La Alianza del Pacífico, fases de un proceso incipiente

Temas como conectividad física, institucional y personal resultan fundamentales, y en Cartagena se propuso una ‘autopista marítima de la seda’ para facilitar el comercio entre Asia y América Latina por el Pacífico. No obstante, en su inserción internacional, el interés de los cuatro países varía.

Redacción Portafolio
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marzo 20 de 2015
2015-03-20 02:40 a.m.

El pasado 7 y 8 de marzo, tuvo lugar el Diálogo de Cartagena - La Cumbre Transpacífico, evento organizado por el Gobierno colombiano y el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.

Desde su creación en el 2011, la Alianza del Pacífico atraviesa dos fases principales: la primera de conocimiento e interdependencia entre Colombia, Chile, México y Perú, que son sus miembros, y la segunda se orienta hacia la cooperación Transpacífico.

Sus capacidades son visibles. No es solo en materia de extensión, población, recursos naturales, ciencia y tecnología, también la Alianza del Pacífico posee un PIB conjunto de 3 billones de dólares, equivalente al 41 por ciento del PIB de América Latina y el Caribe, lo cual la posiciona como la sexta economía a nivel mundial. Además, los otros países del área, y fuera de ella, la perciben con alta legitimidad y liderazgo, y muchos latinoamericanos, y de fuera de la región, también quisieran ser sus miembros. Cuenta con 32 naciones observadoras, algunas de ellas asiáticas, como Indonesia, que recientemente solicitó su adhesión como observador.

Los une su ideología y un modelo de desarrollo económico y político similar, basado en el regionalismo abierto liberal, que hace parte de ese nuevo multilateralismo que adelanta Latinoamérica, y que incluye a los actores no gubernamentales, pero de la mano de una diplomacia presidencialista, arraigada en los cuatro Estados. Los logros en materia de una institucionalidad flexible, basada en la rotación de las secretarías pro-témpore, muestran resultados que indican las ventajas de un liderazgo compartido.

La cooperación es el tema transversal que conecta y articula las dos etapas. En la primera, de conocimiento e interdependencia, se avanza en la movilidad regional de diferentes actores por medio de la supresión de visas, y de becas para el intercambio estudiantil y académico en general, contabilizando, hasta hoy, 652 becas.

A su vez, se comparten oficinas comerciales y embajadas entre los países miembros de la Alianza, contribuyendo a facilitar consensos y disminuir costos. Funcionan sedes diplomáticas compartidas en Ghana, Vietnam, Marruecos, Argelia, Azerbaiyán, Singapur y la Ocde.

Pero no solo ello, sino que el requisito de tener tratados de libre comercio entre sus integrantes, para poder pertenecer a la Alianza, ha permitido mayor intercambio comercial y regional entre sus miembros. No obstante, al sector agrícola colombiano, a la SAC y Fedearroz, en particular, les preocupa el protocolo comercial suscrito en febrero del 2014, a través del cual se disminuye a cero el 92 por ciento de los aranceles industriales, mientras que el 8 por ciento restante se desmontará gradualmente en un plazo de máximo 17 años. Consideran que el actual déficit en la balanza comercial, desfavorable para Colombia con México, en más de 5.400 millones de dólares, podría empeorar.

Se han creado grupos técnicos como el de cooperación, enfatizando en temas como medioambiente y cambio climático, innovación, ciencia y tecnología y desarrollo social. Desde el 2015, México, al ejercer la presidencia protémpore, asume la coordinación de este grupo de trabajo.

La segunda etapa de relacionamiento hacia el Pacífico (Cooperación Trans-Pacífico), presenta diferentes velocidades. México, Chile y Perú se insertaron de manera más temprana –desde mediados de los 90 pertenecen a la Apec–, tienen grupos académicos de trayectoria sobre la región asiática y han desarrollado una infraestructura orientada hacia la vertiente del Pacífico. A mediados de los 60, el Colegio de México empezó a editar la revista Estudios de Asia y estudiantes chinos van a continuar su formación en este centro académico. La migración contribuye en este sentido.

Temas como conectividad física, institucional y personal resultan fundamentales, y en Cartagena se propuso una ‘autopista marítima de la seda’ para facilitar el comercio entre Asia y Latinoamérica por el Pacífico.

No obstante, en su inserción internacional, el interés de los cuatro países varía. A México le interesa realizar un soft balancing frente a Estados Unidos. Chile y Perú son naciones con una vertiente muy amplia hacia el Pacífico, la cual les ha llevado a desarrollar, al igual que México, una política marítima y regional. Potencias regionales asiáticas como China, India, Japón, han mostrado gran interés en estos países, así como en Brasil, Venezuela y Colombia, por las commodities que pueden brindar.

De todas maneras, deberá buscarse que la inserción en Asia vaya más allá de lo económico y se realice por medio de esta Alianza. Y en este sentido, son muchos los desafíos para estas fases que hacen parte de un proceso aún incipiente.

Martha Ardila

Miembro de Redintercol

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