Academia / Devaluación e inflación

La devaluación no es un tema que afecte únicamente a quienes vendan o compren en dólares, sino que perturba a todos los ciudadanos.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
abril 20 de 2015
2015-04-20 06:25 a.m.

En los últimos meses, dos variables económicas atraen cada vez más la atención de analistas, funcionarios y público en general: devaluación e inflación. Ello no es fortuito y obedece a la dinámica que vienen exhibiendo ambas variables desde mediados del año pasado.
Como lo indican los datos, tales variables están íntimamente ligadas. Esto no debe sorprender, pues la teoría económica así lo establece para cualquier economía pequeña y abierta como la colombiana.
La intuición es muy simple: en una economía pequeña y abierta al comercio internacional el precio de cualquier producto que sea transable (es decir, susceptible de importar o exportar) depende directamente, por un lado, de su precio internacional (generalmente denominado en dólares) y, por otro lado, del precio del dólar en términos de la moneda doméstica (o tasa de cambio).
Esto porque ningún productor con racionalidad económica va a vender su producto localmente por debajo de lo que a los demás les cueste importarlo o de lo que pueda recibir por dicho producto, vendiéndolo en el exterior.
Un ejemplo sencillo ilustra esto: un productor de maíz en Córdoba (Montería) probablemente nunca va a exportar o importar su producto, pero no lo venderá (en condiciones de competencia) por debajo de lo que a los industriales de alimentos balanceados les cueste importarlo o por debajo de lo que recibiría, si llegara a exportarlo.
Con lógica similar, y desde el punto de vista del consumidor racional, nadie va a pagar por un producto en el mercado local más de lo que cueste traerlo del exterior.
Se concluye que la devaluación no es un tema que afecte únicamente a quienes vendan o compren en dólares (o a quienes ahorren o deban en dólares, lo cual en la actual coyuntura implica que por este canal, indudablemente se desatará otro gran problema económico, pero eso es tema de otro artículo), sino que perturba a todos los ciudadanos.
Mejor dicho, los movimientos en el precio del dólar afectan a todas y cada una de las familias colombianas, mediante el impacto en el precio de su canasta básica.
Por eso sorprende la pasividad del Banco de la República frente al tema. En efecto, la autoridad monetaria ha optado por la indiferencia (neutralidad en términos técnicos) frente al comportamiento reciente de la tasa de cambio y a los efectos que esto genera en el bienestar social, a través de los precios que el colombiano del común debe pagar mes tras mes.
Y lo que más sorprende es que el Gerente del Banco, en entrevista reciente, dijo -palabras más palabras menos- que no estaba muy preocupado por el panorama marcado en los últimos tiempos por los precios de la economía, pues las personas debían saber que detrás de esto hay un factor estacional de cosechas y que, si ellas son conscientes de esto y mantienen controladas sus expectativas de inflación, entonces el Banco no debe preocuparse (ni actuar con sus instrumentos).
Si bien es cierto que en el primer semestre de cada año la producción agropecuaria en Colombia es menor que en el segundo semestre, y los precios de los alimentos tienden a subir y bajar entre un semestre y otro, también lo es que desde el año pasado dicha estacionalidad se rompió.
Nótese que mientras en 2012 y 2013 se evidencia que la inflación aumenta en el primer semestre para luego caer en el segundo semestre, en 2014 esto ya no se observa.
Y no se observa porque durante estos seis meses del mismo año, el efecto de la devaluación sobre la inflación se activó de manera significativa.
Así las cosas, no es muy factible aferrarse a la esperanza de que las personas tengan hoy en día controladas sus expectativas de inflación y que, por lo tanto, la inflación vaya a caer en el segundo semestre del año.
Por el contrario, lo más probable es que las expectativas de inflación estén disparándose, los productores y consumidores estén validando estas posibilidades y, como es lógico, la inflación siga en un sendero ascendente en lo que resta del año.
Ello, por supuesto, si el Banco se obstina en quedarse cruzado de brazos. Si, en contraste, el Banco sale a vender reservas y a acomodar el consecuente incremento en la tasa de interés, las perspectivas se van a controlar, pues todos entenderán que la autoridad monetaria sigue fiel a su mandato constitucional de preservar el poder adquisitivo del pueblo colombiano. Ojalá así sea.

Rodrigo F. Alvarado,
docente de la Escuela de Economía Universidad Sergio Arboleda


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