Otros Columnistas
análisis

Trump: contracción económica y populismo

El populismo está en ascenso en algunas latitudes, mientras en otras se ve desgastado. Trump es la ilustración perfecta de la primera situación.

Otros Columnistas
Opinión
POR:
Otros Columnistas
mayo 04 de 2016
2016-05-04 08:42 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

Como suele suceder en las contracciones económicas, en las cuales la puja distributiva se agudiza, junto con la inequidad y el desempleo, el populismo está en ascenso en algunas latitudes, mientras en otras se ve desgastado. Trump es la ilustración perfecta de la primera situación, en tanto que Rousseff y Maduro lo son de la segunda.

El populismo reúne elementos como el nacionalismo; el culto a la personalidad del caudillo en su rol, mesiánico o de protección parental; la pretensión de que problemas de enorme complejidad se pueden resolver con fórmulas simplistas, que, en lo económico, se traduce en una omnipotencia violatoria de las leyes de la economía, y en lo institucional, en erosión de las instituciones del Estado (incluyendo corrupción). Desde luego, como lo hacen ver los populismos de derecha (Trump, Uribe 2 –a diferencia de Uribe 1, quien salvo al país del desmande de la guerrilla, causado por las ambiciones ‘nobelescas’ de Pastrana– y los fascismos del siglo pasado), este fenómeno no se limita a la izquierda.

Normalmente, durante las expansiones, mecanismos protectores de la rentabilidad como el crecimiento de la productividad, distensionan la contradicción salarios-beneficios, pues posibilitan que el margen de ganancias no se vea afectado por el crecimiento de los salarios. Bonanzas primario exportadoras y burbujas inmobiliarias y bursátiles contribuyen, generando, vía efecto riqueza, una expansión del gasto, pero con la reversión de las expectativas, las inevitables desinfladas/correcciones precipitan un proceso de deflación de activos que, con la pérdida del margen, creado por el crecimiento de la productividad, agudiza el conflicto distributivo. La crisis golpea más duramente a los pobres, especialmente si la expansión estuvo acompañada por: primero, un proceso de concentración del ingreso, debido a la financialización de la economía, a la creciente brecha entre los ingresos de quienes poseen las habilidades demandadas por la nueva knowledge economy financializada y aquellos que carecen de estos activos productivos, y a medidas tributarias inequitativas (ejemplo, en Estados Unidos Reino Unido el ingreso y la riqueza se han venido concentrando en los super-rich desde las desregulaciones de Reagan-Thatcher); segundo, por un estancamiento del crecimiento de la productividad (inconsistente con lo esperable por las tercera y cuarta revoluciones industriales) que agudiza el conflicto distributivo.

Si bien se da una sincronía en el ciclo económico, de modo que la contracción en las economías emergentes ha coincidido (junto con el estancamiento del crecimiento de la productividad) con la de otras latitudes, particularmente con China y su demanda por materias primas, el ciclo político causado por el etapa económica en Latinoamérica difiere en que la agudización del conflicto distributivo no ha causado un ascenso del populismo (Trump), sino un descenso originado, en gran medida, porque los gobiernos populistas en América Latina no supieron aprovechar la bonanza de divisas para impulsar el desarrollo, al sobre-aprovecharla populistamente, en una forma de omnipotencia que intenta desconocer las leyes de la economía mediante un gasto que no corresponde ni con el crecimiento de la productividad ni con la imposibilidad de sostenerlo indefinidamente con deuda.

Ambos procesos, el ascenso del populismo y su descenso, están relacionados con el desencanto con un sistema económico y político que ha excluido a la mayoría de la población. En el segundo caso porque, si bien en Latinoamérica deben reconocer avances en el alivio de la pobreza, logrados gracias al quinquenio de crecimiento acelerado 2003- 2008, complementado con instrumentos en materia de salud y educación (como los PTC y nuestro Sisbén), no ha conseguido crear un desarrollo inclusivo sostenible. El derrumbe de Brasil es el resultado de una coincidencia desafortunada del fin de la bonanza de commodities, un esfuerzo populista por aminorar su impacto (déficit fiscal sobre el 10 por ciento del PIB) y una espiral entre la peor contracción en una generación (8 por ciento en dos años) y una crisis política a la que ha contribuido la corrupción alrededor de Petrobras. Pero Brasil no es Venezuela, ni Lula es Chávez: sus dos cuatrienios trajeron un importante progreso económico y social para Brasil, gracias a una combinación de ortodoxia y progresismo que más tuvo de social demócrata que de populista. Una distinción importante, pues como he sostenido contra Edwards, la alternativa relevante al neoliberalismo no es el populismo, sino la ‘tercera vía’ socialdemócrata, caracterizada por esa conciliación de crecimiento con inclusión.

Pero esto requiere que el crecimiento de los salarios no exceda al de la productividad, de manera que los beneficios puedan ser tributados para financiar bienestar social.
Presenciamos un agudizamiento de tensiones distributivas por la contracción y por el estancamiento de la productividad, atasco que en su combinación con el de la inversión hacen pensar que entramos en una prolongada fase de desaceleración por ausencia de la operación de estos motores del crecimiento: caldo de cultivo para populismo.

Ricardo Chica
Consultor Desarrollo Económico.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado