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Universidad y desarrollo local

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abril 07 de 2016
2016-04-07 08:34 p.m.
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Desde el año pasado se ha venido discutiendo la nueva Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) 2015-2025. Hay que reconocer que la invitación a un proceso participativo para la discusión de la versión en borrador del documento Conpes ha sido ejemplificante para la formulación de política pública en el país.

La propuesta se ha soportado en dos apuestas teórico-prácticas: la necesidad de pensar la CTI dentro de un sistema, en particular uno local-regional, y la evidencia empírica que justifica a la CTI como fuente de crecimiento económico. Lo anterior ha llevado a precisar el papel de la universidad en la relación con el sector productivo, el Estado y, como novedad en el planteamiento, con la sociedad civil (ciudadanía).

La experiencia internacional ha mostrado que existen algunas prácticas en la universidad que la llevan a un papel más relevante y pertinente dentro del sistema de CTI. Por ejemplo, el involucramiento de en los diagnósticos periódicos de la competitividad y el enfoque de trabajo en temas estratégicos a nivel local y regional, así como la evaluación del trabajo de investigación.

En una reciente publicación en el periódico El Tiempo, el profesor Wasserman ha criticado el enfoque reduccionista de la política de CTI a la apuesta por la competitividad.
Allí, muestra su inconformidad por el hecho de que en América Latina se haya adoptado un enfoque progresivamente unificador (reduccionista). En un primer momento de la ciencia y la tecnología, para después incluir la innovación, y hoy hacer depender todo el sistema de la CTI de la competitividad. En el centro de su crítica a la política está la falta de diferenciación entre lo ‘novedoso viejo’, lo ‘novedoso nuevo’, la investigación básica y la investigación aplicada. De la crítica al sistema de CTI se podría deducir una al papel de la universidad.

Ahora bien, al considerar el proceso de evaluación de la investigación, surge otro llamado de advertencia a la universidad y su papel en el sistema de CTI. El año pasado, la revista Nature publicó el ‘Manifiesto de Leiden’ sobre la evaluación de la investigación y sus métricas. En él se critica la tendencia a la evaluación cuantitativa (bibliometría) y a la endogamia generada alrededor de la calidad medida por el número de citaciones. Esto llevó a un decálogo de recomendaciones para la evaluación de la investigación, los cuales pueden leerse como consejos para mejorar la pertenecía del papel de la universidad en el sistema de CTI. Entre estos, la necesidad de: discusión entre calidad y pertinencia de la investigación, revalorar el trabajo de validación empírica a nivel local o regional (es más difícil la aceptación en revistas de prestigio de un artículo de investigación con evidencia empírica local), privilegiar la evaluación cualitativa sobre la cuantitativa para verificar la pertinencia y relevancia de la investigación y articular la investigación a las misiones institucionales o universitarias. La literatura académica ha demostrado que hay una asociación positiva entre investigación interdisciplinaria y el mayor enfoque para la validación empírica en lo local.

En suma, la discusión de la política de CTI 2015-2025 ha permitido repensar el papel de la universidad en el sistema de la CTI. En este sentido, la literatura académica ha demostrado la valía de tener una institución educativa comprometida con el desarrollo local, y con la pregunta por la importancia de la investigación que en ella se hace. La evaluación de la investigación puede ser una puerta de entrada al mejor hacer de la universidad en la CTI.

Jesús Perdomo
Profesor Asociado - F. de Ciencias Económicas y Administrativas
Universidad Javeriana

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