Otros Columnistas
análisis

‘Un gobierno digital’

El estudio del BM, ‘Dividendos Digitales’, puso sobre la mesa la brecha en transformación que se da entre países más avanzados y emergentes.

Otros Columnistas
Opinión
POR:
Otros Columnistas
agosto 31 de 2016
2016-08-31 09:16 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/04/05/5703e5663d293.png

Actualmente, la transformación digital es uno de los principales focos no solo para los empresarios colombianos, sino para muchos gobiernos, en una escala global. No obstante, esta no es una tendencia o una revolución pasajera, está aquí y ahora, ya es parte de la vida de las personas, sobre todo de aquellos jóvenes que no conocieron el mundo análogo.

Cualquier ciudadano o usuario que cuente con un dispositivo, una conexión a internet, o una cuenta bancaría, tiene los argumentos suficientes para que sus tareas cotidianas se transformen. Se puede ordenar alimentos con quienes no los producen, reservar un servicio de transporte con alguien que no es propietario de un solo vehículo, o alquilarle un apartamento a una empresa que no es dueña de un solo inmueble. Para ello, no firmamos un solo papel, no nos movemos de nuestra casa, no tenemos que dar nuestros datos cientos de veces. ¿Nos ocurre lo mismo cuando interactuamos con el gobierno? Habría que decir que depende del país en donde vivamos.

Por ejemplo, según la más reciente encuesta de Naciones Unidas (2016), dada a conocer recientemente, todos los países del mundo encuestados cuentan con un portal de gobierno con información para el ciudadano (193); de estos solamente 71 tienen un sistema de rastreo por parte del Estado para los trámites, y solo 53 cuentan con la facilidad de aplicar en línea, por ejemplo, por un registro de matrimonio.

Cabe destacar que en el mundo del gobierno en línea, el foco se encuentra en la prestación de servicios a través de internet para los ciudadanos. Sin embargo, en el universo del gobierno digital este punto se amplía hacia múltiples dimensiones: la prestación de seguridad, basada en cámaras; la entrega de correos, utilizando drones; el uso del análisis de conjuntos de datos para identificar las condiciones óptimas de educación; la habilitación de una identificación digital única; una plataforma de desarrollo de aplicaciones para gobierno; y, por supuesto, en qué tan eficiente es el mismo gobierno con su infraestructura de centro de datos y nube.

Pareciera obvio que la transformación digital del gobierno debe importar a los mandatarios, pues su exitosa implementación le genera a los ciudadanos menos costos, más agilidad y mayor transparencia. No obstante, en la realidad, los gobiernos todavía ven la digitalización como algo bueno, aunque no muy necesario.

No sobra recordar que el 2016 nos recibió con un impactante estudio del Banco Mundial llamado ‘Dividendos Digitales’, en el cual se puso sobre la mesa la gran brecha en transformación digital que se está dando entre los países más avanzados y las economías emergentes. La transformación digital de los gobiernos no escapa de esa realidad, y el futuro de las naciones está estrechamente ligado a si sus gobiernos son capaces de digitalizarse, o si, por el contrario, se convierten en un lastre para el desarrollo económico, en un entorno digital.

De acuerdo con un estudio de Deloitte, ejecutado por Adobe, se encontró que si de 811 millones de transacciones que se realizan entre gobierno y ciudadanos, 80 por ciento se hicieran a través de medios electrónicos, los beneficios en eficiencia serían de 17,9 billones de pesos para el primero, y de 8,7 billones más por ahorros para los segundos.
La razón es muy simple: un trámite presencial cuesta 16,9 pesos, mientras que uno en línea es de 0,4 pesos.

¿Por qué con tan evidentes beneficios, no se dan dichos cambios de manera rápida?
Mucho tiene que ver con la orquestación al interior de gobierno, ya que esa capacidad de ejecución requiere de varias oficinas interactuando, y en gobiernos descentralizados, como el colombiano, se requieren de muchas más.

Pero, adicionalmente, se necesita de cambios culturales importantes en el gobierno.
Estos implican, en algunos casos, reducciones de planta, los cuales conllevan costos políticos. En otros, esa transformación implica que el funcionario público deje de pensar en los proyectos de tecnología solo desde la perspectiva de costo. Son múltiples los casos en los que existen proyectos de tecnología que se han descartado en Colombia simplemente porque ‘solo tenemos $X para ese proyecto’.

Alguna vez escuché al actual Director de Planeación, Simón Gaviria, hablar acerca del incentivo perverso de medir al gobierno solo por ejecución presupuestal: coincido totalmente en que, al menos en lo referido a transformación digital de gobierno, dicho criterio conspira fuertemente.

Carlos Rebellón
Director de Gobierno de Intel para Latinoamérica.

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado