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¿Y si mejor acabamos definitivamente con los carros?

Y si hay que hacer restricciones en el tráfico para superar los trancones y aplicar medidas como la del ‘pico y placa’.

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abril 02 de 2017
2017-04-02 04:29 p.m.
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Con razón se ha dicho que quienes quieren traer el Cielo a la Tierra, normalmente terminan trayendo el Infierno. No debe ser este, sin embargo, motivo para no soñar; finalmente no es fácil saber qué cosas sí son posibles y cuáles no. En ese espíritu, lo invito, amable lector, a que imaginemos nuestra ciudad sin carros. ¿Qué pasaría?
¿Qué nos ha llevado a esta locura de querer cada uno tener su propio carro, una tonelada o más de metal consumiendo gasolina, solo para transportar una persona? ¿No sería mejor acabar de una vez por todas con los carros? Si sencillamente desaparecieran, nuestras calles se llenarían de peatones, alegres bicicletas, mascotas, niños jugando con su balón. Sin ruido, sin polución: el Cielo.

Es verdad que no podríamos llegar muy lejos ni tampoco nos podrían traer la mayoría de las cosas que usamos día a día; por no hablar de las ambulancias, bomberos y policías. Parece ser que, de alguna manera, estamos atados a los vehículos de motor. Se seguiría necesitando transporte público, vehículos de reparto (¿cómo llevar una nevera en bicicleta?) y de atención de urgencias (¿cómo llevar a pie al hospital a un herido grave?). Parece que actualmente dependemos de los motores, sean de gasolina, eléctricos o solares. No existe algo así como una sociedad moderna sin motores. Ojalá pronto, eso sí, dejen de ser de gasolina.

Bien, imaginemos, pues, nuestra ciudad con solo bicicletas y transporte público, ¿no sería una delicia? Estoy tentado a decir ‘sí’, pero me asalta una duda: ¿no me estaré olvidando de quienes requieren de tratos especiales? Las bicicletas son, en general, para personas sanas y preferiblemente jóvenes o en buena condición física. No todos podemos subirnos a una bicicleta y hacer cinco kilómetros esquivando huecos como si nada. Están los niños, las personas mayores, los que tienen alguna característica física especial. Definitivamente, necesitan otro tipo de transporte.

Los buses parecen ser la mejor opción: un solo vehículo para muchas personas, eficiencia de espacio. Claro que, nuevamente, no todos pueden acceder a los buses. Vuelven a mi cabeza todos los que no son jóvenes, fuertes y sanos. Quizá también necesitemos de algún vehículo tipo taxi. En mi sueño se me están volviendo a congestionar las calles, pero ¿qué se le va a hacer? Son muchas las razones por las que a veces es necesario tomar un taxi en lugar de un bus. La gran ventaja es que siguen siendo vehículos de transporte público, y no los odiosos carros particulares.

Pero, uno de los grandes problemas del transporte público actual es la inseguridad. ¿Quiénes, pues, podrán seguir disfrutando del carro particular por esta razón? Primero, aquellas personas que por su condición requieran protección especial: no vamos a pedirles a jueces, ministros, generales, que toman decisiones difíciles que afectan los intereses de personas violentas, que salgan a la calle a altas horas de la noche a buscar un taxi, ni tampoco a sus familiares cercanos. Tampoco a los que pueden ser víctimas de secuestro. Ni a los embajadores.

Tal vez tampoco a las estrellas de televisión, cantantes o futbolistas. Sería raro, también, un guardaespaldas en bicicleta o taxi. Total, habrá que hacer una lista de los que pueden usar carro particular. ¿Quién decidirá quiénes sí y quiénes no? Mi sueño se está volviendo pesadilla. Me imagino a los funcionarios, a los poderosos, a los que tienen ‘palancas’ con su carro y a los demás buscando entrar en la rosca, a las buenas o a las malas. El Infierno.

Quizá no se trate de acabar del todo con los carros particulares, solo prohibirlos por unas horas. ¿Y qué mejores horas que las famosas horas pico y así se acaba la congestión? Sí, esa parece ser una buena idea. Claro que si las personas no pueden sacar sus carros en las horas pico, los sacarán antes o después, con lo que esas horas se volverán horas pico, ¿no? Las sociedades se estabilizan en equilibrios; de alguna forma todos nos coordinamos para hacer nuestras labores a una hora que convenga a los demás; sería magnífico para el tráfico, que las empresas abrieran sus puertas a una hora en que no hubiera clientes y que estos salieran en sus carros a una hora en la que los que trabajan en las empresas ya estuvieran en su casa con el carro guardado. Pero si las personas no pueden salir de sus casas en sus carros a una misma hora, se coordinarán para encontrarse en otra, la nueva hora pico.

Parece que si hay tantos carros particulares no es porque haya un genio malo que quiera hacernos daño o nos haya engañado, sino porque hay razones para que así sea. Entonces, ¿será imposible solucionar este problema de los trancones? ¿Si no es con prohibiciones no habrá manera? Y si hay que prohibir, ¿será que nos lo pueden explicar mejor?

Ciro Gómez Ardila,
Ph.D., director académico de Inalde Business School.

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