La agenda ineludible

Hay que reconocer que estamos solos. Que el manejo de las relaciones internacionales y, muy en parti

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
abril 12 de 2010
2010-04-12 12:08 a.m.

Aunque esta campaña tan particular ha dado lugar a una situación en la que poco se discuten programas y propuestas y, en cambio, mucho de mecánica electoral y de estrategias mediáticas, lo cierto es que el próximo 7 de agosto uno de los aspirantes tendrá que empezar a gobernar. Muchas de sus acciones podrán estar en línea con sus propuestas de campaña, otras provendrán de las diferentes presiones surgidas de los diversos grupos de interés, y algunas resultarán de posiciones que el candidato habrá venido construyendo a lo largo de su vida.

La agenda de Gobierno, sin embargo, estará plagada de temas que resultan de la inercia del Estado y de asuntos que los mandatarios no pueden desconocer, que resultan ineludibles y pueden trastocar, completamente, una agenda de Gobierno sin importar qué tan sólida pudiera estar concebida. Un ejemplo reciente es el de Obama con la crisis financiera, que tuvo que enfrentar desde el primer día de su mandato y que le cambió completamente las prioridades.

En algunos casos, esos temas ineludibles son predecibles y por ello, los candidatos deberían estar pensando seriamente en ellos desde ya, pues sean o no temas de campaña, estarán en el orden del día desde el primer momento.

Uno de esos asuntos que resulta de alta prioridad, es el de las relaciones con Venezuela. Lo que comenzó como la llegada de un inquilino pintoresco a Miraflores y que se pensó era manejable con buenos modales y tolerancia se está convirtiendo en un tema de muy alta sensibilidad, no sólo para el Gobierno de turno, sino para el Estado colombiano. Un embargo comercial que desconoce todos los límites y las normas, además de olvidar los vínculos que los dos países han construido durante muchos años sería, de por sí, algo suficientemente preocupante.

Desafortunadamente, esto es sólo la punta del iceberg cuando se conoce, por múltiples caminos, que el Gobierno venezolano sigue simpatizando y protegiendo a la guerrilla colombiana, y que continúa empeñando en una carrera armamentista sin precedentes, sin razón lógica diferente de amenazar a su vecino. Esto crea desbalances que incrementan exponencialmente los riesgos de esta relación con todas las funestas consecuencias que esto puede llegar a tener,

De otra parte, esta situación ha puesto de presente nuestra debilidad en materia internacional cuando frente a los atropellos de Chávez, Brasil, que debe ser el líder del continente, en lugar de rechazar lo ocurrido prefiere aprovechar de manera oportunista la situación en desmedro de Colombia. Chile guarda un hipócrita silencio y, es evidente, que de Argentina, Ecuador, Bolivia o Nicaragua nada se debe esperar. Nuestro 'gran aliado', Estados Unidos, confirma, una vez más, que está lejos de ser aquel en el que se puede confiar.

Hay que reconocer pues que estamos solos. Que el manejo de esta situación va a depender fundamentalmente de nosotros y que las relaciones internacionales y, muy en particular, con Venezuela será uno de esos temas ineludibles que el nuevo Gobierno tendrá que afrontar, y sobre el que es necesario tener fórmulas y alternativas que nos permitan reducir el riesgo que está generando

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