Academia/ Un complejo 2015

Mayor debilitamiento del peso puede darle un respiro a los sectores transables (agro e industria). Pero como nada es gratis, ello tendrá repercusiones en inflación (y en endeudamiento en dólares).

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
febrero 16 de 2015
2015-02-16 12:43 a.m.

El año 2015 se muestra complejo para la economía colombiana. Recuérdese que, en los últimos trimestres, buena parte del crecimiento estadístico del PIB es atribuible al rebote en la producción cafetera. En 2008 se produjo un ambicioso programa de renovación de cafetales, el cual indujo una contracción transitoria en la producción. Cuando los renovados cafetales volvieron a producir, esto arrojó tasas de crecimiento (año corrido) de 30% a 40%. Es decir, se materializó un efecto estadístico natural conocido como el rebote cafetero, que empezó a agotarse, como lo indica (la gráfica), y es un hecho que 2015 no contará con esta ayuda estadística.

Adicionalmente, las cifras de Finagro sobre crédito para inversión reflejan un desplome sin precedentes. Durante todo 2014 el crédito para inversión en el sector agropecuario (año corrido y redescontado vía Finagro o sustitutivo con otros bancos) exhibió tasas de crecimiento significativamente negativas. Nótese que no son tasas que dejen ver un crecimiento débil o un estancamiento de la inversión en el agro. Lo que revela es una contracción muy fuerte en los recursos que los agricultores están invirtiendo en el sector.

Significa que el stock de capital productivo del agro puede, incluso, estar disminuyendo (si las tasas de inversión no alcanzan a cubrir la depreciación natural de los equipos). El desplome del crédito para inversión (15% aprox. a dic 2014 y cap. de trabajo, cae un 29%) es, además, más profundo en el caso de los pequeños agricultores.

En industria, los datos solo ratifican la tendencia de estancamiento de la producción y reducción del empleo.

El Índice de Confianza Industrial de Fedesarrollo muestra el pesimismo arraigado de los empresarios del sector industrial.

En el sector minero, la variable relevante es la producción petrolera. El estancamiento de la producción, en un nivel alrededor del millón de barriles diarios, ha sumergido al sector en una dinámica de decrecimiento y contracción.

El HSBC estimó una reducción de más de 50% en el precio estructural (objetivo) de la acción de compañías como Ecopetrol y Pacific Rubiales. Asimismo, otras empresas petroleras que operan en Colombia han anunciado el cierre de varios pozos, dadas las actuales condiciones del mercado. La única posibilidad está en tener un nivel de precios favorable u ofrecer un clima de seguridad para la inversión extranjera, lo que aumentará la producción. Pero no se ve claramente ninguna de las dos opciones. Hay un deterioro evidente en la seguridad jurídica (impuestos, sanciones, obstáculos) y física (atentados terroristas). En 2015 (y en 2016) el valor de la producción petrolera colombiana seguirá retrocediendo por efectos de precio y cantidad.

La construcción, gracias a una adecuada política fiscal contra cíclica de impulso a la vivienda y a los proyectos de infraestructura, ha sido la estrella de la economía, que puede seguir en 2015 y 2016 por una razón: el programa de concesiones de cuarta generación (sumado al voluminoso conjunto de APP’s que se están evaluando) inyectará cada vez más recursos, los cuales, en significativa proporción, serán privados, sin estar sujetos a las restricciones fiscales del gobierno. Este dinamismo en el sector de la vivienda parece estar ralentizándose. Por ejemplo, en el tercer trimestre de 2014 (último dato disponible - Dane) los desembolsos de crédito de vivienda se desplomaron 17,3% con respecto al mismo trimestre de 2013. La caída del crédito de vivienda nueva fue de 12,3%. Las licencias de construcción parecen confirmar dicho estancamiento. El programa de vivienda tiene un gran componente de subsidio, lo que contribuirá también a su apatía o ralentización durante 2015.

En cuanto a la demanda, se prevé un deterioro en el dinamismo observado en los últimos datos del Dane. No es un secreto que el deterioro fiscal del gobierno nacional central (por precios del crudo y muy a pesar de la última reforma tributaria) llevará a que el ritmo de gasto público, que venía ejecutándose en los últimos dos años, sea insostenible en 2015 y 2016.

El consumo privado se ralentizará por dos razones. Primero, el desplome en el precio de los activos colombianos en los últimos meses ha sido abismal. El efecto riqueza (hipótesis del ingreso permanente) o la correspondiente contracción en el nivel colateral (pensando en restricciones al crédito) implica que habrá una reducción importante en los niveles de gasto privado. Con los resultados de los fondos de pensiones, a diciembre, se afectan las decisiones de gasto de los cotizantes.

Como ejemplo, vemos cómo se aproxima la evolución diaria del precio en dólares (es decir, en términos reales) de los principales activos empresariales colombianos que transan en el mercado bursátil. En definitiva, la serie comienza el 1 de julio de 2014 (con un valor de 100) y se construye con el índice Colcap deflactado con la TRM. El último registro analizado (20 de enero de 2015) mostró una caída hasta de 63,74. No hay duda de que este desplome ha sido abismal y, por tanto, el efecto sobre el consumo privado, materializado durante 2015 y posiblemente 2016, no será de poca monta.

La segunda razón por la cual ha de esperarse una contracción del consumo privado, tiene que ver con los nuevos impuestos. Dichos tributos no van a representar inversión o gasto público adicional, pues simplemente cubren un faltante del gobierno, que ascendía a 12,5 billones de pesos (datos en medios), pero que, en vista del desplome en los precios del petróleo, probablemente es superior. Los nuevos impuestos no representarán más gasto público sino menor gasto o ahorro privado.

Consistentemente, en diciembre, el Índice de Confianza del Consumidor comenzó a registrar un descenso de más de dos puntos porcentuales, con respecto a noviembre.

La demanda externa, excepto la de Estados Unidos, también se debilitará aún más a raíz de la profundización del estancamiento económico en los países desarrollados y su natural impacto en las economías emergentes. Esto lo reflejan las cifras de exportaciones del país.

La evolución de las exportaciones, contrastada con la de las importaciones, arroja un cierto desbalance en la balanza comercial, sin olvidar el panorama a mediano plazo de los precios del crudo (los hidrocarburos representan 70% de la canasta exportadora de Colombia).

La débil demanda externa no solo acentuará la pérdida de dinamismo de la demanda agregada, sino que también puede convertirse en fuente de presión sobre la balanza de pagos, la cual se origina tanto en la balanza comercial como en la cuenta de capitales y, particularmente, en el sostenido retroceso de los niveles de inversión extranjera directa (IED) durante el último año.

Un mayor debilitamiento de nuestra moneda puede darle un respiro transitorio a los sectores transables de la economía (agro e industria). Pero como nada es gratis, ello tendrá repercusiones considerables en el sendero de la inflación (y en el endeudamiento en dólares) tal y como empiezan a evidenciarlo los datos, lo cual es un serio aviso al Banco Central. Así es que, 2015, es, en efecto, un año complejo para la economía colombiana.

Javier Delgado,
director Departamento de Economía Universidad Sergio Arboleda.
 

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