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Socialismo erótico

Venezuela, la sensual alternativa de Latinoamérica en los 90, es hoy, tristemente, víctima de latigazos expropiadores con gemidos sin sentido.

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septiembre 05 de 2016
2016-09-05 09:22 a.m.
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La mente humana tiene la enorme capacidad de crear infinidad de fantasías de todos los calibres. Desde tiernos pensamientos paternales, pasando por esquemas y actitudes positivas de automotivación y superación, hasta los más recónditos y primitivos instintos estimulantes, generadores de las muy peligrosas realidades alternas de un anhelo individual que busca beneficios de todo tipo a expensas de la vulnerabilidad del otro.

Por lo general, lo que los seres humanos no vemos, tenemos la enorme capacidad de recrearlo en nuestras mentes y adecuarlo a la forma más conveniente para deleitar un pensamiento a partir de algo desconocido, fantasioso, o mejor aún, imposible.

Es por lo anterior, y estableciendo algo tan irreal como el socialismo, que a partir de sus múltiples usos, trataremos de plasmar su enfoque más íntimo en una colectividad impermeable a los sentidos más viscerales de una utopía sacada de las 50 sombras de Henri de Saint Simón, los deseos prohibidos de Ferdinand Lassalle, las mil y una noche de Karl Marx, el diario prohibido de Lenin, Las edades del decadente Fidel, o el secreto profundo del comandante que según su seguidor más maduro, ahora tiene forma de "pajarito".

El primer paso para tratar de entender el socialismo, es desglosar íntimamente la descripción de la "igualdad" a expensas de una madame de patio que gota a gota, con el sudor de su pueblo aglomera tierras como el decadente Fidel, embalsamado hace décadas con el ron extraído de los agitados poros de una finca que ha entregado su trabajo bajo la esperanza de algún día poder conocer las hermosas playas destinadas exclusivamente para los miles de turistas que saqueados y conmovidos hacen obras de caridad con quienes sin quererlo, han alimentado el apetito insaciable de una figura de cera en sudadera que hoy por hoy, ve cómo su fantasía intima, se cae al igual que su figura blanda por el propio peso de las inconsistencias de su pensamiento.

El voraz apetito del socialismo insaciable, ha sido capaz de robar la prosperidad de un amante que pagaba sus pocas deudas en efectivo, a enfrentarlo a una inflación que se espera cierre este año en un 700 %. Venezuela, la sensual alternativa de Latinoamérica en los 90, es hoy, tristemente, víctima de latigazos expropiadores con gemidos sin sentido, producto del cierre injustificado de las fronteras que adornan como esposas, las fantasías oscuras de un Nicolás disfrazado con su bigote "sadoautoritario" de finales de los 70.

Ni hablar de la Argentina que milímetro a milímetro profanó Cristina con la idea corrupta de disfrazar de mucama su presupuesto que se incrementó en un 1000 % desde 2003 a 2015. El pan, la carne y el vino, al parecer solo alcanzaban para la dieta Presidencial, ya que por las reformas agrícolas los precios se incrementaron a un punto en que ni el mismo Stalin hubiera podido cubrir.

El socialismo no solo fantasea con el estómago de sus víctimas. Es un enérgico participante en las redes sociales y cuando llega al poder al igual que Petro, se dedica a redactar tuits y a cambiar todo por el simple hecho de cambiarlo. El socialismo a igual que Rafael Correa, no oye, es terco e incoherente; tiene las hormonas de una quinceañera bailando "choque", la efusividad de un relacionista con 7 tragos de más y la elegancia y el estupor de una línea para adultos gratuita.

El socialismo sabe mentir, sabe fingir y sabe demorar sus resultados. El socialismo es egoísta y siempre quiere lo que el pueblo ya tiene; fantasea con armas, con la sumisión de sus víctimas y siempre corrompe con un relato sublime y motivante.

Su erotismo aunque flaqueante en el mundo entero, aún pretende apoderarse de naciones prósperas que tristemente han visto cómo sus procesos se han ido inclinando por las tentaciones utópicas de una equidad en donde los damnificados extrañamente son sus votantes, es decir el 98 % del cuerpo y el alma que ese mal nombrado esquema de pobreza, resentimiento, pereza y miseria, es llamado con una connotación social, que de ser utilizada en su integridad, sería todo, menos ese significado tan alejado de su propia sintaxis.

Andrés F. Hoyos E.
Comunicador social y periodista
@donandreshoyos

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