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Análisis

145 años al servicio del país y del agro

El compromiso de la SAC permanece, como lo ha hecho por más de un siglo, a través de su consolidación institucional, la integración de los gremios.

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diciembre 14 de 2016
2016-12-14 06:15 p.m.
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Colombia cuenta con una tradición gremial empresarial de más de 100 años. Cronológicamente, la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), es el primer grupo de interés constituido en Colombia, un gremio que nació en 1871 para darle fundamentos e incidencia a esta actividad promisoria para el desarrollo de un país como el nuestro, un país aún en camino a la modernidad, eficiencia y racionalidad.

Hemos sido parte de la historia económica de Colombia que, en la actual coyuntura, está empezando a retomar conciencia de la importancia de consolidar el campo como una prioridad nacional, no solo como uno de los ejes de desarrollo futuro, sino una actividad económica que puede contribuir a superar la crisis fiscal que ha generado la ausencia de la renta petrolera, como parte fundamental en el avance hacia la reconciliación y convivencia. Al hablar de paz, nos referimos también a los beneficios que esta traerá a una población que por años ha sido víctima del conflicto armado y del rezago que deja la violencia, el despojo, la inseguridad jurídica y limitada inversión para producir alimentos y materias primas en la magnitud potencial demandada por el país, y el mundo.

Sus aportes han sido amplios y reconocidos desde su creación en la que sus gestiones no solo se han limitado a ser, en apoyo del Estado, un formulador de políticas en beneficio del campo. Originalmente, y como se puede constatar en los periódicos que reposan en la biblioteca de la SAC, y en la Revista Nacional de Agricultura, hemos sido constantes en nuestra función de trabajar por el desarrollo productivo.

Hoy, con 145 años de existencia, tenemos el deber de seguir procurando que todas las actividades que representamos sean competitivas y rentables, que atraigan flujos de capital bajo un clima de negocios que genere confianza, empleo y mayores ingresos para nuestros productores y sus familias, contribuyendo a la consolidación de la paz y al cierre de brechas, entre lo urbano y lo rural, que existen en nuestro país.

Viendo la historia, que bien narra en un artículo escrito por Juan Manuel Ospina, expresidente de la SAC, para la edición 971 de la Revista Nacional de Agricultura, los debates sobre el uso productivo de la tierra en el país siempre han sido los mismos: inestabilidad jurídica y poco acceso, bajos presupuestos públicos, deficiencia en las cadenas productivas de valor, políticas públicas sesgadas hacia el desarrollo de las ciudades y una inversión privada limitada e incluso estancada por diversos aspectos estructurales.

Así, llegamos a un punto en el que debemos pensar en el futuro del agro, en cambiar nuestro discurso y pasar a hablar de empresarizar y formalizar a los pequeños, medianos y grandes productores; a comenzar a consolidarlo con oportunidades y capacidades reales para ellos mismos y generar las condiciones para dar el gran salto hacia una agricultura sólida, competitiva y sostenible. El doctor Carlos Gustavo Cano lo dice en el misma revista: “hablemos de industria agrícola, y de invitar a los jóvenes a ser parte de la verdadera transformación del campo”.

Se requiere, entonces, reafirmar la voluntad real para dar las condiciones adecuadas a la inversión, ya sea la realizada con los recursos públicos y privados, o a través de alianzas público-privadas. No es posible mejorar la confianza inversionista para impulsar el PIB agropecuario y su contribución al crecimiento del país, sin avances claros en infraestructura de riego y drenaje, vial y poscosecha; ciencia, tecnología e innovación; asistencia técnica integral; estabilidad jurídica en muchos aspectos, particularmente sobre la propiedad de la tierra y reglas de juego en los mercados; certidumbre sobre la implementación del Acuerdo de Paz; una tributación que incentive el emprendimiento, la formalización y generación de empleo, y que luche contra la evasión.

El compromiso de la SAC permanece, como lo ha hecho por más de un siglo, a través de su consolidación institucional, la integración de los gremios de la producción, la academia y demás empresas que trabajan por el sector.

El camino ha estado lleno de obstáculos, y al igual que todos los presidentes que hablan en la edición de la Revista Nacional de Agricultura que rinde homenaje a esta entidad legendaria, el papel de la Sociedad de Agricultores de Colombia es protagónico en este momento, y deberá seguir sobresaliendo para lograr el campo próspero que todos soñamos.

Alejandro Estévez Ochoa
Presidente (e) de la SAC.

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