Otros Columnistas
análisis

Sobre la venta del 20 % de las acciones de EEB

Al contrario de lo que los críticos de la operación consideran, pienso que es sano que haya más participación privada en el capital de la EEB. 

Otros Columnistas
Opinión
POR:
Otros Columnistas
noviembre 07 de 2016
2016-11-07 02:11 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

El gobierno distrital ha presentado al Concejo capitalino un proyecto de acuerdo para vender al público un 20 por ciento de las acciones de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB), con lo cual la participación del Distrito pasaría de 76 a 56 por ciento, manteniendo el control accionario de la compañía. Como siempre, ha habido críticas por parte de algunos sectores que consideran que esta transacción va en contra de los intereses del país y de la ciudad, que es un mal negocio y que la empresa se le va a entregar al sector privado ‘para que la desplume’ .

Lo primero que es necesario analizar en esta transacción es la motivación y el destino que el gobierno distrital piensa dar a los dineros recaudados (aproximadamente 3,5 billones de pesos, de acuerdo con el precio actual de la acción). Los bogotanos sabemos que la ciudad está embotellada, su infraestructura de movilidad es lamentable y es necesario recuperar el tiempo perdido en este frente. Para enfrentar este problema, el alcalde Peñalosa ha propuesto un plan de inversiones de unos 20 billones de pesos, que para ejecutarse requerirá créditos directos, aportes del sector privado y los recursos de la propuesta democratización de la EEB.

Una de las críticas es que la rentabilidad que se va a obtener con estas obras es inferior a la que se tendría si se mantiene la inversión en la EEB. En ese comentario, que ha sido expresado por algunos destacados analistas, está implícita una gran confusión sobre cómo deben entenderse los beneficios económicos de una inversión pública, frente a los de una inversión privada. Al inversionista privado solo le importan los flujos de caja que recibe directamente. Y así calcula la rentabilidad de su inversión. En una inversión pública, lo relevante son los beneficios y costos que impactan a todos los miembros de la comunidad, independientemente de que la Tesorería Distrital reciba flujos monetarios. Por eso, en proyectos de infraestructura vial lo fundamental son los ahorros en tiempos de viaje, las reducciones en los costos de operación del parque automotor, la disminución de las emisiones contaminantes, el incremento en el valor del suelo urbano por las mejoras en su uso, en fin, beneficios que van a ser capturados por todos y cada uno de los ciudadanos. Y ese es el mandato de un gobierno: mejorar el bienestar de sus gobernados.

Con la transacción propuesta, el único impacto es que el Distrito reduce su participación en la propiedad de la empresa, y por lo tanto el flujo de dividendos a recibir en el futuro se disminuirá proporcionalmente. A cambio, la ciudad y sus habitantes contaremos con una infraestructura de movilidad mejorada sustancialmente. Por lo demás, el Distrito seguirá teniendo el control accionario de la empresa, y en nada cambian las actividades y los activos de la compañía. En otras palabras, la participación de EEB en Codensa y Emgesa, sus inversiones en transmisión eléctrica en Colombia, Perú, Guatemala y Brasil, sus inversiones en transporte de gas en Colombia y Perú, sus proyectos en ejecución, todo eso permanece intacto y hace irrelevante la discusión sobre los supuestos impactos en la ‘matriz energética’ del país, como mencionó otro opositor de la transacción.

Cuando en 1996 el alcalde Mockus y el gerente de la EEB, Fabio Chaparro, diseñaron la estrategia de capitalización que condujo a entregar el 50 por ciento de la propiedad de lo que hoy son Codensa y Emgesa, obteniendo a cambio algo así como 2.000 millones de dólares y entregando la administración de esas compañías a un operador internacional reconocido, se dieron discusiones semejantes y los críticos de entonces, varios de los cuales son también los de hoy, igualmente se rasgaron las vestiduras y se arroparon con la tricolor nacional.

Hoy, 20 años después, esa transacción, audaz y pionera en su momento, es reconocida como una de las más inteligentes movidas empresariales hechas en el país, que permitió financiar las obras del alcalde Peñalosa en su primera administración y constituyó el origen de lo que hoy es el Grupo Energía de Bogotá, la quinta compañía en capitalización bursátil en la BVC. Y recordemos que para bien de la ciudad y de nosotros los usuarios, se entregó el control de la gestión de la operación a un agente privado, por lo demás extranjero, que lo ha hecho con lujo de competencia.

Al contrario de lo que los críticos de la operación consideran, pienso que es sano que haya más participación privada en el capital de la EEB. En una compañía que se negocia en la bolsa, los inversionistas de todas las especies y los analistas del mercado son sus mejores fiscalizadores. Independientemente de la estrategia específica de democratización que se implemente, permanentemente habrá cambios en la propiedad: unos accionistas que venden y otros que compran, pero eso sí, cada vez mayores exigencias en cuanto a la claridad de su estrategia, sus resultados, y la integridad de su gestión. Y es muy sano y positivo que hayan muchos accionistas sofisticados como fondos de pensiones, fondos de inversión extranjeros, inversionistas ‘activistas’ que pregunten y que exijan.

Al mantenerse el control accionario de la empresa esta es una transacción mucho más sencilla que otras, y le permitirá a Bogotá ejecutar un programa ambicioso de inversiones públicas para sacar su infraestructura de movilidad del atraso en que se encuentra, anticipando unos flujos de dividendos de la EEB con el fin de poder hacerlas. Así, el Distrito cumplirá con su mandato de mejorar la vida de los bogotanos, a la vez que fortalece el gobierno corporativo de uno de sus activos insignia.

Luis Fernando Alarcón
Exgerente general de ISA.

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado