‘Nada está acordado hasta que todo esté acordado’

Tanto Irán como EE. UU., tienen un gran interés en un final feliz. Irán sacrificará, temporalmente, la obtención de capacidad nuclear, pero obtendrá el desbloqueo de su economía y la posibilidad de incrementar su influencia en el perfectamente ordenado caos regional que es Oriente Medio.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
abril 22 de 2015
2015-04-22 02:58 a.m.

Con estas palabras tan familiares para los colombianos comenzó el presidente Barack Obama, el pasado dos de abril, una alocución a la prensa en los jardines de la Casa Blanca. Obama anunciaba el marco de acuerdo convenido entre Irán y las potencias mundiales (llamadas 5+1, en referencia a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, más Alemania) sobre el programa nuclear iraní, y adelantaba el difícil camino, aún por recorrer, hasta la firma de un convenio para el que las partes se han autoimpuesto el plazo máximo del próximo 30 de junio.

Concretar los detalles que articulen lo pactado en Suiza, a grandes rasgos -enormes rasgos-, será una tarea difícil para los negociadores durante los próximos meses, especialmente teniendo en cuenta que las partes pueden estar interpretando de forma distinta algunos aspectos de este acuerdo marco. Por ejemplo, mientras en EE. UU. se habla de ‘suspender’ las sanciones a Irán, con la posibilidad recalcada por Obama de reanudarlas en caso de que los persas incumplan con lo pactado, los medios iraníes dicen que el acuerdo supone ‘terminar’ con las sanciones impuestas por EE. UU. y sus aliados europeos desde hace décadas. Cuando haya que definir a qué tercer país irá el material nuclear iraní, o cómo se desarrollarán las inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, surgirán diferencias que pueden convertirse en serios obstáculos para lograr un acuerdo final satisfactorio.

A pesar de ello, lo cierto es que tanto Irán como EE. UU., tienen un gran interés en un final feliz. Si bien lustros de sanciones no han evitado que los iraníes estén apenas a unos meses de obtener una bomba atómica, si han logrado asfixiar la economía persa, al punto de que ahora sea más importante para los guardianes de la revolución reactivarla que disponer de la bomba. Un arma que saben que, al margen de la correspondiente exaltación del orgullo patrio, solo tendría un fin disuasorio, pues su hipotético uso supondría, en el mejor de los casos, la aniquilación del régimen de los ayatolas por la segura y demoledora represalia israelí/norteamericana. Irán sacrificará, temporalmente, la obtención de capacidad nuclear, pero obtendrá el desbloqueo de su economía y la posibilidad de incrementar su influencia en el perfectamente ordenado caos regional que es Oriente Medio.

Son varias las guerras interpuestas (proxi wars en inglés) que Irán combate descarnadamente en este momento en la región: la primera, a través del ejército iraquí, a quién dirige sobre el terreno, en su lucha contra el Estado Islámico; en segundo lugar, en apoyo al exhausto régimen sirio de Bashar el-Asad, que está contra las cuerdas por cuenta de cuatro años de guerra contra los opositores sunnitas e igual que los iraquíes, también contra el Estado Islámico, y por último, y más recientemente, a través de los opositores yemeníes enfrentados ahora a una coalición de diez estados árabes sunnitas, liderada por Arabia Saudita.

Todos son chiitas como los persas, a todos ellos los financia Irán y todos esperan mayor implicación militar y financiera por parte de los ayatolas en sus respectivos conflictos.

Durante algunos meses todavía habrá un presidente demócrata en la Casa Blanca dispuesto a tomar decisiones arriesgadas en materia internacional. Lo acabamos de ver con Cuba. Pero en breve llegará la campaña electoral en forma y Obama estará hipotecado en función de cómo le vaya en las encuestas al candidato demócrata de turno. Ese es el escenario optimista, porque el pesimista es pensar que el próximo presidente sea un republicano mucho más proclive a escuchar lo que el lobby judío tenga que decirle sobre lo imperativo y urgente de actuar (militarmente) contra Irán. De manera que para Irán el momento o es este o puede no ser. Y resulta que para Obama también.

La ‘doctrina Obama’ sobre Irán, según la entrevista que le hizo Thomas Friedman en el New York Times, consiste en relativizar el verdadero peligro para la seguridad nacional norteamericana que supone asumir un acuerdo con Irán. El riesgo, según dicha doctrina, es relativo y además está controlado. Controlado porque EE. UU. podrá monitorizar como nunca antes el cumplimiento del acuerdo final por parte de Irán, y relativo porque en caso de que el acuerdo fracase e Irán haga trampa y obtenga la bomba, son muchas las variables a valorar antes de asumir la catástrofe como inevitable. No olvida Obama, en la entrevista del New York Times, recordarle al lector que el presupuesto de defensa de EE. UU. es de 600 billones de dólares anuales, frente a los 30 billones de Irán, y que las represalias por un incumplimiento serán demoledoras.

Después de legislatura y media en la que la política exterior de Obama ha sido sustancialmente mejorable, en el mejor de los casos, el Presidente encuentra ahora el momento de pasar a la historia. No se sabe si para bien o para mal, pero de escribir en los libros que fue él quién se atrevió, no solo con Castro, sino también con Khamenei, el líder supremo de la revolución islámica, quién finalmente toma las decisiones en Irán.

Si negociar los detalles para la implementación del acuerdo puede ser muy complejo, pero viable, convencer de las bondades del convenio al variopinto universo de espectadores que miran con temor lo que podría ser el mayor cambio en el orden geopolítico regional en Oriente Medio en décadas, será una tarea hercúlea. Con un Congreso republicano, un lobby israelí espoleado por un Netanyahu recién reelegido y los sauditas liderando a la comunidad árabe sunnita del golfo Pérsico para replanteárse las relaciones con EE. UU., Obama y Khamenei no tienen tiempo que perder.

Alejandro Jordán Lorente

Profesor de Geopolítica del Cesa

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