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¿A punto de romperse?
Mayo 14 de 2012 - 8:12 pm
La falta de consenso en Grecia y la crisis bancaria en España, han vuelto a poner en duda el futuro del euro.
A primera vista, la noticia se parece a tantas otras que han aparecido en la prensa a lo largo de un par de años. Por tal motivo, no falta una expresión de incredulidad ante la afirmación de que el euro vive uno de sus momentos más aciagos, como consecuencia de los problemas que han estallado en Grecia y España. A fin de cuentas, en múltiples oportunidades el público ha escuchado lo mismo y siempre se ha encontrado una salida.
Y aunque eso puede volver a ser cierto en la presente ocasión, no hay que llevarse a engaños sobre la gravedad de la coyuntura. De hecho, el desplome que sufrieron ayer las principales bolsas del mundo -incluyendo la de Colombia, que retrocedió 2,2 por ciento- es una demostración de que los principales inversionistas sí toman las advertencias en serio y ven las cosas con un prisma mucho más oscuro que el de hace un par de semanas.
¿Qué pasó? Tres hechos casi simultáneos explican lo ocurrido. Los dos primeros son de origen político y responden a las elecciones que dieron como resultado la elección de François Hollande en Francia y la derrota de los partidos tradicionales en Grecia. En el caso de los galos, la llegada al poder de los socialistas le ha puesto un signo de interrogación a la fortaleza de la alianza entre París y Berlín, cuya cohesión es fundamental para la supervivencia de la moneda comunitaria. De tal manera, mientras la ciudad luz pide menos austeridad, la canciller Angela Merkel insiste en mantenerle la rienda corta a sus socios en la Unión Europea.
Si bien las dos capitales pueden llegar eventualmente a un entendimiento, ese no parece ser el caso en Atenas. Y es que a pesar de las peticiones hechas por el presidente Karolos Papoulias, los dirigentes griegos no se han podido poner de acuerdo a la hora de formar un nuevo gobierno de coalición. Tal como están las cosas, todo indica que será necesario llamar a nuevas elecciones en julio, lo cual puede aumentar la polarización y sensación de vacío, mientras llega la hora de cumplir con las difíciles condiciones impuestas en el millonario plan de rescate que fue aprobado por Bruselas en marzo. Ante la falta de consenso interno, más de un dirigente europeo ha empezado a hablar en voz alta de lo que antes era un tabú: la posibilidad de que Grecia abandone el euro y regrese a la dracma. A pesar de que eso significaría la quiebra de la nación mediterránea y de cientos de miles de sus ciudadanos -que seguirían teniendo deudas en la moneda comunitaria-, la idea es que tal determinación equivaldría a amputar el miembro gangrenado para que se salve el paciente.
Sin embargo, queda pendiente el riesgo de un contagio que empezaría en España. Así quedó en claro ayer cuando la prima de riesgo de los bonos emitidos por los ibéricos llegó a un nivel sin precedentes. Y es que aparte de sus dificultades conocidas Madrid tiene ahora que manejar las dificultades del sector financiero, las mismas que llevaron a la nacionalización de Bankia, la cuarta entidad más grande.
Según lo ha dicho la administración de Mariano Rajoy, las instituciones de crédito deberán hacer provisiones por unos 30.000 millones de euros para sanear sus balances, afectados por los préstamos hechos en el campo de la finca raíz. Teniendo en cuenta que solo unos cuantos tienen los fondos para aguantar el golpe, lo más probable es que muchos deban acudir al Estado, haciendo así más difícil que los españoles cumplan con el compromiso de bajar el saldo en rojo de sus finanzas públicas.
Esa combinación de factores políticos y económicos es la que tiene otra vez penando a los mercados internacionales. Como siempre, es de esperar que la sensatez impere y se logre encontrar una solución en Atenas, Madrid y Bruselas. No obstante, también es probable que no, pues no se puede olvidar el dicho que recuerda que el cántaro acaba rompiéndose después de que lo llevan muchas veces al agua.
RICARDO ÁVILA PINTO
ricavi@portafolio.co
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