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Votaciones sorprendentes y liderazgo

Tan sorprendido como muchos, me pregunto qué se puede aprender como directivo de los resultados inesperados de las votaciones del 2016. 

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enero 15 de 2017
2017-01-15 01:42 p.m.
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Son muchos los análisis que se han hecho y algunos descalifican los resultados y, en especial, a los votantes que los produjeron. Es una respuesta lógica e incluso me atrevería a decir que fácil: cuando uno ve que lo correcto es algo tan claro, no puede menos que pensar que quien lo ve distinto está errado, es ignorante o fue manipulado. Y aunque pueda ser una apreciación correcta, hay un llamado a la prudencia que nos debe hacer preguntarnos: ¿por qué pasó esto?, ¿qué están viendo los demás que yo no vi?, ¿qué es lo que otros sienten que yo no alcanzo a entender?

Es verdad que hay votantes manipulados, desinformados, inconscientes (llamémoslos así) ¿pero todos? Y si no son todos, ¿por qué algunos, aun así, votaron erradamente? ¿Habrá algo que se nos escapa?

Pasando al mundo de la empresa, muchas veces nos encontramos con resistencias (a veces las llamamos "resistencia al cambio") que nos sorprenden y nos hacen pensar que hay "algo mal" en quienes se resisten a lo que sabemos que es tan bueno. Tal vez tenemos la razón, pero acusar de torpes a quienes no nos siguen es una respuesta fácil que nos impide ver que quizá algo importante se nos escapa; esa resistencia nos puede estar indicando algo.

Así pues, mi primer aprendizaje es, ante lo inesperado y antes de "culpar" al otro, tratar de entender (lo que no quiere decir aprobar).

De regreso a los análisis de las votaciones, también se ha hablado de la importancia de los medios de comunicación, de las redes sociales y de la manipulación que permiten.
Sin duda, son una fuerza muy poderosa, pero la forma en que algunos se refieren a ellos haría pensar que es mejor que no existieran. Me cuesta trabajo pensar que un mayor acceso a distintas fuentes de información sea peor que no poder acceder a ninguna.
¿Serían menos manipulables los votantes hace cien años? ¿Estarían mejor informados y votarían más a consciencia que lo que lo hacemos hoy?

Naturalmente, no apruebo el intento de manipular una votación y estoy seguro de que usar los medios al alcance para hacerlo solo perjudica a la democracia.

Desafortunadamente ese ha sido un intento reiterado de quienes quieren hacerse con el poder sin detenerse a considerar los medios ni las consecuencias. Uno esperaría que un ciudadano mejor conectado fuera menos permeable a la manipulación.

En la empresa, a veces ocultamos la información porque no estamos seguros de que todos la entiendan. Sin embargo, un manejo trasparente e intencionado puede impedir que alguien la manipule.

Mi segundo aprendizaje es que para evitar lo inesperado, mantengamos abiertos los canales de comunicación y no descuidemos este aspecto fundamental de un director.

Pero donde creo que hay más falla es en la falta de liderazgo. Muchos de los cambios positivos han sido más impuestos que explicados. Cada cambio, así sea para bien, lleva algún costo para alguien y ese costo no será asumido si parece ser o es, efectivamente, impuesto. Es posible que podamos forzar la situación, vía legislativa o jurídica, pero el proceso se queda cojo si no se acompaña del verdadero liderazgo que consiste en conseguir que las personas se sacrifiquen por un beneficio común.

Es posible, y es lo que me temo, que los gobernantes, satisfechos con haber logrado el resultado legal deseado, hayan creído que su tarea estaba concluida, cuando apenas acababa de iniciar. Si se quiere que tengamos, por ejemplo, una sociedad más incluyente (algo bueno sin duda), no es suficiente con crear penas para quienes discriminen o forzar conductas vía legislación. Puede ser necesario, pero no suficiente. Se requiere que los ciudadanos, en su mayoría, comprendan y acepten el cambio. Y esa es tarea para un líder.

En la empresa se ven situaciones parecidas; la dirección toma decisiones y las comunica, pero si se salta el paso del liderazgo, incluso con todo el poder que puede tener, verá que su implementación será imperfecta, cuando mucho. Los subalternos podrán imitar las acciones que se les piden, pero nunca harán su mayor esfuerzo.

Mi tercer aprendizaje es que el cambio requiere de verdadero liderazgo. Cuando las cosas parecen ir en la dirección errada, al primero que hay que culpar es al directivo que no está ejerciendo liderazgo.

¿No será que las votaciones sorprendentes de este año nos están mostrando falta de liderazgo, que los sacrificios válidos que se piden a los votantes, no han sido primero aceptados por estos como forma de lograr un bien superior para todos?

Ciro Gómez Ardila, Ph.D.,
director académico de INALDE Business School

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