Soy accionista pero no siento que esta empresa sea mía

Promover el sentimiento psicológico hacia la propiedad, genera comportamientos positivos en las organizaciones, que impactan en el bienestar de la familia y la empresa.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
marzo 02 de 2015
2015-03-02 01:31 a.m.

Una de las mayores motivaciones de un fundador es dejar un legado sólido a sus hijos y futuras generaciones. Pero, ¿qué pasa cuando estas generaciones jóvenes no sienten identificación ni compromiso con su empresa familiar?, ¿Qué pasa cuando al interior de estas empresas las frases más comunes son “Sí, soy accionista de la firma pero siento que esta empresa no es mía… Yo no cuento aquí?”. Ante estas situaciones, algunos fundadores se preguntarían “¿para que construí todo esto si a mis hijos no les interesa? Lo ideal sería que estas empresas contaran con propietarios activos y que estos comportamientos se transmitieran a los más jóvenes.

A través de estos años de investigación en el área de las empresas familiares, he podido observar organizaciones en las cuales sus miembros están comprometidos con el desarrollo y futuro de la empresa, se involucran en las decisiones y, además, contribuyen a forjar un ambiente de armonía familiar. Por otro lado, se encuentran empresas donde la dinámica familiar es disfuncional, el compromiso de sus miembros es escaso, no hay intención de construir un legado y el ciclo negativo que se desarrolla en la familia se transmite en la empresa.

Diferentes investigaciones realizadas me llevaron a entender que estos comportamientos estaban relacionados con sentimientos que estos accionistas tenían frente a su empresa, es decir, ellos podían sentir o no que la empresa era suya y experimentaban o no un sentimiento psicológico hacia la propiedad a través de la posibilidad de ejercer control sobre la empresa, obtener conocimiento de la misma e invertir su tiempo y esfuerzo en ella.

El sentir que “la empresa me pertenece” se manifiesta con mayor claridad en la primera generación, ya que estos fundadores pueden ejercer control sobre su empresa, conocen muy bien el negocio y han invertido su tiempo, esfuerzo y vida en la firma. Y podría decirse que este estado es uno de los factores clave para la sostenibilidad de organizaciones porque genera comportamientos orientados al compromiso, a la satisfacción con el trabajo y a desarrollar acciones orientadas al equilibrio familia-empresa. Pero el conflicto surge cuando este sentimiento no es aceptado por las nuevas generaciones quienes consideran que la empresa es algo lejano a ellos en donde no tienen ninguna responsabilidad como accionistas. Esto permite reflexionar que no siempre el tener la propiedad legal significa sentir la empresa como propia, generando apatía, falta de compromiso y poca satisfacción en el trabajo.

Con este panorama, ¿qué iniciativas se podrían gestionar al interior de las empresas familiares para que sus futuras generaciones se motivaran a aportar en sus empresas? Estudios comparativos entre diferentes países (Colombia-Finlandia) nos permiten obtener respuestas que podemos aplicar para promover en las generaciones más jóvenes este sentimiento sicológico hacia la propiedad:

1) Ejercer el control sobre la empresa. Esto implica formar a los accionistas en sus responsabilidades y en el área en la que participan, además de empoderar a la persona frente a sí misma y a los empleados de la organización. Cuando un accionista siente que está formado para desempeñar un rol y que la organización así lo considera, podrá ejercer sanamente el control sobre su empresa.

2) Obtener conocimiento de su empresa. No se quiere ni se siente como suyo algo que no se conoce. Las empresas familiares deben abrir espacios de interacción en donde las generaciones más jóvenes puedan conocer de una forma agradable su propia empresa y se sientan motivados a aportar responsablemente a su crecimiento. Cuando se crean estos espacios de una manera pacífica, se consolida un clima de confianza familiar que permite a los accionistas aceptar que no se conoce el negocio pero que su intención es obtener conocimiento sobre éste.

3) Invertir tiempo en la empresa. Investigaciones en psicología resaltan que el ser humano considera que algo es suyo cuando ha invertido su tiempo, energía y creatividad en eso. Si en las empresas familiares logramos que estas generaciones jóvenes inviertan, por iniciativa propia, sus ideas y tiempo, se podría activar en ellos este sentimiento sicológico hacia la propiedad. En este punto, fundadores y padres deben ser muy creativos para propiciar espacios que capturen la atención de estas generaciones y les permitan decidir por sí mismos el dar a la empresa lo mejor que tengan.

Es así como el promover este sentimiento sicológico hacia la propiedad, genera comportamientos positivos en las organizaciones que impactan en el bienestar de la familia y la empresa. Vale la pena recordar la frase de Craig y Aronoff (2011): “Una empresa familiar merece tener propietarios que quieran serlo, no aquellos que estén forzados a serlo”.

María Piedad López Vergara,

Ph.D., profesora del área de Política de Empresa y Empresa Familiar de INALDE Business School

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