Los eslabones de la cadena

He venido reflexionando sobre ese reto tan grande que tenemos de conectar, de armar redes, de constr

Pedro Medina
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Pedro Medina
noviembre 12 de 2010
2010-11-12 01:29 a.m.

Me mudé a un nuevo apartamento, hace un par de años, el cual quedaba a 9 minutos caminando de mi oficina. Reconozco que cuando cambio mis rutinas, es fácil modificar mis

comportamientos y, así, abro ventanas a la innovación. El primer día, salí y saludé a 21 personas; 3 me respondieron. Pensé "ve, este es un barrio osco, gente odiosa, de dedito parado". Esa tarde, me pasó una idea por la cabeza... "¿y qué pasa si soy yo y no son ellos?". Entonces decidí hacer 2 cambios. Al día siguiente saludé a 27, y 14 me respondieron. Cambié técnica y cambié actitud.

He venido reflexionando sobre ese reto tan grande que tenemos de conectar, de armar redes, de construir confianza. Marta Lucía Calvache es la funcionaria de Ingeominas, encargada de terremotos y volcanes. Un día le pregunté: "¿cuál es la probabilidad de un terremoto en Bogotá?". Respondió: "altísima, todos los siglos ha habido terremotos en Bogotá, pero más que preocuparme por el movimiento en la tierra, yo me preocupo por la falta de movimiento de la gente".

 Luego me contó cómo el terremoto de Chile -con escala de 7.3- generó 500 muertos y el de Haití -con escala de 6.7- 250.000 muertos.

Me gusta generar 'terremotos' dentro de la mente de la gente cuando salgo de mi casa. Recientemente vi cómo uno de los vecinos había podado sus plantas de sábila, vi a otro fumando y botando la colilla al piso, y vi a varios indigentes durmiendo en los andenes. Conversé con una niña que iba caminando, estudiante de ciencia política de la Universidad del Rosario, que sueña con hacer investigaciones etnográficas.

Luego hablé con un ingeniero de sistemas, a quien un día le ofrecieron recargar su tarjeta de celular si compraba un paquete de cigarrillos; él no fuma, y no se los fumó, pero sí llenó un formato que había, y recién le habían avisado que se había ganado una moto. Después hablé con un policía, que me dijo que si en las comunidades la gente construyera comunidad, y en los hogares familia, no se necisitaría tanta seguridad.

El agente me decía, que el ve 4 elementos que son claves: 1) que la familia coma en familia; 2) que los padres saquen tiempo para jugar con sus hijos; 3) que en los hogares exista comunicación sobre las cosas buenas o difíciles que ocurren; y 4) que los vecinos se conozcan y construyan confianza entre ellos. Por último, ese día hablé con un estudiante de química, del Sena, quien sueña con ser investigador.

Ese día iba a hacer una evaluación al grado, sobre innovación de 90 productos, y observé qué algunos de los artículos eran colombianos y otros extranjeros. Entre ellos, había tes saborizados y funcionales, fruta deshidratada importada, azúcar con omega 3, una bebida para curar guayabos, y un mecanismo importado para dejar de fumar. También encontré algo que me fascinó, una bebida hecha con aloe, traída de China, y otra de Malasia.

Me puse a pensar, ¿qué pasaría si a esos indigentes que vi los invita uno a sacar los cristales de sábila que botó mi vecino para fabricar esas bebidas aquí?

Pensé, que si uno pudiese montar una deshidratadora en una tractomula e ir por el campo colombiano, deshidratando la fruta que se cae de los árboles, que nadie recoge, podría, a través de unos trueques de saberes, haceres y teneres, unir a comunidades para compartir, lo que le sobra al uno, y lo que le falta al otro. Me di cuenta de que soy un eslabón clave en la cadena de competitividad.

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