisieran evitar (la libre circulación de personas, por ejemplo). Pero, en general, ¿cómo se ve el equilibrio?

Los defectos de la UE en relación con la rendición de cuentas son reales. La moneda única representa el mejor ejemplo: el abismo entre la rendición de cuentas -que sigue siendo en gran medida nacional- y la toma de decisiones -actualmente en gran parte supranacional- es evidente.

Sin embargo, el RU no es parte de esto. Los defectos de la UE sobre la responsabilidad democrática no pueden resolverse sin políticas verdaderamente supranacionales.

Esto es extremadamente improbable. Y también sería mal recibido en el RU, ya que pondría fin a la soberanía nacional.

Sin embargo, la UE también tiene que ver con efectividad. La acusación de que el presidente Barack Obama está siendo hipócrita al argumentar a favor de la membresía del RU en la UE no tiene validez.

Estados Unidos es una superpotencia: no necesita un trato tal para influenciar al mundo.
El RU no es una superpotencia: sí lo necesita. Margaret Thatcher aceptó el argumento a favor del voto de la mayoría cualificada, para crear un mercado único, por una buena razón: sin él, probablemente sería imposible.

Un asunto relevante es si los poderes delegados a la UE van más allá de lo que es adecuado para las metas que el RU busca lograr.

La respuesta, como lo señala un informe del Centro de Estudios de Política Europea (Ceps, por sus siglas en inglés), es que no.

La revisión de los “balances de competencias” del RU concluyó que los poderes delegados eran apropiados para las metas que el RU deseaba alcanzar. La repatriación de competencias debidamente desapareció de las metas de negociación del Gobierno.

La pregunta entonces es si la membresía en la UE es un adecuado ejercicio de la soberanía del RU. Sí, podemos identificar las dificultades en cuanto a la rendición de cuentas. Sin embargo, también vemos enormes ganancias en un efectivo ejercicio del poder.

La membresía le proporciona al RU una manera de participar en el futuro del continente europeo. Le da una voz y voto potentes en relación con las posiciones sobre los asuntos globales de uno de los participantes más poderosos del mundo.

La membresía amplía la capacidad del RU para influir en los acontecimientos mundiales que son de interés vital para el bienestar de sus ciudadanos, tales como el clima. Y, no menos importante, le brinda condiciones favorables de acceso a su mayor mercado.

¿Debiera buscarse una todavía más sustancial delegación de poderes a la UE?
Definitivamente no. Pero los beneficios de lo que el RU tiene actualmente - la mayoría de las ventajas con pocas de las desventajas- parecen ser no simplemente evidentes, sino realmente sustanciales.

La crítica más fuerte acerca del presidente Obama fue que él hablaba en nombre de los intereses de EE. UU., y no de los del RU. Esto es doblemente equivocado. En primer lugar, las percepciones estadounidenses de los intereses de EE. UU. son, en sí, importantes para definir los intereses del RU. En segundo lugar, los amigos sinceros a menudo ven nuestros propios intereses mejor que nosotros mismos.

La soberanía del RU no está en juego en este referéndum. Es, en cambio, una prueba de su existencia.

El referéndum tiene más bien que ver con el hecho de si el RU ha delegado poderes excesivos a la UE.

El gran logro de las negociaciones de David Cameron es establecer que el RU no va a ir más allá. Nuestros socios parecen aceptar esta posición.

Por lo tanto, el mejor equilibrio entre la rendición de cuentas y la eficacia reside en el statu quo.

El precio de una salida de la UE será una eficacia significativamente disminuida y, en el mejor de los casos, una rendición de cuentas moderadamente mejor. Ese es un precio extremadamente alto.

Martin Wolf
Columnista del Financial Times.

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado